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Mary and Max, Dir. Adam Elliot, 2009

Posted on enero 30, 2010 - 2 comentarios -

Pasar del cotrometraje al largometraje no es tan sencillo como parece. Escribir un corto requiere de unas técnicas, que si bien se aplican al largo, no son exactamente las mismas. Uno puede salirse con la suya en un corto a punta de detalles simpáticos y un final bonito, pero en un largo hay que mantener la atención durante mucho más tiempo, lo que requiere de un dominio distinto de las técnicas narrativas.

Precisamente eso es lo que ocurre en Mary and Max. El director, que ya había creado un gran corto con Harvie Krumpet, intenta las mismas técnicas en su primer largo. Pero si en el corto la atención al detalle y los sucesos inesperados salían bien parados, en el largo nos encontramos con una sucesión de cartas narradas e ilustradas con imágenes, que pueden ser hermosas, pero poco le aportan a la trama. El tono se mantiene a lo largo de la historia, pero no hace cambios significativos, con lo que el resultado es el adormecimiento del espectador.

No se engañen: es una película realizada en stop motion, pero no es, para nada, una película infantil. La historia de una niña sin amigos y un señor con síndrome de Asperger es entrañable, pero no logra levantar vuelo del todo porque cuenta unos hechos sin articularlos dramáticamente. Esto no siempre es un defecto, pero en esta película no pude quitarme la sensación de que todo podía haberse contado en menos tiempo, quizá la mitad. Hay muchos detalles para disfrutar, como las texturas de una animación impecable, algunos giros absolutamente inesperados, o un sentido del humor realmente afinado, pero en cuanto a la dramaturgia, estamos un poco cojos. Le pide a veces demasiado al espectador, narrando eventos banales de la vida cotidiana. Eso está bien, pero cuando es demasiado, comienza a cansar. Y esa narración en off se desgasta rápidamente.

Pero no es tan sencillo juzgar la película, porque si bien hay que tenerle a veces infinita paciencia, hay recompensas, como un final precioso que redime en buena parte los defectos vistos, aunque para ello haya que pasar por 90 minutos previos un poco monótonos. La historia hace pensar y podría decirse que deja una moraleja, porque es una enseñanza algo simple, pero como toda verdad, en el fondo es sencilla: ámate primero a tí mismo. Sonando a libro de autoyuda, la película no hace gala precisamente de una amabilidad similar, porque los personajes sufren cruelmente los embates del destino. Y eso es lo que hace peculiar a la película, un gran corazón en medio de un humor bastante negro.

Seguramente algunos no estarán de acuerdo con mis apreciaciones, porque esta es una de esas películas que por su intención de ser diferente, se ganará las simpatías de aquellos que gustan del sabor exótico. A mí, sin embargo, me pareció un esfuerzo bien intencionado, aunque algo fallido. Pero eso no le resta interés a una película que vale la pena revisar, así sea para refrescarse de tanta superficialidad que vemos en la cartelera.

Visions of Frank, 2007

Posted on noviembre 24, 2009 - 3 comentarios -

Visions of Frank es una recopilación de animaciones inspiradas en la obra de Jim Woodring. Su trabajo es de un surrealismo bastante exagerado, en el cual la palabra lisérgico es plenamente aplicable. Supuestamente, Woodring tenía ataques alucinatorios cuando era pequeño, y ya adulto, aún tiene la capacidad de hacerlo a voluntad. Esto puede verse reflejado en la creación de un mundo onírico en donde nada es inmutable, sino que formas y colores se trastocan entre sí siguiendo las reglas del mundo de los sueños.

Sin embargo, la traslación de la obra impresa a la imagen en movimiento se presenta con complicaciones. Apenas uno de los cortos logra aportar algo más que virtuosismo técnico. Cada sketch está realizado con una técnica distinta, y como tal, como despliegue de pericia, es una delicia de ver. Es a la hora de hacer algo más o menos coherente con el lenguaje audiovisual que se pierde el norte, porque ninguno logra más que recrear las viñetas a su estilo. Sólo el séptimo sketch sabe explorar el tema a través de un lenguaje distinto al original, aportando ritmos y tiempos que hacen la narración más satisfactoria. Los demás se desvanecen en piruetas animadas, y jamás logran ser mejores que la experiencia de leer en papel.

Aún así, es interesante de ver, porque se tiene acceso así a una galería de estilos bastante atractiva. Pero como experiencia audiovisual, deja un cierto sinsabor.

Les Tragédies Minuscules, Dir. Alain Gagnol, Jean-Loup Felicioli, 1999

Posted on octubre 04, 2009 - 3 comentarios -

Como Carveriano muy siniestro, podrían definirse las intenciones de esta colección francesa de cortos animados. Y es que el título es de lo más apropiado, porque en efecto nos encontramos ante una sucesión de historias mínimas, de sucesos que no carecen de drama en el sentido estricto de la palabra, pero que son tan nimios a veces que nos toca sonreír frente a lo que ocurre ante un evento que podría ser resuelto con cabeza fría. Pero resulta que como somos humanos, tenemos que armar grandes dramas ante situaciones casi ridículas, y nuestras mentes son las encargadas de crear esas obras de teatro alrededor de algo insignificante. Eso: Tragedias, porque no dejan de ser situaciones que nos atormentan con su peso; y Minúsculas, porque en realidad son nada frente a los problemas que podríamos llamar "reales".

En diez segmentos de tres minutos, los directores hacen desfilar ante nosotros personajes metidos en problemas por su propia mente, retorcida, pero no más allá de lo normal. Celos, hipocresía, peleas, secretos, pensamientos... Todo eso que no decimos por miedo, o que a veces nos aterra haber pensado, eso que nuestra mente ha traído a colación sin saber cómo, y nos hace sentir perversos. Eso son estos cortos, incómodos, oscuros, hasta deprimentes, porque nos confrontan con esa clase de cosas que salen de algún rincón ignoto de nuestra cabeza.

La animación es muy especial, recordándole a uno a veces una especie de cubismo incompleto, o de expresionismo alemán menos gótico. Y tiene sentido, porque si éste último trataba de expresar el estado psicológico de sus protagonistas a través del escenario y la arquitectura, estos personajes y sus lados retorcidos no podrían sino haberse mostrado con esas formas geométricas. Y si lo contrastamos con una paleta de colores absolutamente bella, estamos ante una nueva contradicción: la normalidad convertida en pesadilla, siendo aún más asustadora por no parecer un mal sueño, sino algo perfectamente lógico. Añadámosle una elección de música inquietante y perturbadora sin sonar a obvia, y el resultado es una pieza de orfebrería que toca teclas incómodas y fascinantes.

Peur(s) du Noir, Dir. Blutch, Charles Burns, Marie Caillou, Pierre Di Sciullo, Lorenzo Mattotti, Richard McGuire

Posted on agosto 12, 2009 - 4 comentarios -

Las películas conformadas por segmentos de diferentes directores, suelen ser irregulares por definición propia. Cada director imprime su estilo, y al final puede quedar la sensación de ver algo con altibajos. No siempre esto es malo, porque por lo general sirve de escaparate de un tema particular: distintas visiones sobre un solo tema. Peur(s) du Noir no es ajena a esto, aunque al final el resultado se salda positivamente, a pesar de un pequeño desacierto.

Peur(s) du Noir, o Miedo(s) a la oscuridad, es el resultado del reclutamiento de varios dibujantes de cómic para que expresaran precisamente sus pesadillas. Seis historias surgen de este experimento, la mayor parte de ellas exitosas. Las menos, son simplemente bellas, que no es poco. Las más, realmente inquietan. No es esto una película de terror para sobresaltar, sino para hurgar en la psiquis, en lo irracional, en el miedo a la oscuridad, así que olvídense de los sustos, de los asesinos enmascarados o de las motosierras. Como los mejores relatos escalofriantes, esta película lo que hace es explorar la oscuridad con paciencia y meticulosidad, metiéndose bajo la piel, no sacudiéndote a hachazos. En este sentido hay que destacar que hasta las menos escalofriantes tienen su toque perturbador, y es que en la aparente calma que sus imágenes transmiten, se esconde precisamente una cierta incomodidad, la raíz del miedo, eso que nos asusta sin saber muy bien por qué, y que por tanto, se nos hace más difícil de vencer.

Dos historias sobresalen a mi juicio y son la de Charles Burns y la de Robert McGuire. La del primero, relativa a esa monstruosidad del cuerpo que se sale de control, a la mutación corporal, a eso que está más cercano de nosotros pero a veces pareciera tener una vida y voluntad independientes a la nuestra, recuerda por su tema a su novela gráfica Black Hole. Eso sí, hasta ahí llegan los parecidos, porque las dos obras recorren caminos muy diferentes. La del segundo, más abstracta, literalmente hace referencia al miedo a la oscuridad. Si la primera es más física, la segunda más etérea, pero ambas inquietan bastante, una a nivel corporal, otra a nivel mental.

Sin embargo, el manchón viene de la mano de Pierre di Sciullo. Una letanía de lamentos con el trasfondo de imágenes abstractas, su segmento dará miedo a los intelectuales. "Oh, es el miedo del hombre moderno", dirán tal vez. Pero para mí sólo es un cúmulo de lloriqueos que más que dar miedo, desespera hasta el cansancio. Lo valioso de los buenos, es que de verdad saben tocar teclas inquietantes en el interior de la mente, mientras que este se limita a dar razones para dar miedo, lo que equivaldría a decirle a alguien las razones por las que debería enamorarse de uno... En otras palabras, no genera sensaciones.

A pesar de ese pequeño e irritante fallo, Peur(s) du Noir es uno de los más fascinantes films recientes. Bien sea porque se es aficionado al terror, a la animación, o simplemente al cine, vale la pena echarle un vistazo. Y ojalá de noche, a solas y en completa oscuridad.

When the Wind Blows, Dir. Jimmy Murakami, 1986

Posted on noviembre 17, 2008 - 1 comentarios -











A veces las películas más duras sobre la guerra no tienen por qué ser las más descarnadas. Eso lo demuestra When the Wind Blows, una película animada, en la que una pareja de ancianos se prepara para un ataque nuclear y luego se enfrenta a los días que acontecen después de él. En lugar de mostrarnos un grupo de personas al borde del colapso nervioso, el director Jimmy Murakami se deleita en el día a día, en las charlas triviales de dos personas en la última etapa de su vida, que a pesar de la situación en la que se encuentran, no dejan de vivir como si nada ocurriera. Y eso nos sitúa en un punto extraño, porque si bien los personajes son bonachones, su ingenuidad linda con la estupidez. Nunca los juzgamos de tal manera, pero sí nos muestra un buen ejemplo de lo que el conformismo y la excesiva confianza en un gobierno que se aleja de los seres humanos para enfrascarse en discusiones abstractas puede conllevar. Para ellos nada de lo que ocurre es del todo malo, y siempre mantienen la confianza, esperando que al otro día todo se normalice: que el periódico llegue, que la leche sea repartida... Eso, a pesar de que el panorama que los rodea es desolador. Quizá una de las secuencias más escalofriantes sea esa "mañana soleada" en medio de la destrucción que hay alrededor. No queda nada en pie, y sin embargo estos dos personajes toman el aire en sillas de playa. La lenta desintegración de los personajes, nunca psicológica, sino física, es también contrapunteada por esa normalidad en la que se encuentran los dos, incapaces de ver que la muerte los ronda. Afortunados ellos, tal vez.

Técnicamente la película mezcla dibujos animados con stop motion, así como estilos también variados. Las largas secuencias de conversación son rotas por momentos en los que la fantasía irrumpe inesperadamente, y el estilo se hace libre, no atado a la vida real. Pero no es esto por lo que la película es importante. Es por mostrarnos lo absurdo de una guerra en la que los ciudadanos de a pie no suelen estar realmente involucrados, y que sin embargo son los primeros en padecerla, quizá precisamente por el exceso de confianza, por creer que los problemas políticos están en manos de otros y no nos incumben.

Otra película que llega al corazón, terriblemente desesperanzadora, como debería ser una película que denuncie la guerra, pero para nada grandilocuente. Comparable a Cementerio de Luciérnagas, otra película que sin mostrar muertes por doquier, toca la fibra sensible haciéndonos reflexionar con sutileza.