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Johnny Suede, Dir. Tom DiCillo, 1991

Posted on agosto 18, 2009 - 4 comentarios -

El cine independiente ha existido desde siempre. Desde los empresarios alejados de Hollywood que exhibían sus producciones en teatros alquilados haciendo circuitos por los pueblos durante la época de la Gran Depresión, no todo el cine independiente ha sido como lo conocemos ahora. Sin embargo, hay que reconocer que lo que muchos llaman así hoy día, se configuró entre los ochenta y los noventa, siendo algo generalistas. Y precisamente nombres como Jim Jarmusch, Quentin Tarantino, Spike Lee o Kevin Smith fueron quienes comenzaron a darle ese lustre semi-mainstream al término, gracias al éxito repentino a través de Sundance (un buen libro para conocer ese mundillo es Spike, Mike, Slackers, & Dykes: A Guided Tour Across a Decade of American Independent Cinema, escrito por alguien que vivió de cerca y en carne propia esos mismos días, muy entretenido de leer y plagado de datos curiosos).

A ese mundo hay que añadir el nombre de Tom Dicillo, hoy día un reputado director independiente, con títulos como The Real Blonde, Living in Oblivion y la que hoy nos compete, Johnny Suede, su primera película. Pero hay que recordar que también ejerció como director de fotografía de Jim Jarmusch en Stranger Than Paradise, por allá cuando las carreras de ambos estaban en sus comienzos. Su cercanía con ese mundillo cinematográfico independiente norteamericano hace que su debut esté plagado de las mismas virtudes y defectos que caracterizaron a ese cine de los noventa. Para algunos eso será un punto a favor, para otros, entre los que me cuento, uno en contra.

Johnny Suede cuenta una historia difícil de resumir, entre otras cosas porque es una serie de viñetas más o menos conectadas, que no cuentan del todo una trama, sino más bien ilustran un período de tiempo en la vida de su protagonista, un ingenuo aspirante a estrella de rock en un peculiar mundo parecido al nuestro, y a la vez no tanto. Es ahí donde comienzan los problemas o viertudes, según se mire. Porque la película parece más una construcción rápida e improvisada sobre un personaje, concatenando situaciones curiosas (el encuentro con un Nick Cave albino, la caída del cielo de los zapatos de gamuza), y confeccionada a medida para un público específico: el más hipster del underground y lo alternativo. Una atmósfera enrarecida sacada a partes iguales de Eraserhead (y en general de todo el cine lynchiano) así como del cine austero de Jarmusch, una escena onírica con un enano, música rocanrolera nostálgica con preponderancia de un solitario contrabajo, incongruencia y sin sentido... Si les suena familiar, están en lo cierto. Si es lo que les atrae, probablemente se encuentren a gusto en la película, pero a mí me pareció una recolección de tics y clichés recalentados, no exentos de encanto, sí, pero no lo suficentemente potentes como para sorprenderme.

Una rareza de culto, lo reconozco, pero poco más. Tiene sus momentos, y a más de uno le encantará. A otros... no tanto.

Ah, sí, el protagonista es Brad Pitt, y sí, como me hicieron caer en cuenta, en sus inicios parece que le gustaba salir en pantalla en calzoncillos.

Stay, Dir. Marc Forster, 2005

Posted on noviembre 30, 2008 - 0 comentarios -

Marc Forster es un director por estos días en boca de todos debido a su última película, el último Bond, Quantum of Solace, una competente pero no muy interesante película de acción. Sin embargo, su carrera abarca otro tipo de géneros, como demostró en Finding Neverland, bella fábula sobre la vida de J. M. Barrie y su Peter Pan, así como la premiada Monster's Ball, que no he visto y tampoco me interesa tanto.

Stay es una de esas películas a caballo entre el cine independiente y el cine de Hollywood, tomando lo mejor de ambos mundos. Ni es un desperdicio de acción y efectismo, ni un supuesto reflejo de la realidad norteamericana, que suele incluir lesbianas, gays, negros, gente disfuncional y generalmente cualquier minoría, para dar la apariencia de ser liberal. Afortunadamente, Stay entronca con un cine de género inteligente, similar a The Jacket, de John Maybury, o The Machinist, de Brad Anderson.

La película es un thriller pausado pero a la vez hipnótico, de esos que te despista poco a poco hasta que te confunde por completo y te hace intuir una vuelta de tuerca final, que bien puede arruinar el film, o volverlo totalmente satisfactorio. Y es que al igual que los films de Anderson, la película construye capas y capas de significados y posibilidades, sin permitirte definir cuál es la explicación real a lo que sucede. No es posible saber de qué trata exactamente la película porque las pistas son vagas y te obligan a pensar mucho, dejándote en la oscuridad. Si estás dispuesto a dejarte llevar de esta forma, puedes disfrutarlo mucho, pero si no, la experiencia podría ser desconcertante. El problema que suele surgir en esta clase de películas es que se construyen, diría yo, sobre la marcha, y así, el desconocimiento del espectador y su consiguiente sorpresa, es la misma del guionista. El temor es que a veces se construye suspenso más y más alambicado, pero a la hora de rematar, suele descalabrarse. Y si no que se lo digan a Anderson con su Session 9, que es magnífica hasta que trata de resolver lo ocurrido. Para The Machinist el error sería subsanado.

Otro punto a favor de Stay es su atmósfera visual, quizá lo que la pone en ligas de verdad mayores. Aquí realmente hay un director que ha interpretado un guión y le ha dado una visión especial. Los efectos digitales se usan de una manera que pervierten la realidad, y nos meten en la marea de confusión que los personajes experimentan. El clima que se consigue es absolutamente irreal, aunque nunca se nos muestre nada realmente raro, pero la desesperación se hace patente a través de encuadres, transiciones y efectos visuales. Este es uno de esos casos en los que esa clase de decisiones realmente afectan la película, pero ni siquiera a un nivel consciente, porque más de un efecto de estos se hace casi subliminal, pero crea una sensación de incomodidad. No estamos seguros de haber visto lo que vimos, de si hubo un cambio entre planos, de si ese punto de vista pertenece a alguien que nos deba importar, y entonces perdemos la noción de realidad. Cuando el protagonista dice "Ya no sé lo que es real", en verdad podemos sentir eso mismo.

Cuando lleguemos al final, nos daremos cuenta de que presenciamos una película que nunca ocurrió. No porque haya sido un sueño, truco barato que irritaría a cualquiera que se hubiera hechizado con la película hasta ese punto, sino porque tal vez todo lo que ocurre a nuestro alrededor sea un sueño, una ilusión. Más de una coincidencia nos daría pie a pensar en ello.

The Shape of Things, Dir. Neil LaBute, 2003

Posted on noviembre 10, 2008 - 1 comentarios -

Si existe algo como un subgénero llamado feelgood movies, The Shape of Things es la antítesis a esa clase de películas. Por ejemplo, Amelie, al verla, suele dejar en la gente un sabor de boca agradable, no por lo técnico o por la historia, sino porque exuda un halo de felicidad, un joie de vivre terriblemente contagioso. Claro, no falta el cínico que siente repulsión ante eso, pero para gustos...

En el polo totalmente opuesto yace la película de Neil LaBute, una película que no oculta sus raíces teatrales, que se podría clasificar de película de gente que habla hasta por los codos, pero que en ningún momento resulta aburrida o monótona, porque está escrita con un gran conocimiento de los mecanismos del drama. En un principio parecería que estamos ante una película de relaciones personales, una Annie Hall bastante más seria, en la que vemos la evolución de los afectos de varias personas por sus compañeros. Pero a medida que avanza la película se convierte en otra cosa y sólo al final quedará claro cómo encajan las piezas dentro del rompecabezas. Sólo que nunca esperábamos que hubiera un rompecabezas, y nuestras buenas intenciones se ven hechas trizas.

Con un final que no dejará indiferente a nadie, y que se siente como un puñetazo a la confianza que podamos depositar en los demás, The Shape of Things es una película que desatará muchos debates entre los espectadores a la salida de la película. Y con razón, porque hay mucha tela para cortar, tocando temas como qué es el arte, la obsesión por la superficialidad, la manipulación en las relaciones amorosas y un par más que no son precisamente temas sencillos. Con muy mala leche, el director y guionista nos deja pensando un buen rato sobre todo esto y más.

Una película que puede dejar a más de uno con un sabor de boca muy malo, con la impresión de que en la vida hay gente muy mala, y que a pesar de entretener, no puedo decir que sea una película para pasar el rato, a no ser que se sea masoquista. Aún así, vale la pena verla, pero hay que ir preparado para el golpe.

¡Actualización masiva!

Posted on junio 20, 2006 - 1 comentarios -

Llevo días ansiando ver una película que no sólo esté bien hecha sino que despierte algo en mí, sea bueno o malo, pero que me haga sentir que no perdí el tiempo con otra historia correcta pero inaportante. Por ello he dejado de ir a cine, porque se está volviendo una rutina de entrar y salir con las manos vacías. ¿Para qué ver una película más por hacer la tarea que por disfrutarla de verdad? Y me perdonarán si me pongo con herejías, pero por ello he dejado de ver Match Point, Hotel Rwanda y otras más que serán muy buenas pero no me atraen de primerazo. Seguro que tarde o temprano pasarán por mis ojos, pero será en otro momento. Lo último que he visto ha sido esto, y no sé si renovar mi fé en el cine.

The devils, 1971, Dir. Ken Russell

Un caos increíble, una película que muestra unos hechos moralmente repugnantes (no hay tripas, tranquilos) y que varias veces me tuvo a punto de detenerla por el mal rato que me hacía pasar, despertando un gran odio dentro de mí. Me encantó. Sí, provoca sentimientos desagradables en uno, pero una película no tiene que ser un pañito de agua tibia, y no tiene que hacerte sentir bien para que sea buena. Sí, Irreversible cae dentro de esta definición, pero esa sí que me molestó. The devils cuenta unos hechos supuestamente reales, y está basada en un libro de Aldous Huxley, sobre un pueblo que sufrió una caza de brujas implacable, hasta hacer caer a su más alta autoridad, para, simplemente, quitarle su autonomía. Es una parábola muy certera sobre los mecanismos del poder, grotesca y muy, muy retorcida, por los abismos morales que se atreve a mostrar. Afortunadamente Ken Russell, poco dado a la mesura, equilibra la balanza con el personaje de Oliver Reed, malo en un inicio, en últimas el más limpio de la infame galería de seres que habitan esta alucinante película, que no sólo es bella a los ojos (buen trabajo visual) sino que te hace reflexionar. Como digo, puede ser una experiencia desagradable, pero el final con su catarsis es de lo mejorcito. Alex Cox, tipo lúcido, la considera como uno de los grandes eventos cinematográficos de la historia. Y debo decir que tiendo a estar de acuerdo con él.


XMen 3, 2006, Dir. Brett Ratner

Cambio de dirección, con una película comercial, aunque The devils es un ejemplo de ese cine de los setenta que era comercial y no anestesiaba la inteligencia, cosa que suele ocurrir hoy. Xmen 3 es, supuestamente, el final de la saga del grupo de mutantes. Retoma la misma mezcla de discurso político no muy pesado y a la vez reparte mamporros mutantes. Bryan Singer dejó de la dirección para mudarse a Metrópolis y como resultado Brett Ratner toma las riendas de la segunda secuela, con un estilo casi calcado al de su predecesor. Sin embargo el guión flojea porque cuenta tantas historias que deja abandonados algunos importantes personajes. Por ejemplo, Cíclope muere sin hacer mucho (aunque nunca lo hizo en las anteriores películas), y ni siquiera lo hace en pantalla; Jean Grey se limita a poner cara de afligida aunque es la ficha más importante de la partida; y cantidad de mutantes aparecen por allí sólo para desplegar su poder y hacerle la vida fácil al dierctor. De resto la acción es interesante e incluso hay momentos intensos muy de agradecer. Es una buena película que da lo que promete y hasta un poco más. Eso sí, como dije, hay algunos detalles estúpidos, pero perdonables. Buen cine comercial que te da caramelos para la mente.

Regresiones de un hombre muerto,
(The jacket), 2005, Dir. John Maybury


Al igual que The descent, esta otra de esas películas de bajo perfil que resultan ser toda una grata sorpresa. En esta ocasión, una confundidora trama que da para miles de interpretaciones gracias a la ambigua intención de su director, reacio a hacer otra película con giros pero predecible (El efecto mariposa, por ejemplo), hace que lo que podía ser un thriller convencional se convierta en algo más. El qué, lo decide el espectador. A veces película de terror, otras veces thriller, otras historia de amor, y al final lo que uno quiera, The Jacket es un ejemplo de cine independiente que no acude a los dramones familiares sino al cine de género y sale bien parado en todos los campos. Adrien Brody regresa de la primera guerra de Irak y lo meten a un manicomio donde una terapia revolucionaria y agresiva jugará con su mente. Y con la nuestra. Además de Brody, que hace muy buen papel, Keira Knightley es una preciosidad y actúa muy bien. No digo más porque sería revelar mucho de la trama, pero la recomiendo porque no le da en bandeja las respuestas al espectador y lo obliga a pensar, y sobre todo, a decidir. Y por el lado de lo visual es impactante, con preciosas manipulaciones de la imagen y un diseño de sonido escalofriante e increíblemente bien trabajado, yendo más allá de lo simplemente efectista hasta crear atmósferas. Como dije, la película toca muchos temas y muchos géneros, pero no aparece como un salpicón sin sentido, sino que sabe hacer las transiciones de manera gradual y efectiva, y al final, queda una bella historia de la que cada uno puede sacar su propia versión.

Una vida iluminada,
(Everything is illuminated), 2004, Dir. Liev Schreiber


Como quería ver algo que me tocara una fibra, alquilé esta peli, de esas muchas que anuncian en cine y luego condenan a la sala de la casa, estrenada únicamente en video. Es de esas que desde el trailer me hace sentir algo, una curiosidad que por lo general acaba confirmándose en la sala de cine. Y sí, lo hizo, a pesar de que sus inicios son muy parecidos a los de el cine de Kusturica, con gitanos, trombones y frenesí, cosa que me saca de quicio. Aún así nunca llega a cruzar el límite y se mantiene como una comedia ligera y extraña ("quirky" sería la palabra en inglés) que más tarde se mueve hacia el drama con mucho corazón y acaba siendo un muy bella película sobre las cicatrices del pasado, la búsqueda de las raíces y los estragos de la guerra. La fotografía es realmente hermosa, con unos colores impactantes y con unos encuadres extraños, que le dan una atmósfera de película de Jim Jarmusch o Wes Anderson, aunque no diría que es una copia de sus estilos, sólo que es de esas películas en las que se dice más con el silencio que con las palabras. Si bien tiene fallas de ritmo sobre todo en su primera parte, es una película a tener en cuenta pues produce bonitas sensaciones. Amargados abstenerse, hace sentir bien aunque haya momentos de dolor. Y para el que le interese, cuenta la historia de un personaje que viaja a Ucrania en busca de una mujer que aparece en una foto de su abuelo, conociendo no sólo otra tierra, sino su propio pasado. Pero créanme, es más una historia de personajes que de trama. Si no se le tiene aprecio al detalle mejor ir a ver algo de acción. Aquí se aburre. De lo contrario puede salir satisfecho.

Funeral en Berlín, 1966, Dir. Guy Hamilton

Desde luego si las películas de espías lo tienen todo para ser enredadas, esta debe ser una de las que más. Cada personaje tiene su nombre real y su nombre en clave, y constantemente aparece más gente con doble personalidad, convirtiéndose en un lío inmenso. Uno no sabe cual es la motivación de cada uno, ni su verdadero papel, pues todos tiene una agenda oculta. Michael Caine interpreta al sagaz Harry Palmer en una intriga de la guerra fría, en la que tratan de que un desertor comunista se salve al pasar el muro de Berlín, pero todos quieren impedirlo o meter la mano en el asunto. Eso sí, el bueno de Harry salva el día sin despeinarse y apenas da un puñetazo en toda la película, de resto todo lo hace a punta de cerebro, muy diferente a lo que hace James Bond, menos limpio y más extravagante. La segunda parte de la saga de este personaje, espía contra su voluntad, es enredada y parsimoniosa, pero eso no significa que sea mala, sólo que es más cerebral que visceral. Hay que ponerle atención a la manera en que se mueven las fichas más que a las set pieces de acción, que de hecho no hay. Pero si uno disfruta esa clase de cine en el que el verbo afilado sustituye a las armas, no puede equivocarse mucho con esta. Y además la ambientación europea de los años sesenta es muy bonita y hay un cinismo perfeccionado durante toda la cinta. Entretenida pero calculadora.

Pecker, 2004, Dir. John Waters

El director de Pink Flamingos ha dejado de lado la locura de sus inicios y se ha domado, pero no ha dejado el mal gusto en el olvido. Sin embargo Pecker, aunque divertida, no logra entretener tanto como sus anteriores obras (recuerdo Cecil B. Demented con mucho agrado). La historia es muy sencilla: Pecker se hace famoso por sus fotos que retratan la vida cotidiana de la clase media, y esa fama le trae consecuencias que nunca buscó. Y ya. La mayor parte del film es ligera, sin apenas detalles que la hagan lo suficientemente entretenida como para que llegue a ser buena del todo. El final sí es puro Waters, con strippers gay frotando sus genitales en la cabeza de emocionados críticos de arte, un fotógrafo ciego bailando y tomando fotos a la vez, una vírgen María hablando milagrosamente en medio de la fiesta, lesbianas marimachas desnudándose, una niña esnifando verduras... bueno, puro Waters. Lamentablemente para ello hay que esperar mucho sin que pase nada en verdad interesante, con ocasionales apuntes divertidos, pero nada relevante. La crítica está presente, hablando del negocio del arte, el esnobismo de los artistas que retratan la realidad y todo eso, pero ojo, esto no es un film antropológico sino un film de John Waters. Y pareciera como si todo este hubiera sido construido sobre esa escena final, esa crítica, porque es cuando realmente el film gana fuerza. No es el mejor Waters, aunque no diría que Pink Flamingos lo fuera (demasiado cochina para mi gusto), pero al menos sirve para pasar un rato políticamente muy incorrecto. Y sale Christina Ricci a la que adoro, gordita, frentona o como salga. Si hicieran una peli que no fuera sino ella probándose ropa, iría a verla. Sobre todo si sale en ropa interior.

Como dije, aún no he encontrado una película, al menos no recientemente, que me haga emocionar de nuevo ante las imágenes de la pantalla. Sí, interesantes, buenas y alguna que otra muy buena, pero ninguna de esas que lo hacen a uno salir de su vida normal y lo llevan a otro planeta. Aunque he de reconocer que gran parte de ello es por el hecho de verlas en casa y no poder ver buen cine en las salas que no sean de una casa. Pero con esas penosas carteleras, que ni siquiera traen buenos estrenos comerciales, la cosa se pone cuesta arriba. Ya veremos cómo sigo. Por ahora la salvación viene de los libros.

Wes Anderson y su vida acuática

Posted on julio 26, 2005 - 0 comentarios -

The life aquatic with Steve Zissou, 2004, Dir. Wes Anderson

Steve Zissou, eminente investigador marino, emprende una expedición junto a su tripulación de ineptos simpáticos para vengar a su amigo Esteban devorado por un tiburón jaguar.

Si hay un director reciente cuya voz haya calado hondo en mí es Wes Anderson. Con un estilo que no lleva ninguna clase de linealidad en la trama, limitándose a exponer situaciones hiladas levemente por las desventuras de sus pobres protagonistas, seres siempre al borde de la tristeza crónica. Rushmore y The royal Tenenbaums son dos películas de culto, entretenidísimas, y que sobre todo muestran una poco común manera de ver la vida, absurda y trágica a la vez siempre en el marco de la comedia surrealista.

The life aquatic nos llega con un buen retraso a nuestras pantallas. Y lamentablemente, a mi parecer, no está a la altura de sus anteriores trabajos, principalmente por ciertas lagunas tediosas en medio de la trama. Los detalles absurdos, las escenas que ocurren porque sí, sin previo aviso y que salen de la nada abundan, pero eso es lo que me gusta de Anderson, una carencia total de lógica, un desprecio de las reglas, no por el hecho de subvertirlas en sí mismas, sino simplemente proque el hombre ve la vida con otros ojos. Son esos momentos tediosos, nunca presentes en las otras obras, los que disminuyeron el disfrute de la película para mí. Sin embargo las actuaciones son excelentes, las caracterizaciones únicas, la música sencillamente insuperable (¿Life on mars de Bowie en versión acústica y en portugués? ¡Y lo mejor es que es buena!) y sobre todo las animaciones de Henry Selick, el mismo de Nightmare before christmas, que plasman la alucinada fauna submarina que rodea a Zissou es increíble. De hecho el final es tan bello que bastó para redimir por completo el resto de fallos que para mi gusto ocurrieron antes. Un final casi de cuento infantil, tan bello que simplemente se debe disfrutar para entender. Según pasaron los días, la película ganó en mi mente, por lo que quisiera darle otro visionado. Pero aún con sus fallos y todo, cualquier película de Anderson es un deleite que no se debe pasa por alto, que siempre contiene detalles tan inusitados, tan fuera de lugar que por pura salud mental se debe ver, para escapar de la tediosa realidad.

Para ver la clase de películas que habría hecho Max Fisher de haberse convertido en director de cine.

Y para dejar volar el sinsentido.

Tiempo de volver

Posted on julio 12, 2005 - 0 comentarios -

Garden state, 2004, Dir. Zach Braff

Un actor con una vida emocional comatosa regresa a casa para el funeral de su madre y a reencontrarse consigo mismo.

Me gusta el adjetivo "bonito". Parece que no dice nada pero para mí dice mucho. "Bonito" es un simple adjetivo que describe para mí un estado mental y emocional de calma y gran belleza. "Bonito" es sencillo, sin alardes, pero a la vez me habla al corazón. Y generalmente se refiere a algo que me lleva a un estado de bella nostalgia, una neutralidad entre la alegría y la melancolía, un plácido e inefable modo de ver las cosas que me recuerda a la infancia, pero vista desde el punto inexorablemente lejano que es la edad ¿adulta?.

Garden state invocó en mí ese sentimiento. La historia que cuenta no es nada novedosa, pero no pude evitar sentir que me estaba hablando a mí, de mis problemas, tal vez no los mismos, pero sí en la misma onda. La sencilla cámara, en la que una simple grúa se convierte en el elemento más sobresaliente (así es de poco ególatra), las bellas composiciones estáticas (el cruce de calle con la cadena de niños de la mano), la ensoñadora banda sonora, compuesta por éxitos indie excelentemente seleccionados (The only living boy in New York de Simon & Garfunkel me viene ahora a la mente... la voy a poner)... Todos detalles minúsculos pero que acumulados dan lugara a una de las más bella películas que he visto recientemente. Su trama podrá parecer igual a tantas que salen en el cine independiente, pero es al crear un verdadero clima de nostalgia que se desmarca del resto de obras autobiográficas, sinceras pero intrascendentes.

Las imágenes permanecieron conmigo mucho tiempo después de salir de la sala: Natalie Portman preguntándole a Zach Braff si quiere verla bailar tap, la camisa de tela de pared, "Good luck exploring the infinite abyss", el juego de la flecha ardiendo, The Shins cambiarán tu vida...

Para ver, reír, llorar, una y otra vez...

Entre copas

Posted on marzo 08, 2005 - 0 comentarios -

Sideways (2004) Dir. Alexander Payne Act. Paul Giamatti, Thomas Haden Church

Un par de amigos viajan por los viñedos californianos durante una semana como despedida de soltero de uno de ellos. Pero en el viaje se revelarán sus personalidades cuando encuentren a dos mujeres con quienes compartir el viaje.

Cuando salí de ver esta película estaba encantado. Es otra de esas películas que adoro, sobre personajes que exponen toda su miseria, que parecen normales pero luego se revelan frustrados, neuróticos, oscuros... Personajes con profundidad, sin ser por ello desagradables, sino profundamente humanos, que vamos descubriendo poco a poco y queriendo como en una relación real.

La historia es sencilla y la película es "character driven" en lugar de "plot driven", así que simplemente asistimos a la sucesión de eventos que nos revelan la personalidad de los protagonistas. Pero verdadermanete todo lo que ocurre ante nuestros ojos es encantador. Sencillo, pero como la vida misma, entre las alegrías y las tristezas. Me encanta esa melnacolía del personaje principal, su fanatismo por cualquier detalle sobre los vinos, su neurosis...

La película está por supuesto construida alrededor de los diálogos, pero eso no impide que el director haga un acertado uso de los montajes en los que la música sustituye a las palabras y el montaje rápido nos hace conocer a los personajes y evolucionar en nuestra relación con ellos sin necesidad de pasar horas a su lado. Además hace uso de determinados recursos como la pantalla dividida, sin otra justificación que la de ser como un videoclip, para darle vigor a la película. Por momentos parece un documental turístico sobre el area de los viñedos californianos, pero eso no es aburrido sino que forma parte del universo de la película.

Por supuesto hay que hablar de los actores, todos ellos perfectos y con buenos momentos, pero el que se lleva la palma es Paul Giamatti. En las escenas en las que habla con su exmujer y se le nota esa voz quebrada por los nervios, el miedo y la tristeza, no puedes sino sentir la enorme sinceridad que destila su interpretación. Cosas de esas no son fáciles de hacer sin caer en el ridículo. Virginia Madsen, madura e integra como pocas (hace mas de diez años protagonizó la infravalorada Candyman y estaba bonita. Véanla ahora madura y espléndida!) es otra de las atracciones de un film sencillo pero increíble. Y lo mejor es que el director se hace a un lado y no juega con artificios de cámara (no muchos) y deja que el protagonismo lo tengan los actores, que es donde debe estar en una pieza como esta.

Un maravilloso pedazo de vida, gracioso, melancólico, neurótico, y en últimas muy gratificante. Y con un final espléndido, similar al de otra joya como es Antes del atardecer, que no traiciona el espíritu que ha planteado antes sino que es consecuente con él.

Primeras pelis

Posted on marzo 03, 2005 - 0 comentarios -

Welcome to the Dollhouse (1995) Dir. Todd Solondz. Act. Heather Matarazzo, Brendan Jr. Sexton

Una niña de 11 años, muy poco popular en su escuela, debe enfrentarse a todo el mundo que parece hacerle la vida imposible.

Una muestra de cine independiente norteamericano y mi primer acercamiento al mismo director de Happiness y Storytelling. Tenía grandes expectativas, pero aunque la película está muy bien hecha, bien narrada y bien construida, no me gustó. Es una buena historia y tiene buenos giros, los personajes están bien construidos, te sientes cerca de ellos. Pero mi problema con ella es que no me cayó bien ninguno. Muy seguramente las intenciones del director sean mostrar las cosas como son, porque el ambiente de esa secundaria y las reacciones de los personajes se sienten muy sinceras. Pero si ninguno me inspira simpatía, para qué torturarme? Sencillamente no me agradó, aunque sé que es muy buena.

Para conocer un cine sencillo y sin alardes.

Wendigo (2001) Dir. Larry Fessenden Act. Patricia Clarkson, Jake Weber, Erik Per Sullivan

Un niño de vacaciones con su familia en las montañas, descubre extraños incidentes relacionados con una entidad del bosque, mientras son acechados por un poco amistoso vecino.

Una mezcla de Deliverance con película paranormal, Wendigo sufre de una problemática campaña publicitaria. No es una película de terror ni de suspenso. Es el viaje de un niño, desde su punto de vista que no comprende la realidad de los adultos, a través de eventos que no está equipado para comprender. Como película de terror uno espera otras cosas y aquí o las encuentra, pero si uno de antemano sabe que esto es un drama, o que no hay fantasmas, que está narrado desde la mirada de un niño, la recompensa es mayor.

Wendigo es una película independiente rodada en Super 16 mm, y en lugar de apelar a sustos fáciles, a asesinos enmascarados o a la sangre, lo que hace es crear un ambiente de inocencia. Casi nada pasa en la película hasta el final, pero es precisamente en su construcción minimalista donde reside la fuerza de este delicado film.

Para una noche tranquila, fría y calmada.

Cannibal Ferox (1981) Dir. Umberto Lenzi Act. Giovanni Lombardo Radice, Lorraine De Selle

Un grupo de antropólogos va a la selva a investigar el canibalismo y se encuentra... en la olla!

Serie Z total. Humor casposo, malas actuaciones... Esto es un bodrio y digan lo que digan algunos, no es una película asquerosa. Salvo un par de mutilaciones no hay nada que impacte. Más crueldad animal, un doloroso piercing pectoral a una fémina, una cabeza convertida en bandeja de aperitivos... y un canto hippie en medio de la barbarie!?!? No, es que no hay palabras. Si Holocausto Caníbal era una caspa redimida por cierto discurso y estructura que daba pie a palabras como "metafílmico", Caníbal feroz renuncia a cualquier redención y se precipita al abismo sin pensarlo dos veces.

Eso sí, la música chunda-chunda es más pegajosa que el chicle. Cannibal Disco!

Para ver como una ¿anaconda? se come a un ¿cusumbo? sin FX. Y para saber qué es la Serie Z.

Shaun of the dead (2004) Dir. Edgar Wright Act. Simon Pegg, Kate Ashfield, Nick Frost

Shaun, un perdedor sin futuro, se redime ante su novia al salvarla de la plaga de los zombies que azota a Londres. Por supuesto sus seres queridos se convierten en zombies también.

Recomendada por el pope del mundo zombie-fílmico George A. Romero, Shaun of the dead es la última adición al sub-género. Planteado como una comedia gore, la película funciona bastante bien en parte gracias a las interpretaciones, al fino humor (Shaun lanzando discos contra los zombies y discutiendo si Blue Monday era para conservar o no) y a un guión que no se burla del género sino que lo homenajea (Shaun of the dead... Dawn of the dead) Eso sí, a la hora de poner la carne en el asador, la película se pone seria, muestra las tripas y pone todo en su lugar.

El DVD contiene abundante material extra para divertirse. Ah, hay mucho drama antes de las tripas. El director la definió como "una de Mike Leigh con zombies"

Para reírse con los amigotes y verle la cara de asco a las niñas sensibles.

Donnie Darko (2001) Dir. Richard Kelly Act. Jake Gyllenhaal, Holmes Osborne, Maggie Gyllenhaal

Un adolescente esquizofrénico ve que la realidad es MUY RARA cuando un conejo siniestro le hable sobre viajar en el tiempo.

A que con esa sinopsis se quedaron rascándose la cabeza? Pues sí, y es una nota de peli, todo un nuevo clásico de culto. Cuando salió, como toda peli de culto, nadie la vió, pero en video tuvo tanta acogida que hasta se repuso en sesiones de madrugada. Y la verdad vive para estar a la altura de su fama.

Ambientada en los años 80, pero sin que la estética se tome el poder, la peli narra una sucesión de eventos altamente improbables y extraños, que hay que ver para (no) entender. Sea como sea, la peli se las arregla para mantenerte intrigado todo el tiempo gracias a unas excelentes interpretaciones, a un aura de misterio irresoluto, a una música hermosa y a un guión loco pero no tanto. Al final no me quedó la certeza de haberla entendido con la mente, pero sé que algo por dentro lo hizo porque me encantó, y eso es algo que pocas pelis logran: saltar la barrera de la razón y provocar algo directamente adentro.

Si vieron El efecto mariposa, se darán cuenta de que esa es un plagio absoluto de esta. Y lo peor, un mal plagio. Por qué copiar una peli de hace dos años? Eso se hace con pelis de al menos veinte años, pero esto no tiene perdón. Quédense con el original, Donnie Darko.

Para freaks, outsiders, esquizofrénicos y toda la fauna con un rinconcito "loser" en su corazón.

The 7th voyage of Sinbad (1958) Dir. Nathan Juran Act. Kerwin Matthews, Kathryn Grant

Después de salvar a un mago en la isla de Colossa, Sinbad debe regresar a ella para devolverle el tamaño normal a su empequeñecida esposa. Obviamente se enfrentará a un ejercito de criaturas creadas por Ray Harryhausen.

Esta es una de esas películas en las que uno remememora su niñez, un domingo por la mañana viendo la tele. Y ahora 15 años después o más, uno se siente de nuevo como un chiquillo ante ella. Claro, no todos son así, pero sí conozco un puñado de gente que como que no quiere crecer en ese aspecto.

Esta primera parte de la saga de Sinbad, contiene todos los temas clásicos para un pequeño matiné infantil nostálgico (los niños de ahora preferiría ver los Power Rangers o Pokemón... qué lástima): música de Bernard Herrmann, un director de serie B (responsable de, entre otras, El ataque de la mujer de 50 pies... de altura claro, no con 250 dedos), fantasía a más no poder, y un guión simple que tira enemigos detrás de otros al pobre Sinbad. Sea como sea, una joyita de tiempos remotos, en una epoca de lastimosos efectos digitales.

Para una mañana de domingo, en pijama y con un bol de cereales con leche.