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Sôseiji, Dir. Shinya Tsukamoto, 1999

Posted on agosto 03, 2009 - 0 comentarios -

Shinya Tsukamoto es más conocido por ser el director de Tetsuo y Tetsuo II: The Iron Man, dos epopeyas cyberpunk que lo catapultaron a la cumbre de los directores de culto. Sin embargo, su carrera posterior ha transcurrido por senderos más variados, no sólo en estéticas metalizadas, sino por parajes de género, algo retorcidos y tenebrosos.

Gemini, el nombre occidental de la película y por el cual es más fácil de encontrar, está basada en un relato corto de un escritor de terror japonés, llamado Edogawa Rampo, nombre que hace homenaje a Edgar Allan Poe. La historia trata sobre un médico que hereda la práctica familiar, junto a su esposa amnésica, en medio de una peste que asola el pueblo a principios, diría uno, del siglo XX. Los secretos no tardan en empezar a develarse, la muerte hará aparición y un hermano gemelo desconocido hará aparición perturbando la calma.

Sería injusto contar más, porque la película tiene un par de secretos ocultos que haría mal en revelar. Eso sí, no esperen aquí una película frenética, o llena de suspenso. Esto es más un peculiar drama inquietante, repleto de secretos y vaguedades. Además, el estilo empleado por el director es adecuadamente parsimonioso, con momentos de espectacularidad carnavalesca, que podría incomodar a alguno porque roza con cierto ridículo que hay que saber entender. Teatral, ambiciosa y hasta bonita, Gemini es una película que no gustará a cualquiera porque sencillamente se niega a complacer a todo el mundo. En lugar de ofrecer explicaciones simplistas, fantasmas o asesinos, opta por un terror psicológico, por explorar los "pecados de los padres", las dualidades y las hipocresías de los seres humanos supuestamente buenos. Si uno de los hermanos encarna las virtudes, pero oculta defectos despreciables, el otro es el polo opuesto: despreciable pero sincero. ¿Quién de los dos es mejor entonces? ¿Son dos caras de una misma moneda? ¿Son una misma moneda en realidad?

Gemini es un interesante añadido a un canon cinematográfico que depara sorpresas y que siempre ofrece cosas que difícilmente se habrán visto antes. No hablo sólo del director, sino de toda la cinematografía japonesa. No, no es j-horror, pero sí es una buena alternativa a él dentro de un género acostumbrado a dilapidar la originalidad rápidamente.

Recomendable para ver algo distinto y que puede agradar según los gustos de cada uno. A mí no me despelucó, pero al menos fue algo diferente a lo que se ve cada día.

Dos coreanas

Posted on julio 05, 2008 - 0 comentarios -

Para pocos es un secreto el buen momento por el que pasa el cine coreano actualmente. Es de lamentar, sin embargo, que los directores que conocemos sean apenas Kim Ki Duk y Park Chan Wook, no porque sean malos, sino porque estamos privados del buen hacer de otros cuantos que se han quedado por fuera de la exhibición comercial de nuestro país. Hoy tenemos dos películas coreanas que no son de ninguno de estos directores conocidos, pero que son muestra de la buena salud del cine de ese país oriental.

A Bittersweet Life, (Dalkomhan Insaeng), Dir. Kim Ji Woon, 2005

A Bittersweet Life fue aclamada por algunos como la nueva Oldboy, lo cual no deja de ser molesto, en vista de las diferencias, y deja al descubierto la manía de buscar "el nuevo" lo que sea. Oldboy era un melodrama violento, mientras A Bittersweet Life es una película de acción con profundidad. Es cierto que hay una cierta violencia gráfica, pero ni esta llega a los extremos de Oldboy, ni pretende ser lo mismo que ella.

A Bittersweet Life es la historia de un gángster que, por un mínimo desliz, ve cómo cae sobre él una venganza desmedida e injusta. Decir más sería inútil, puesto que ni es todo lo que pasa, ni tampoco lo más importante que pasa. Con calma oriental, la película teje una red de relaciones, unas más peligrosas que otras, para al final detonarlas en un clímax de violencia. Pero en lugar de convertirse en un show pirotécnico, que lo hace, la película guarda como baza más importante precisamente a los personajes. Cada uno de ellos en su profundo laconismo, esconde un mundo apenas intuido, pero que late bajo la superficie. Y en más de uno es un mundo harto violento. Es aquí donde encontré la principal debilidad de la película, y es precisamente en que a veces se dice demasiado poco. Por ejemplo, del protagonista apenas sabemos motivaciones, intenciones. No es uno de esos casos en los que se guarda mucho pero se dejan deslizar pistas, sino que aquí se es realmente hermético, dejándonos un poco por fuera de su vida y de una posible empatía que nos conecte a él. No importa en todo caso, porque no es una debilidad que consiga derrumbar el film. Quizás no alcance las cotas de paroxismo de Oldboy, pero es una de las más interesantes películas orientales recientes.

No podía terminar sin decir que algo que hace destacar aún más la película es su aguzadísimo estilo visual. Park Chan Wook tiene un ojo muy despierto, pero Kim Ji Woon no se queda atrás. Visualmente la película nos sumerge en otro mundo. Sí, es el mundo real, las calles de la serie negra, pero no está hecho a la manera más cruda y realista, sino con un despliegue de creatividad visual que no puede uno menos que sorprenderse ante la sola belleza de sus imágenes. Y si además se dice más con imágenes que con palabras, pues ya tenemos listo el festín visual.

Una película de acción que demuestra que también se puede hacer cine comercial inteligente.

Epitaph, (Gidam), Dir. Jeong Sik, Jeong Beom Sik, 2007

Terror oriental se ha asimilado a j-horror, al menos para el público común y corriente. Si bien es cierto que hay ciertas temáticas, ciertas sensibilidades y ciertos acercamientos estilísticos compartidos, no se puede decir que todo el cine de terror oriental sea pariente directo del japonés. Epitaph es un ejemplo.

Echar otra vez el discurso sobre lo que es en realidad el j-horror sería cansón, pero dejémoslo en que ese subgénero es, a pesar del resplandor que ha cegado a muchos incautos, un producto comercial cuyo público objetivo son niñas adolescentes. El verdadero cine de terror no conoce de idiosincrasias encasilladoras. Audition, de Takashi Miike, no es j-horror, como tampoco lo es Epitaph, un cuento bastante más adulto que las sagas de fantasmas despeinados de Japón.

Epitaph son tres historias vagamente interconectadas por el eje de un hospital en los años cuarenta. No contaré sinopsis porque parte del encanto consiste en dejarse sorprender por los giros sin saber hacia dónde van las cosas, pero sí comentaré un poco cada una. La primera, una clásica historia de fantasmas, está rodada con calma y elegancia, pero tampoco es para enloquecerse. Hay buena atmósfera, sentimientos bonitos, pero nada fuera de lo normal. La segunda, en cambio, la más fuerte de las tres, es un derroche de estilo y sustos. Con más giros que la sencillita primera historia, también echa mano de los fantasmas, aunque lo hace de manera inesperada. No son tanto fantasmas en el mundo real, sino fantasmas del pasado, de esos que se guardan en la cabeza y se desempolvan cuando es menos conveniente. La belleza de sus imágenes macabras es realmente especial: esos cuerpos bañados en sangre, esas secuencias en las que no pasa nada y te da más miedo... Un segmento triunfador en verdad. La tercera historia, aunque no alcanza los niveles de la segunda y echa mano de recursos más manidos, pero igualmente efectivos, resulta también muy superior a lo que el cine de terror nos ha acostumbrado a mostrar últimamente. Más una historia de crímenes que sobrenatural, usa retruécanos estilo A Tale of Two Sisters, pero sin abusar. Y hay que mencionar el bello epílogo que cierra con broche de oro la película.

¿Qué es lo que hace especial a Epitaph? Aparte de dar unos buenos sustos, de que no escatima en sangre, a pesar de no ser grotesca, lo que la hace brillar es que sabe apelar no sólo al terror, sino al corazón. Son bellas historias llenas de melancolía, elegantes y plenas de sentimientos. No es una película con un mensaje expuesto en una pancarta, pero al acabar de verla, seguro que más de un pensamiento se queda en la cabeza. Una sensación, un recuerdo... Algo que hace que la película sea más que una montaña rusa o un despliegue de rojo carmesí, un acercamiento a una reflexión sobre la muerte, el pasado y la memoria. Mucho más de lo que aspira hacer la película adolescente convencional.

Un repaso a la videotienda... y a la cartelera

Posted on abril 10, 2006 - 0 comentarios -

Intacto, 2001, Dir. Juan Carlos Fresnadillo

La industria cinematográfica española ha llegado a un punto en el que es capaz de ofrecer productos comerciales con identidad propia, a la vez que universales, y de una factura técnica capaz de competir con cualquier producción americana. Obviamente hablamos de producciones "normales", no de mastodontes hipervitaminados, de esos que acaparan la cartelera, aunque Europa también ha producido su cuota de megaproducciones. Juan Carlos Fresnadillo hace parte de esa generación de directores que tiene un dominio tal de los lenguajes audiovisuales, que sus creaciones pueden llegar a los mercados internacionales con facilidad y tener una buena acogida en el público. Intacto es su opera prima, y una muy buena muestra del talento que hay en España, así como del domino técnico de sus profesionales.

Intacto cuenta la historia de un hombre que sobrevive a un accidente aéreo, gracias a lo cual se entera de que es alguien que puede absorber la suerte de los que lo rodean, convirtiéndolos en gafes mientras él se beneficia de ello. Lo que viene a continuacón es una serie de apuestas dentro de un mundo de personajes que juegan con la suerte y el destino de otras personas, un mundo inquietante donde el que más suerte de todo el mundo tiene reta a duelo a los aspirantes que suelen acabar muertos. La trama es tan sencilla que podría haber dado para un cortometraje siendo bien concisos, pero Fresnadillo la estira como chicle, dando como resultado un film de un ritmo lánguido, que misteriosamente, atrapa al espectador con un poco de paciencia. Nunca hay sobresaltos, nunca hay giros abruptos, pero la historia es tan rara que uno no puede más que dejarse llevar por lo que ocurre en pantalla sin atreverse a adivinar lo que viene a continuación. Las apuestas a las que se someten los personajes son tan extrañas que el mero hecho de ver cómo se desarrollan ya es suficiente entretenimiento. Si además añadimos un clima tan de otro mundo que parece... bueno, un mundo paralelo a este, podemos concluir que Intacto es una película para espectadores pacientes en busca de algo diferente con qué entretenerse. Es un artefacto que apela al cerebro más que a las tripas, más intelectual que emocionante, pero es tan inteligente que uno no puede menos que admirar su osadía por apartarse de cualquier cliché del thriller norteamericano. Además se la juega con una historia lineal, sin juegos estructurales en su guión ni vueltas de tuerca marcianas para tratar de ganarse al público. No es que ello sea malo, pero ya vale del jueguito de cambiarlo todo al final.

Para ver un thriller tremendamente lacónico, inteligente y entretenido.

Haute Tension, 2003, Dir. Alexandre Aja

Laureada como la película que despertó el aletargado género del terror, la ópera prima de Alexandre Aja se revela como un homenaje al crudo cine de explotación de los setenta, en la que no hay ni la más mínima novedad, aunque tampoco es que la busque, pues lo que quiere es revivir la crudeza y hacer saltar al espectador con sangre y sadismo. No es la maravilla que muchos han querido ver, pero tampoco es precisamente mala.

La historia es tan sencilla como que una pareja de amigas llega a la casa de campo de la familia y no tarda en ser acosada por un psicópata. Eso es todo. Todo el tiempo se pasa en una persecución larguísima casi en tiempo real, que a pesar de estar muy bien manejada, puede aburrir. He ahí el principal problema: su mayor virtud es su mayor defecto. El minimalismo conceptual es bastante admirable pues está muy bien manejado y renuncia a hacer giros en la trama (sí claro... más sobre esto luego) para centrarse en la cacería del psicópata a sus víctimas. Los ecos de Deliverance, La Última Casa a la Izquierda, La Matanza de Texas y muchas otras están a la orden, pero se le aplica un interesante barniz moderno, con una estética cuidadísima en contraposición a la suciedad del cine de los setenta ya nombrado, pero que tampoco llega a los extremos del remake de La Matanza de Texas producido por Michael Bay. Sin embargo, cuando la película decide dar su único giro en la trama, todo se desarma y desafía cualquier ley lógica o física, que al hacernos rebobinar el casette para armar lo ocurrido nos deja unos huecos tan imposibles de llenar que no hay otra posibilidad más que renunciar al sentido común. También es una lástima que se apele a esto cuando todo el metraje había sido bien anclado en la crudeza de la realidad, pero al querer explicar al asesino, nos deja con un sinsabor. Mejor es no saber por qué un psicopata mata. Da más miedo (sí que lo he dicho últimamente, ¿no?)

Sea como sea, Haute Tension es una película que todo aficionado al género debería ver, aunque sea para estar al tanto de lo que ocurre y tener un criterio propio. Su director acaba de estrenar el remake de... Las Colinas Tienen Ojos, de Wes Craven, donde hay más de lo mismo, según dicen. Habrá que ver como evoluciona tanto el género como él.

Un detalle aparte: los efectos especiales son de Giannetto de Rossi, el que le hacía los fx a Fulci, y que demuestra que a pesar de ser casi un viejito, es capaz de restregarnos en la cara un buen destripamiento. Ojo al incidente con la motosierra o a un mueble atropellando personas.

Para esperar lo que se avecina en el revival setentero del terror.

Three... extremes, 2004, Dir. Fruit Chan, Park Chan Wook, Takashi Miike

El j-horror está muerto. Ya dio lo que tenía que dar y lo que surge ahora no es sino más de lo mismo. Sin embargo, algunos directores se empeñan en aplicar su propia filosofía al terror oriental, y con ello, surge Three extremes, secuela de Three, una peli de relatos que parece que fue bastante aburrida, y que ahora se luce con tres cuentos de primera calidad. Eso sí, no asustan, pues más que terror son dramas inquietantes.

El primer relato está dirigido por Fruit Chan Kuo, director de origen Hong Kong-és, que no es precisamente un habitual del género. Sin embargo con su relato Dumplings, crea una obra repulsiva sin mostrar apenas detalles de lo que da asco. De nuevo: lo que no se muestra puede ser lo más horroroso. Una mujer que busca rejuvenecer encuentra a una señora que cocina unos platos muy especiales. No les digo lo que son, pero cuando lo descubran seguro no se quedarán tranquilos. La manera en que el director orquesta la narración es espléndida, y con la ayuda del director de fotografía Patrick Doyle, sirve una sucesión de imágenes (y sonidos) bellísima, tranquila y poco efectista, pero que no hace sino aumentar la sensación inquietante: bien enraizada en la realidad, la historia hace pensar que podría pasar fácilmente. El segmento es en realidad una versión recortada de un largometraje llamado igual, Dumplings, en el que se amplía lo que ocurre aquí. Pero no crean que la historia se hace incompleta, pues está tan bien armada que uno no logra entender cómo hay 45 minutos más que no hemos visto.

El segundo relato, Cut, es dirigido por Park Chan Wook, el mismo de Oldboy y Sympathy por Mr. Vengeance. Aquí vuelve a retomar el tema de la venganza y a ponernos en la difícil situación de "¿Qué haría usted si estuviera en el pellejo del protagonista?". Un director de cine queda atrapado en el set de su última película a merced de un extra que amenaza con matar a su esposa si no hace lo que le pide. Las exigencias, claro está, serán bastante demandantes. Como es de esperar, la parte visual del relato es sobresaliente, sin embargo la historia cojea un poco pues no posee la contundencia de su antecesaora, a pesar de tener un tema que podría golpear al espectador duramente. La razón de ello hay que buscarla en un guión que no está armado para confrontarnos tan visceralmente como podría. En lugar de eso hay momentos en que vaga de un lado a otro, y si bien los personajes tienen espacio para dibujarse bien, se paga el precio de lastrar el ritmo que se llevaba desde el principio. Y bueno, tiene un final de esos que lo dejan a uno rascándose la cabeza y que generan en internet interminables foros con teorías creadas por desocupados.

El tercer segmento es dirigido por Takashi Miike y se llama The Box. Describir la historia es bastante complejo y además les dañaría el suspenso. Baste decir que es una historia fragmentadísima con mínimos diálogos, con saltos en el tiempo causados por la edición altamente anómala y que requiere de una atención minuciosa de parte del espectador. La atmósfera es bastante parecida a algunas secuencias de Audition, y el final vuelve a ser, no impactante, pero sí inquietante. Al decir tan poco de este segmento podría pensarse que no es bueno, sin embargo es el segundo mejor, gracias a que obliga a quien lo ve a tratar de entender lo que ocurre, así como a una hermosa capacidad de conjurar imagenes oníricas.

En definitiva, un trabajo experimental, minucioso y perfeccionista, que no da miedo, pero que acaba siendo una verdadera experiencia estética macabra. Abstenerse quien busca otra versión de El aro.

Para deleitarse con imagenes inquietantes.

Destino Final 3, 2006, Dir. James Wong

Si leyeron mi reseña de la segunda parte, pues ya saben de qué es la tercera: adolescentes muriendo de maneras inesperadas y horripilantes. Aunque similar a sus predecesoras, Destino Final 3 carece de la repulsión (y disfrute, hay que decirlo) de las muertes de la segunda. ¿Como olvidar el niño convertido en papilla rojiza por la vidriera que le cae encinma? ¿O el tipejo que acaba partido en pedacitos (como en Tom y Jerry) después de que un alambre de púas que vuela a alta velocidad lo atraviese? Lo mejor de las dos primeras partes era esa paranoia que se creaba poque no sabías qué era lo que iba a desencadenar el siguiente asesinato. Aquí está presente, pero la elaboración de las muertes es más simple: no hay tanta maquinaria que lleve al final (la muerte de la profesora en la primera parte es quizá la más elaborada de la saga) y no son tan sangrientas, aunque eso no quiere decir que no sean sangrientas en absoluto.

No está a la altura de la magnífica segunda parte, pero sigue siendo un buen entretenimiento. No hay que ir a pensar sino a dejarse llevar por una historia elemental y una sucesión de muertes. Ah, oír las expresiones de los que lo rodean a uno en el cine también es parte del disfrute de esta película.

Para ver adolescentes muriendo de forma terrible y graciosa.... otra vez.

PS. Estoy viendo exceso de terror y gore. Me va tocar tomarme un descanso de tanta muerte y ver algo más tranquilito. Esta semana comento La Travesía del Emperador... después de comentar Bahía de Sangre.

Dos pelis más bien malillas

Posted on enero 10, 2006 - 0 comentarios -

The eye, 2002, Dir. Danny & Oxide Pang
Blindman, 1971, Dir. Ferdinando Baldi

No todas las modas resultan ser buenas, ni todos los exponentes de una determinada moda pueden ser de lo mejor. Para poner dos ejemplos, un spaghetti western mediocre y un j-horror de Hong Kong que no sale del cliché.

Sergio Leone inauguró el spaghetti western con Por un puñado de dólares, sentando las bases de lo que revolucionaría un cine por allá en los años sesenta. Con un mundo del oeste más sucio que su contrapartida Hollywoodense, Leone usó recursos estilísticos propios además de temáticos para cambiar la iconografía preexistente. Ya no más buenos y malos, sino que ahora eran malos y menos malos, personajes llenos de cinismo y con intereses ocultos. Y cuando eran medio buenos, no dudaban en sacar lo peor de sí mismos para cumplir sus objetivos. El spaghetti western remodeló arquetipos y permitió que en Estados Unidos se renovara el subgénero y surgiera gente como Sam Peckinpah, quien asegura que su Wild Bunch no hubiera podido ser filmada de no ser por los westerns italianos, y no es difícil ver por qué.

Algo curioso ocurrió en aquella época. Por un puñado de dólares era una especie de remake de Yojimbo de Akira Kurosawa. Influencias entre talia y Japón se compartieron, y sagas como Lone wolf and cub, sobre un ronin que se vendía como asesino al mejor postor, guarda relación estrecha con el estilo italiano. Otra de las sagas famosas de los 60, Zatoichi, de la que se hicieron la nimiedad de 26 episodios para el cine (así como una lara sere de telvisión) fue remakeada por un italiano en Blindman, en la que un pistolero ciego se despacha a cuanto bandido se interpone entre él y una carreta de mujeres que es llevada a un burdel.

Si Zatoichi era insólita (un espadachín ciego es improbable, pero de alguna manera funciona la idea a la perfección), en Blindman es simplemente imposible. ¿Cómo es posible que nadie sea capaz de meterle un tiro a un ciego? No es tan difícil, pero de algun manera este tipo sale ileso. La historia es bastante simplona y aunque sale por allí Ringo Starr, el ex Beatle, las cosas nunca se animan lo suficiente, ni siquiera para pasar como entretenimiento. Un spaghetti western muy menor, que sólo vale la pena como curiosidad... y si acaso hasta la mitad.

Por otro lado el j-horror u horror japonés, se ha tomado el mundo en el último lustro. Con sus fantasmas despeinados y minimalismo conceptual y estilístico ha despertado el interés de propios y extraños en el mundo, llevando a Hollywood y su falta de originalidad (es un cliché decirlo pero lamentablemente es verdad: sólo hay remakes y secuelas) a repetir las mismas pelis de allá, pero con actores de por acá. Ringu, Ju-On... y ahora The eye, una cinta que no es japonesa sino de Hong Kong, país que nunca se ha destacado por hacer buen terror, sino vulgares comedias con elementos terroríficos (como Mr. Vampire, humor grueso y tonto pero muy divertido). Con The eye, los hermanos Pang, directores de la cinta, tratan de subirse al carro del terror asiático, pero les sale una sucesión de clichés que ni siquiera dan miedo y que al final, en lugar de dejar cabos sueltos (el principal ingrediente de éxito del j-horror) pretende explicarlo todo, con lo que lo inquietante se disuelve en la lógica de la vidad diaria, sólo que con fantasmas. De nuevo el argumento de la mujer ciega a la que le es tranplantada un par de córneas y que acaba viendo fantasmas, sólo que con algún destello de pseudo originalidad, más por mezclar elementos dispares que por serlo realmente. Algunas secuencias con espectros que dan un poquitín de miedo, aunque no mucho, un final que parece sacado de The mothman prophecies, peli ya de por sí flojilla, pero que al menos era original, y tenemos algo que pegó en el público tal vez por rebote, pero no porque tenga méritos para sobresalir tanto. Para ver buen j-horror quédense con la saga de Ju-On, o para degustar ejemplos de horror no nipones prueben A tale of two sisters, una verdadera joya.

En definitiva, nada nuevo, nada realmente entretenido, y que si bien no son bodrios, tampoco vale la pena la caminada a la videotienda.

Para completistas sin nada que ver una tarde desocupada.

PS. Qué pereza hablar mal de una peli, como si uno tuviera méritos para ello.

El Aro 2

Posted on septiembre 11, 2005 - 0 comentarios -

The ring 2 (2005) Dir. Hideo Nakata

Después de que la maldición se esparciera en la primera parte, en esta vuelve Samara, tratando de regresar a este mundo a través del niño protagonista.

Así como se buscó al director de JuOn para hacer su remake, para esta se busca a Nakata quien dirige una secuela que poco tiene que ver con la secuela del original japonés. En la inicial, Gore Verbinsky potenciaba junto con el guionista Ehren Kruger, la nimia historia original, y la convertían en una historia preciosa a nivel visual, y con recovecos que sorprendían incluso a quien había visto la japonesa.

Nakata toma las riendas de la secuela junto a Kruger de nuevo y la historia se mueve por terrenos diferentes. Tanto, que podría ser una película sin relación a la saga del Aro. Pero no es eso necesariamente malo, pues por lo general las secuelas se convierten en un "más-de-lo-mismo", incluso cuando son afortunadas. En esta ocasión se deja de lado todo el rollo de las cintas de video y vamos a un poco clásico ejercicio de posesión, con toques de estilo bastante bonitos (la secuencia de la bañera o la del ataque de los venados) pero que no logra trascender en parte porque durante casi todo el metraje no pasa nada. A diferencia de A tale of two sisters, donde la paciencia SÍ tenía su recompensa. Y además jugamos a la misma historia de Dark Waters en últimas.

Una película agradable en definitiva, pero muy alejada de la original americana.

Para una tarde de domingo sin pretensiones.

A tale of two sisters

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Janghwa, Hongryeon Dir. Ji-woon Kim, 2003

Para los que ya están cansados de fantasmas despeinados y maldiciones contagiosas (que nos han dado muy buenos sustos, como Ju-On, todo hay que decirlo) recomiendo la última perla de horror asiático. Pero no se equivoquen, esta no es japonesa sino coreana, y en lugar de reciclar temas y esquemas, A tale of two sisters es una pieza completamente original. Si salieron ráscandose la cabeza al ver Sexto sentido, esta película les hará arrancarse los pelos, porque entenderla no es nada fácil. Es todo un rompecabezas cinematográfico. Lo que comienza como un drama familiar con ribetes misteriosos, en la que un par de hermanas regresa a su casa después de un período en un hospital psiquiátrico, se torna poco a poco en un misterio pesadillesco, con una atmósfera malsana y un final que hasta el último minuto lo tiene a uno al borde del asiento, tratando de resolver el acertijo. Poquísimos diálogos (una proeza haber logrado contarlo todo a punta de imágenes), ambientación perfecta, y un guión increíblemente bien estructurado, hacen de esta una obra aún más importante que cualquier otra cinta de terror oriental. Si van a buscar sustos fáciles aléjense, aquí hay que pensar y tener paciencia. Y si por casualidad da con la solución completa al acertijo, nos la hace llegar, que aún hay agujeros que no sabemos como llenar.

Para hacer trabajar el coco entreteniéndose a la vez.

¡Fantasmas despeinados!

Posted on julio 02, 2005 - 0 comentarios -

Ju-On, 2003, Dir. Takashi Shimizu
The grudge, 2004, Dir. Takashi Shimizu

Un esposo celoso asesina a su esposa e hijo y luego se suicida. Y como en Japón una persona que muere en un ataque de ira deja una maldición, pues ¡hala, a espantar se dijo!

Terror japonés, la nueva moda. Y como toda moda, detrás de ella algo hay, y lo mejor es que lo que nos llega no suele ser la caspa sino cosas valiosas. Si Ringu (The ring) y sus infinitas encarnaciones fue el emisario de las buenas nuevas (valga la pena recalcar que las versiones japonesas no me gustaron y la versión americana es mejor, aunque a algunos les parezca que no), algunas otras muestras que han pasado por nuestras pantallas han sido muy superiores. Después de estar algo decepcionado con el boom pude ver en Cinemax Ju-On. Historia breve: una saga compuesta por cuatro partes, dos de ellas en video, dos en cine, un remake americano y una secuela en la incubadora. Y hace unos días pude ver el remake americano en cine, realizado por el mismo director de las versiones japonesas, Takashi Shimizu, quien ya debería dejar de hacer la misma película una y otra vez (él solito las ha dirigido toditas todas)

Al grano: Ju-On y The grudge no son diferentes en casi nada. Son casi dos hermanos gemelos, apenas diferenciables entre sí. Ju-On toma los elementos particulares del cine de fantasmas japonés y los perfecciona, los lleva a la mínima potencia. Sí, dije mínima. Deja de lado cualquier historia o viso dramático innecesario y va a lo que importa: asustar. Ahora, eso suena como malo, ¿no? Digo, ¿una peli sin historia? Pues no. Ju-On es casi un manual para asustar en el cine. Compuesta por varios segmentos vagamente conexos, que retoman la idea de maldición viral de El aro, Ju-On asusta mil y una veces a lo largo de sus 90 minutos. Y no me refiero al susto fácil con gato que entra en cuadro (aunque ese también está presente), sino a crear una atmósfera de tensión tan alargada que exaspera (para bien, insisto) hasta puntuar cada sketch con el susto esperado. ¡Y vaya si sabe asustar! Poco movimiento de cámara, poca sangre, mucha ambigüedad (sombras, desenfoques, detalles apenas perceptibles pero perturbadores) y un estilo maravilloso que supera a cualquier otro ejemplo de j-horror que haya visto. Y no me molestó ver de nuevo a ese fantasma despeinado y con el ojo inyectado en sangre igual a Sadako de Ringu.

The grudge... Salvo por unos personajes y algún giro, la historia es exactamente la misma, lo cual no me hizo mucha gracia al darme cuenta que me estaba repitiendo la peli pero con otros actores. Eso sí, no cede a lo fácil. Sí, hay cosas que se cambian para hacerla más digerible al público, pero no es mucho. La cámara se mueve más (lástima), hay más historia (otra vez lástima) y sí hay un final más definido (este sí que da lástima al compararlo con el original). A pesar de los defectos, la película es excelente y conserva los mismos sustos de la original. Fue capaz de callar a una sala llena de público atolondrado que pateaba sin cesar los tarros de crispetas. Ah, la sangre, aunque no abunda, sí está más presente en la versión americana, con un detalle muy, muy macabro y horripilante. Creo que ese efecto no lo había visto antes. Si lo ven lo reconocerán.

En conclusión, aunque a mí me gusta más la japonesa, la americana no es en absoluto despreciable. Sólo algunos puntos por debajo de la original. Y tal vez todo dependa de cuál de las dos se vea primero, como suele ocurrir.

Para llevar a una nena y que se pase la peli agarrada a tu brazo.