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Hotel Chevalier

Posted on octubre 28, 2008 - 1 comentarios -

Como preludio a The Darjeeling Limited, Wes Anderson creó un corto protagonizado por Jason Schwartzmann y Natalie Portman. Quizá lo que más llamó la atención al público mainstream aficionado a los cotilleos y a los noticieros de E! fue que contenía el primer desnudo de Natalie Portman, después de haber declarado que nunca se quitaría la ropa en pantalla. Pero en esos magros 13 minutos hay mucho, mucho más que unos centímetros de piel expuesta.

Para empezar, desde el primer plano nos damos cuenta de que el director ha puesto sus huellas en cada fotograma de película. La iluminación, el encuadre, la ambientación... Es un mundo que conocemos bien y que nos agrada revisitar. Lo que viene a continuación es una historia de desamor, un reencuentro, del que poco sabremos, pero que nos tocará por dentro, porque de alguna manera u otra, todos hemos vivido una versión de la misma historia, y los espacios en blanco los podemos llenar, no con hechos, pero sí con sentimientos y sensaciones.

Y es que es ahí donde está el poder de Hotel Chevalier, en los silencios, en los supuestos sobreentendidos que no lo son para nosotros, sino para los personajes. Nosotros hacemos nuestra parte, casi sin quererlo, y nos vemos involucrados en una historia que alguna vez hemos vivido también. Probablemente algunos podrán decir "¡La historia nunca queda clara! ¡No sabemos qué pasó entre ellos antes!" Pero ahí, en el misterio, radica la gracia. En no saberlo todo, sino en sentirlo.

Y si además le añadimos un final de una ironía poética sublime, sólo podemos encontrarnos ante una pequeña maravilla, de esas que no hace falta hablar tanto, porque mientras más se diga de ella, menos se podrá disfrutar.

Wes Anderson y su vida acuática

Posted on julio 26, 2005 - 0 comentarios -

The life aquatic with Steve Zissou, 2004, Dir. Wes Anderson

Steve Zissou, eminente investigador marino, emprende una expedición junto a su tripulación de ineptos simpáticos para vengar a su amigo Esteban devorado por un tiburón jaguar.

Si hay un director reciente cuya voz haya calado hondo en mí es Wes Anderson. Con un estilo que no lleva ninguna clase de linealidad en la trama, limitándose a exponer situaciones hiladas levemente por las desventuras de sus pobres protagonistas, seres siempre al borde de la tristeza crónica. Rushmore y The royal Tenenbaums son dos películas de culto, entretenidísimas, y que sobre todo muestran una poco común manera de ver la vida, absurda y trágica a la vez siempre en el marco de la comedia surrealista.

The life aquatic nos llega con un buen retraso a nuestras pantallas. Y lamentablemente, a mi parecer, no está a la altura de sus anteriores trabajos, principalmente por ciertas lagunas tediosas en medio de la trama. Los detalles absurdos, las escenas que ocurren porque sí, sin previo aviso y que salen de la nada abundan, pero eso es lo que me gusta de Anderson, una carencia total de lógica, un desprecio de las reglas, no por el hecho de subvertirlas en sí mismas, sino simplemente proque el hombre ve la vida con otros ojos. Son esos momentos tediosos, nunca presentes en las otras obras, los que disminuyeron el disfrute de la película para mí. Sin embargo las actuaciones son excelentes, las caracterizaciones únicas, la música sencillamente insuperable (¿Life on mars de Bowie en versión acústica y en portugués? ¡Y lo mejor es que es buena!) y sobre todo las animaciones de Henry Selick, el mismo de Nightmare before christmas, que plasman la alucinada fauna submarina que rodea a Zissou es increíble. De hecho el final es tan bello que bastó para redimir por completo el resto de fallos que para mi gusto ocurrieron antes. Un final casi de cuento infantil, tan bello que simplemente se debe disfrutar para entender. Según pasaron los días, la película ganó en mi mente, por lo que quisiera darle otro visionado. Pero aún con sus fallos y todo, cualquier película de Anderson es un deleite que no se debe pasa por alto, que siempre contiene detalles tan inusitados, tan fuera de lugar que por pura salud mental se debe ver, para escapar de la tediosa realidad.

Para ver la clase de películas que habría hecho Max Fisher de haberse convertido en director de cine.

Y para dejar volar el sinsentido.