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The Fall, Dir. Tarsem Singh, 2006

Posted on noviembre 07, 2008 - 0 comentarios -

¿Por qué contamos historias? ¿Cuál es el poder detrás de eventos no ocurridos, pero que alcanzan a tocar nuestra mente y nuestro corazón? Esa es una pregunta que podríamos hacernos todos los que amamos inventar mundos y poblarlos de seres que toman su inspiración en lo que nos rodea, pero que guardan una vida propia. The Fall bien podría ser una película que nos habla de ello, aunque en realidad no pretende ser tanto una reflexión sobre los mecanismos de la narración, o de su impacto en nuestra psiquis, sino una celebración de la mentira y la locura, dos ingredientes básicos de todo creador de fantasías.

La segunda película de Tarsem Singh, The Fall tiene puntos en común con su anterior película, The Cell, una exploración de los abismos de la mente de un asesino en serie, que compensaba una narrativa simple con una imaginación visual como pocas veces se había visto. Si a The Cell se la podía acusar de parecer un prolongado anuncio publicitario de un perfume producido por un diseñador de alta costura, matizado, eso sí, por una demencia bastante atemorizante, The Fall podría ser víctima de las mismas críticas. Sin embargo, no son estas películas vacuas en donde la forma se come al contenido de la manera más sanguinaria. Este es uno de esos casos en los que, sin que quepa ninguna duda, la forma ES el contenido.

Algunos han querido emparentar The Fall con El Laberinto del Fauno, y es tentador hacerlo, pues ambas son fantasías que no niegan la oscuridad, sino que la asumen como parte esencial de lo que cuentan: no hay luz sin tinieblas, y mientras más rápido se aprenda eso, más fácil se pueden vencer los demonios. Pero en realidad más allá de eso no hay tantos parecidos, ni en lo estético ni en lo temático, y cada película recorre caminos muy diferentes.

The Fall cuenta la bella relación que se establece entre un doble de cine que tras un accidente ha perdido algo más que el andar, y una niña que convalece en el mismo hospital. La sinceridad de la interpretación de Catinca Untaru en el papel de la pequeña compañera del protagonista, es uno de los múltiples placeres que depara una película totalmente inusual en el panorama del cine actual. Pero aparte de eso, la película también corre muchos riesgos. Y es que para empezar, el guión no toma el camino fácil de narrar una historia a la manera tradicional, guiándonos por caminos establecidos, sino que nos deja a merced de las olas en mar abierto: toma caminos sin salida, vaga de un lado a otro, se corrige a sí mismo... Y todo porque la película no cuenta sólo la historia de los dos personajes dentro del hospital, sino que también nos hace partícipes de la historia que el actor le cuenta a la niña. No se puede decir que una sea más fuerte que la otra, porque en este caso la fantasía es tan importante como la vida real, y la una no podría existir sin la otra. Otra película que se inventaba sí misma a medida que iba desenvolviéndose era The Lady in the Water, de M. Night Shyamalan. Pero si esa era un ejemplo de cómo las cosas pueden salir mal cuando se improvisa un cuento cada noche antes de dormir y se lleva a la pantalla, The Fall sabe salir airosa del desafío en su mayor parte. Por supuesto que una película que desdeña la narrativa tradicional y se centra en apabullar al espectador con el más bello todavía corre el riesgo de perderlo en cualquier momento, pues no cuenta con un ancla que lo sostenga firmemente a la historia. Y pasa por momentos, pero nunca nos pierde, y si le ponemos un poquito de atención, nos recompensará ampliamente.

¿Pero de qué trata todo? Sería imposible hacer un recuento de la trama, pero baste saber que reune a varios personajes disímiles, casi una League of Extraordinary Gentlemen (uno de los personajes es nada menos que Charles Darwin), para llevar a cabo una misión arriesgada que no será precisamente un jardín de rosas. Y es que si la película comienza como una celebración de la fantasía y la imaginación, plagada de imágenes de ensoñación y un sense of wonder como hacía tiempo no veía, luego da un giro hacia el dolor de la realidad, y esa fantasía empieza a hundirse en las heridas de un corazón roto. Y ambos lados del espejo se entremezclarán, cada uno influyendo en el otro de manera decisiva.

Una celebración de la imaginación, de las historias, del cine (sólo al final comprenderemos totalmente por qué se llama The Fall), la película de Tarsem puede gustar o no, pero creo que es absolutamente necesaria de ver, en un mundo que nos agobia con la pesadez de la realidad y con una cartelera cinematográfica funesta. Les aseguro que pocas veces habrán visto una película como esta, y que por muy escépticos que sean, no podrán negar la fuerza que tienen algunas de sus imágenes. Un soplo de aire fresco cuando parece que las historias se repiten así mismas una y otra vez en la misma forma que siempre.



El trailer de la película, para que se antojen.

I'm an eighties fan

Posted on junio 30, 2008 - 1 comentarios -

The Keep, Dir. Michael Mann, 1983

Antes de Heat, antes de Manhunter, antes incluso de Thief, Michael Mann dirigió esta película, suerte de cruce entre película de terror y bélica, que no acaba de cuajar muy bien y hace aguas aunque tenga algunas virtudes. Un grupo de soldados alemanes en plena segunda guerra mundial llega a una villa rusa, sólo para encontrarse un misterioso castillo temido por sus habitantes, y que parece ocultar una gran fuerza. Claro, no falta el bruto que, pese a las advertencias, tenga que perturbar a ESO que está oculto en el castillo. Además llega un oficial de las SS, bastante sádico, que empieza a acabar con la gente del pueblo, convencido de que son partisanos quienes se esconden tras todo. Y también hay un par de judíos que son traídos para que descifren el misterio que hay detrás de todo. Y una especie de ángel que va a enfrentarse con la entidad malvada que acaba de ser despertada. ¿Confuso? La película tiene de todo, y no sabe si inclinarse por una historia o por otra. El reparto de lujo (Jurgen Prochnow, Gabriel Byrne, Ian McKellen, Scott Glen) hace que además te aferres a los personajes esperando algo de ellos, pero estos a veces se limitan a deambular y son olvidados por largos períodos de tiempo, y al final no sabes de qué trata todo, si de los soldados, del personaje de McKellen, de la entidad sobrenatural, o qué pitos toca Scott Glenn en todo esto.

La atmósfera del film es soberbia, eso sí. La escena en que los soldados acaban despertando al morador del castillo es de una sensibilidad especial: asombrosa, incluso con algún toque de violencia gráfica perturbadora, gracias a un ritmo bien controlado y a una iluminación de otro mundo. Y la música merece capítulo aparte. Por un lado es sobre quien recae la mayor responsabilidad de controlar las emociones, labor que cumple a la perfección, pero por otra es tal vez demasiado consecuente con los demás aspectos del film y acaba por no pegar demasiado bien con lo que pasa en pantalla. ¿De quién es? De Tangerine Dream, así que ya saben que es una especie de mezcla psicodélica semi new age y semi ochentera. Mann la usaría de nuevo, esta ve sí dando plenamente en el clavo, cuando dirigiera otro clásico muy atmósferico, Manhunter. Pero aquí no acaba de ser lo ideal.

En fin, a pesar de todo, la película es entretenida como para pasar una tarde con amiguetes, pero no lo que se espera de un tipo con un talento increíble, y que luego nos daría algunos de los clásicos del cine reciente. Divertidilla.

Nomads, Dir. John McTiernan, 1986

Uno de los grandes directores de cine de acción es John McTiernan, director de obras maestras, aunque a más de uno le pese y diga que no, como Die Hard y Predator, esta última especialmente de mi agrado por ese final salvaje sin diálogos repleto de bestialidad primaria. McTiernan tuvo su apogeo en los ochenta y hasta mediados de los noventa, pero poco a poco entró en crisis hasta convertirse en un recuerdo. Muchos de esa época cayeron igualmente, pero algunos sí se lo merecían: Stephen Hopkins, Russell Mulcahy, Renny Harlin... Todos con ocasionales momentos de grandeza, y ahora en subproductos al servicio de viejas glorias, generalmente directos a video.

La primera película de McTiernan fue Nomads, donde no se anticipaba todavía ese director muscular que vendría luego. Nomads es una película que cabalga entre el terror y la fantasía urbana, con un Pierce Brosnan post Remington Steele, y una historia un poco extraña. Un antropólogo descubre una extraña tribu urbana de nómadas, que resultan ser... bueno, algo más de lo que parecen. Pero el descubrimiento le costará caro.

De nuevo nos encontramos ante una película clásicamente ochentera, con atmósfera extraña, similar en algunos aspectos a la de películas de Michael Mann en ese mismo tiempo. Sin embargo, ese clima pareciera ser más una especie de espíritu cinematográfico de la época, más que el descubrimiento de un solo director. No es sino recordar películas como To Live and Die in L.A., de William Friedkin, en donde sentíamos cosas similares. Obviamente estamos en terrenos ajenos al policíaco. Esto es fantasía, y ciertos momentos se inclinan por el género de manera más clara. Por ejemplo, ese paseo que lleva a Brosnan a un peculiar convento que nos sabemos si existe o no, o si está en esta dimensión o no. Una secuencia interesantísima, que lamentablemente se deja de lado en favor de explicaciones (un poco) más convencionales.

Un poco mejor que The Keep, lo que hace imperfecta a la película es el hecho de no explotar del todo las ideas presentadas, aunque esa ambigüedad a la hora de explicarlo todo también le hace sumar puntos. De nuevo nos encontramos ante una obra entretenida, y con aciertos visuales, pero que no logra cuajar del todo.

Las dos películas son buenas muestras de un cine de los ochenta que ya no se hace, o que se hace más en circuitos independientes. Un cine comercial, pero sin renunciar a intereses más personales, menos de fórmula. Y al menos nos pueden dar una tarde entretenida, aunque no demasiado trascendente.

Mirrormask, Dir. Dave McKean, 2005

Posted on febrero 21, 2007 - 0 comentarios -


Neil Gaiman es uno de mis escritores favoritos, y sus cuentos para niños, ilustrados por su colaborador Dave McKean me parecen sencillamente estupendos: estrafalarios relatos llenos de absurdas sorpresas y exentos de la ñoñez de algunos ejemplos de literatura infantil. Casi cualquier cosa que hagan despierta mi interés inmediato, aunque sea sólo para asomarme por un momento a otro mundo. Naturalmente cuando me enteré de que estaban colaborando en una película, uno como guionista y el otro como director, mi curiosidad se despertó. Y aún más al saber que iba a ser producida por la factoría de Jim Henson.

El resultado, Mirrormask, es un fallido experimento no carente de espléndidos resultados. La dirección de McKean no es particularmente sobresaliente, sino más bien funcional, pero visualmente, en la recreación de esos mundos aberrantes, es donde la película brilla por encima de cualquier cosa que se haya hecho. El guión es endeble, pues es demasiado lineal: una sencilla historia de una niña que entra a otro mundo, dominado por la oscuridad, donde debe encontrar el objeto mágico que restablecera el orden. Hay interesantes paralelismos entre lo que ocurre en el mundo de fantasía con lo que ocurre en la realidad, pero la historia es bastante predecible y nos debemos conformar con apreciar una gran cantidad de "eye-candy" o golosinas para los ojos, que, si bien no es poca cosa, podría habernos dado mucho más.

De cualquier manera, amerita un visionado, porque aunque hay que tenerle algo de paciencia y no perdura emocionalmente en la memoria, la vista es agradablemente tratada por las imágenes de este film. Tal vez en la próxima que hagan podamos ver la obra maestra que todos esperamos de esta pareja creativa.

PS. Jim Henson anunció el rodaje de tres producciones más, basadas en libros infantiles, uno de los cuales es una obra de... ¡Edward Gorey!

Más de la cartelera

Posted on octubre 12, 2006 - 0 comentarios -

Monster House, 2006, Dir. Gil Kenan

Ustedes ya conocen mi afición por las historias infantiles, sobre todo por las que usan la verdadera esencia de los cuentos de hadas: esa oscuridad, esa batalla entre el bien y el mal en lugar de ser simples cuentos edulcorados para niños pusilánimes... Por eso me atrajo desde un comienzo la historia de La Casa de los Sustos, película que por ocupaciones varias no pude ver sino hasta la semana pasada.

Algunas quejas de ciertos padres sobre su contenido supuestamente terrorífico (con ese título hay que ser muy idiota para no saber de qué trata) me hizo pensar que íbamos por buen camino, que esa oscuridad iba a estar presente. Sin embargo, después de verla puedo decir que la película carece de un verdadero clima de terror, y a pesar de que ciertas escenas pueden dar la impresión de que estamos ante una película de terror para niños, a medida que pasa el tiempo nos damos cuenta de que es en realidad una historia de aventuras con ribetes terroríficos.

Empecemos con lo bueno. Técnicamente la película es impecable. La animación es sorprendente y consigue unas tres dimensiones muy realistas. Por momentos cuesta creer que nada de eso existió en el mundo real, que no eran modelos a escala en algún estudio, sino imágenes en un computador. La expresividad de los personajes es magnífica, y algo que pocas veces llama la atención en una película de animación como son los ángulos de cámara, aquí es tratado excepcionalmente. Sin embargo, por el lado de la historia ya hay algunos peros. El personaje principal es un niño del que poco sabemos y que se caracteriza muy levemente. Es cierto que la acción comienza bastante temprano, pero se sacrifica la profundidad del personaje con el afán de mostrar aventuras. Los únicos momentos con verdadero corazón que se pueden sentir son aquellos en que se relata el pasado del viejo Nebercracker, instantes bonitos y tristes, trágicos pero mágicos. El resto del tiempo lo ocupa la comedia, que logra arrancar sonrisas, pero que no engancha al espectador, y algunos momentos estilo "montaña rusa" o (obviamente) "casa de los sustos", casi terroríficos pero en realidad simplemente emocionantes. Claro que los niños estarán en desacuerdo conmigo. A propósito, qué diferente es ver una peli con niños en la sala: mientras estos participan de la película, los adultos parlanchines que van a ver cine "para mayores" hablan por celular y comentan chorradas en voz alta, distrayéndolo a uno de la historia.

La película cae en algunos lugares comunes, sobre todo a la hora de la comedia, usando ciertos personajes esquemáticos, típicos de las películas para niños, pero también logra redimirse en otros instantes, sobre todo al retratar esa edad en que los adultos joden a los niños sin que puedan hacer nada al respecto, así que quedamos con una obra que es entretenida aunque no llegó a ser lo pudiera haber sido. De nuevo, a esperar Coraline a ver qué nos trae. Eso sí, qué diferente es La Casa de los Sustos a toda la avalancha de películas de animalitos que nos invade. ¡Todas iguales! ¡Ya basta!

Lady in the Water, 2006, Dir. M. Night Shyamalan

¿Qué pasa cuando un director de Hollywood decide ignorar toda convención y hacer su película como le da la gana? Cualquiera que haya leído algo sobre escritura de guiones se habrá dado cuenta de la manera ya patentada, cual fábrica de donuts, que tienen los norteamericanos de escribir sus películas. Funciona, por supuesto, pero también hay otras maneras de contar historias. Con esa "fórmula" se garantiza una película que agarre al espectador más o menos decentemente, y no es sino que se sienten a ver cualquier comedia romántica para darse cuenta de que por mucho que la odien, mantiene cierto interés. M. Night Shyamalan es el director de quien hablamos. Sus anteriores películas poseían todas las reglas del cine de Hollywood (lo que no es malo por sí solo), pero han ido abandonando paulatinamente esos esquemas para llegar a ser obras donde el director hace, literalmente, lo que le da la gana. Teniendo en cuenta que su cine ya tenía ciertas características personales... ¿se ha convertido en un autor, dándole la espalda a Hollywood? ¿Debería esta película juzgarse por tales parámetros y no por los del cine comercial?

Vamos a ver... Sexto Sentido fue una gran película que nos descubrió a alguien que sabía cómo jugar con las reglas. El Protegido fue una injustamente infravalorada mezcla de mitología y cómic, con el ya patentado giro sorpresa al final. Señales dejó de lado ese final sorpresa y se concentró en contar una buena historia de extraterrestres desde una perspectiva más intimista. Pero con The Village vimos a un director que empezaba a creerse demasiado su propio cuento y que, a pesar de crear una película magníficamente dirigida, en últimas se olvidó de contar una historia coherente, basándose sólo en el giro final, que además se olía a kilómetros. Aún así se podían rescatar algunos instantes valiosos del film. Ahora llega La Dama en el Agua, la película que hizo que Shyamalan abandonara Disney después por unos comentarios sobre algunos problemas en el guión y podemos comprobar lo que pasa cuando un director se olvida de todo y hace una obra demasiado personal sin tener en cuenta lo que otros dicen. A veces los molestos productores funcionan como el polo a tierra de los megalómanos.

De entrada, este no es un film de suspenso o terror, como los anteriores, sino una fábula, un cuento de hadas. Shyamalan, director, guionista y productor de la cinta, confiesa que nació como un cuento para sus hijas, inventado sobre la marcha. Y créanme que se nota. Si bien las estructuras narrativas no tienen por qué ser dogmas grabados en piedra, hay que elegir la forma adecuada para cada historia, y en una película de estas características ese estilo casi stream-of-consciousness echa por tierra gran parte de la efectividad. Como las reglas se van inventando sobre la marcha, no hay acumulación, no hay suspenso, no hay efecto dramático, sólo instantes hilvanados por una suerte de historia que se rearma a cada momento. No hay giros en la trama, sino avances y retrocesos, equivocaciones y correcciones, pero nada remotamente parecido a un gancho que nos atrape. El espectador queda a su propio rumbo y debe poner mucho de su parte para no aburrirse. Y aquí está uno de los dilemas: ¿Es malo dejar al espectador en ese estado? ¿Hay que darle todo masticado para que no se aburra? El problema no es tanto ese, sino que a pesar de todo, la historia no logra cuajar, no juega limpio con el espectador y le cambia las reglas de un momento a otro. Cuando cualquier cosa puede pasar, abandonamos el interés por involucrarnos en la película. Ese estilo puede funcionar mejor en ciertas historias, pero en esta definitivamente no lo hace. La trama además está contada por la boca de los personajes. Se convierte a veces casi en un cuento narrado por ellos, en el que no hay hechos sino palabras, disminuyendo la acción terriblemente. Otro detalle que apunta a los delirios de grandeza del director es que pasa de los cameos hitchcockianos a darse a sí mismo un papel importante. Nada menos que el de un escritor incomprendido llamado a influir en generaciones posteriores con su obra. Y eso huele un poco a ego inflado. Además de lo mencionado, su estilo minimalista, otrora perfecto para sus historias, se convierte aquí en una molestia, pues rompe el ritmo y el suspenso, ya de por sí maltrechos. Sus encuadres estáticos rodean de misterio lo que definitivamente no tiene ninguno, y le da a la historia una lentitud mayor de la necesaria, cuando no hay nada detrás que pueda inquietarnos.

No todo es malo. Algunos momentos de autorreflexión cinéfila son brillantes y obligan al espectador a pensar en lo que está viendo. La música de James Newton Howard crea el ambiente que se busca, delicado y a veces oscuro. Y la fotografía de Christopher Doyle es acuática, azulada, fría... perfecta en definitiva para un cuento de un ser venido del mar. La historia en el fondo tiene sus méritos. Aunar la mitología a la vida real da como resultado algunos momentos mágicos, pero estos no alcanzan a levantar la película del todo. Las resonancias que se consiguen al acudir al mito como forma sobre la cual modelar un guión siempre dan como resultado algo interesante, y en ese caso se confirma la regla. Si tan sólo hubiera contado con un guionista más experimentado probablemente la película hubiera sido más entretenida y hubiera logrado un mayor efecto en los espectadores, sobre todo porque en el fondo el autor sí busca dejar una moraleja. Lamentablemente, así como está, es un pescado a medio cocinar.

PS. Pecado mayor: Bryce Dallas Howard se pasa la película casi desnuda... ¡y no se le ve ni siquiera una nalga!

Nacho Libre, 2006, Dir. Jared Hess

Escuela del Rock fue una excelente comedia. No he visto Napoleon Dynamite, pero viene precedida de los mejores comentarios. Era lógico pensar que si el equipo detrás de cada una de ellas se unía, el resultado podía ser genial. Pero como ya vamos aprendiendo, cualquier película con un título descabellado nunca estará a la altura de lo que promete. Y Nacho Libre no es la excepción.

El problema radica, de nuevo, en el guión. La comedia high concept, esa que se basa en una premisa que se puede resumir en una línea sorprendente (un cura se hace luchador para ganar dinero para los huérfanos), necesita de un guión que la apoye, o de lo contrario sólo se tendrá un trailer. Y así ocurre en este film. La acción es lenta y parece un meandro, girando, dando vueltas, en lugar de ir al grano. Otra vez, el protagonista no nos importa demasiado, no nos cautiva. Sí, hay una gran cantidad de absurdo, pero este no funciona, y la historia, a pesar de estar escrita por Mike White, quien cuenta con una buena trayectoria, nunca se centra en lo que de verdad importa.

Ahora, como cosa curiosa hay que decir que Wes Anderson está creando escuela. ¿Pruebas? Nacho Libre es una historia contada a punta de episodios levemente hilvanados, con composiciones visuales bonitas a la vez que planas, música elegantemente elegida, humor deadpan, con protagonistas perdedores... Jared Hess, el director de esta, parece ser un alumno aventajado. Lamentablemente lo que funciona en los films de Anderson no lo hace en esta película, y ni siquiera Jack Black puede salvarla, y eso que parecía imposible, pues el hombre es hilarante por sí mismo.

Cuando una comedia debe llegar al humor de pedos y caídas sin gracia para arrancar sonrisas a los espectadores, es síntoma de que va muy mal. Y en Nacho Libre, una película que de verdad quería que me gustara, que tenía todos los boletos para ser una ganadora, ni siquiera el slapstick más grueso sirve de algo. Al final pierde máscara y cabellera.

Cuatro pelis que vi en cine en estos días

Posted on octubre 05, 2006 - 0 comentarios -

Actualicemos el blog con un puñado de películas recién pasadas por la cartelera.

Empecemos con Oldboy (2006), del coreano Park Chan Wook (por cierto, qué buen cine se está haciendo en Corea). Algún crítico con poquísima imaginación lo llamó "el alumno aventajado de Tarantino", y la verdad es que, aparte de su uso extremo de la violencia, no hay rastro del director norteamericano en la obra del coreano. Y si acaso, porque Tarantino la usa como espectáculo, pero Wook la usa para sacudir al espectador. Después de debutar con el (bastante comercial pero bastante emocionante y bueno) thriller JSA: Joint Security Area, y luego de tomar un sendero más personal con Sympathy for Mr Vengeance, Wook continúa su discurso sobre la venganza con Oldboy, un thriller envenenado, que esconde mucho más de lo que aparenta, y de igual manera parece más profundo de lo que en realidad es. La historia de un hombre secuestrado durante 15 años, sin motivos conocidos, y que luego es liberado para que encuentre las razones de ello, es sin duda poderosa y da para mucho. El director no desaprovecha nada, y en una explosión de creatividad experimenta con todo lo que se se le pasa por la cabeza, desde lo visual hasta lo dramático, escupiendo ideas a la pantalla a una velocidad impresionante. El resultado es un fuerte film, visceral y revulsivo, que te deja mascando por días las múltiples ideas de lo que acabas de ver. La mezcla es realmente impactante, y en un arranque de poca imaginación, como la del mentado crítico del principio, podríamos decir que estamos ante una mezcla de Tarantino con Almodóvar. Oldboy es una especie de melodrama exacerbado con tintes de violencia sádica, mezclado con toques de thriller convencional y que da como resultado algo que no se ve con frecuencia. Wook, en lugar de preocuparse por el simple espectáculo, de conformarse con mostrar una venganza, muestra las consecuencias de ella... PERO, no crean que estamos ante una clase de filosofía y moral humana. Oldboy muestra lo que ocurre después de una venganza, así como su complejo aparato. No es esta una película del Vengador Anónimo, pero tampoco es un análisis del comportamiento humano. Esto sigue siendo una película. Un segundo visionado hace que gran parte de la fuerza inicial se diluya, pues parte del encanto reside en estar tan confundido como su protagonista e ir descubriendo poco a poco lo que ocurre. Pero eso no resta poder a las imágenes que a todos se nos quedaron grabadas: la extracción dental a punta de martillo, la cortada de lengua, la pelea en scroll lateral... Y los momentos en que la violencia no es física sino emocional. El final, sin duda es el mayor de ellos.

Una gran película, con algunos fallos (mínimos), pero con tanta energía que es innegable su fuerza a pesar de ellos.

Por el lado del terror, Silent Hill (2006) casi que da en el blanco y se suma al grupo de películas que este año han dado buenas sorpresas terroríficas. Para el espectador medio la historia puede naufragar por momentos, pero para el que está curtido en el cine, el deleite verdadero viene de las imágenes que Christophe Gans ha sabido conjurar. Casi al igual que con ciertas obras de Fulci y Argento, Gans ha logrado una obra en la que lo importante es lo que vemos y sentimos, no tanto lo que nos cuentan. La historia sirve como apoyo a las perturbadoras imágenes que nos muestran, y como tal debemos aceptar el film: como un tour por el infierno. De verdad que son tan pesadillescas las secuencias en las que muestran las criaturas de tan particular Hades, que para mí es una de las más grotescas recreaciones cinematográficas del infierno. Y como tal la recomiendo, para inquietarse con unos demonios que jamás habríamos imaginado, y que por ello resultan más aterradores. Del guión no hay mucho qué decir, es bueno, cumple, pero tampoco es la maravilla. Como dije, uno viene a esta peli a ver cosas feas. Y vaya si las recibe. Recomendadísima, pero ya saben a qué atenerse.

La secuela de Piratas del Caribe, Dead Man's Chest (2006) es casi tan buena como su predecesora, pero por momentos se arriesga demasiado con el espectáculo olvidando su esencia dramática. Vayamos por partes. La anterior, La Maldición del Perla Negra, nos daba los combates de espadas de rigor, pero también nos sorprendía con giros inesperados, con una buena trama y buena fuerza dramática que iba más allá de una simple búsqueda. En esta secuela, como los personajes ya están presentados, la acción comienza de inmediato. Y normalmente no hay nada malo en ello, pero en esta ocasión olvidan caracterizar más a los personajes y nos tienen de persecución en persecución demasiado rato. Adiós drama y hola espectáculo desenfrenado. Sin embargo la película se defiende. Es capaz de dar bastante a pesar de ello, y la introdución de nuevos personajes y situaciones hace que olvidemos un poco el afán con que ocurre todo. La recreación de toda esa mitología pirata, con mostruos marinos incluidos, y añadiendo toques sobrenaturales, hacen de la película un deleite, con baches, pero entretenido, en todo caso. Y por supuesto está ese final, tan maravilloso que, al menos a mí, me hizo querer estar presente en la tercera parte. No tan buena como la primera, por sus problemas de ritmo y guión, pero bastante entretenida sí que es. Habrá que pasar por la tercera a ver cómo se resuelve el entuerto.

Y finalizamos con Miami Vice (2006), que en contra de lo que parece, no tiene nada que ver con la serie. Bueno, sí, Michael Mann y el nombre de los personajes, pero de resto podría haberse llamado de otra manera. Eso no importa, y si esperaban un festín de tonos pastel, y encima, que funcionara veinte años después, seguramente tienen un desactualizado sentido de la moda. Mann, un director que pudo haber sido policía por la verosimiltud de los procedimientos mostrados en sus películas y series, hace aquí de un simple procedimiento policial, un absorbente thriller que crea su propia estética cool, sin caer en las de otros. Esta podría ser una mezcla de Heat y Collateral, dos pelis anteriores del mismo director, la primera de ellas toda una obra maestra con Robert DeNiro y Al Pacino. En esta el guión no se llena de giros y sorpresas. Sólo hay momentos de mayor o menor tensión, pero en ningún momento bolas curvas que descoloquen al espectador. Algo que puede llegar a molestar, sin embargo, es el exceso de pose cool de sus protagonistas, pero a mí eso no me inquietó mucho. Si bien me parece un poquitín increíble que estos policías sepan manejar avionetas y lanchas tan fácil, cuando se deja de lado lo glamouroso y se pasa a la acción, las cosas se hacen muy fuertes. Tiroteos reales, sensación de verdadero peligro... En fin, una buena peli a pesar de algunos detalles de empaque. Pero insisto en que esa mezcla de realidad con celofán es interesante. Y lo que equilibra, y siempre lo ha hecho en el cine de Mann, es que no hay sólo acción, sino que se muestra a los personajes en su intimidad, y si bien esos momentos pueden parecer inútiles a algunos, para mí es lo que hace la diferencia con el resto de películas de polis y ladrones, impersonales y hechas en serie.

De todito... (Y qué pena la demora)

Posted on marzo 26, 2006 - 0 comentarios -

Los Hermanos Grimm, 2005, Dir. Terry Gilliam

Terry Gilliam más Hermanos Grimm. Eso suena como una combinación hecha en el cielo, ¿no? Desafortunadamente el guión escrito por Ehren Kruger no hace todo el buen uso de entremezclar realidad con ficción, y cuando los cuentos de hadas hacen aparición furtiva en la vida de los mentados hermanos, lo hacen como apenas una anécdota, en lugar de haberlo hecho de una manera más satisfactoria. Kruger es uno de los guionistas más ocupados actualmente en hollywood, habiéndose hecho cargo de las dos partes de El Aro y de La llave maestra, pero aquí se despista y nos ofrece una primera mitad en la que no sabemos muy bien hacia donde vamos, y es sólo cuando ya hay un propósito para los protagonistas que nos interesamos en la historia. Visualmente la historia es un deleite, con el habitual estilo barroco y exagerado de Gilliam, usando esos encuadres extraños y los lentes de gran angular que deforman la relidad hasta convertirla casi en una caricatura. Los decorados y en general todo el aspecto visual es muy bonito, pero hay que fijarse en ello, olvidándose de lo que realmente nos trajo a la sala de cine, que es la historia. Eso sí, cuando la imaginación se desborda, como el caso de la niña a la que se le borra la cara, o la recreación de ciertas escenas de cuento, la película paga la boleta (al menos para mí).

No es una gran película, pero como dijo alguien por ahí, un Gilliam aguado es mejor que ningún Gilliam.

Para los aficionados a Gilliam y a los cuentos de hadas que no quieren estar muy exigentes.

What the bleep do we know?, 2004, Dir. William Arntz, Betsy Chase

Un documental que entremezcla física cuántica, la consciencia humana y Dios, es algo que de entrada atrae mucho. Si bien sabía que su imparcialidad era algo cuestionable pues los directores parecían introducir algo de propaganda pro organización religiosa, en todo caso estaba bien animado. Pero después de verlo confirmé mis sospechas.

Para empezar, el documental parece algo así como física cuántica y consciencia humana para dummies. Si se ha leído un poco sobre la materia, no hay mucho que profundice en el tema, pero al menos sirve para iniciar en algunas cuestiones a quien no lo ha hecho: la manera en que afectan los pensamientos la realidad, probabilidades vs realidad, qué es Dios realmente, si existen universos alternativos... Sí, muy de ciencia ficción, pero estamos hablando de cosas reales, experimentadas en laboratorio.

Mi mayor objeción es que a veces el hálito de Nueva Era más molesto se cuela y se atraviesa en el buen curso del relato, perdiendo un pco la imparcialidad y dejándose llevar por la especulación, las buenas intenciones y las posibilidades que se vislumbran. No me molesta la nueva era, cuando no hace afirmaciones estúpidas, pero cuando se convierte en algo light, que promete el paraíso sin esfuerzo, luz sin sombras... ya la cosa se pone aburrida. Las imágenes del documental (que se halla entrelazado con una muy regular historia que ilustra lo que se dice, protagonizado por Marlee Matlin) parecen salidas de una propaganda de seguros de vida, y en algunos momentos sentí auténtica verguenza ajena por ciertos numeritos pendejos, como una boda que degenera en danza chorra de abuelitos polacos y saltimbanquis.

Ahora, creo que aunque hay afirmaciones que despiertan mis suspicacias y objeciones, hay que ver más allá de las apariencias, porque se plantean ciertas preguntas muy inquietantes, ciertos cuestionamientos a la relidad y a algunos paradigmas que aceptamos como verdades y que valdría la pena repensar. Como se dice al final, no lo acepte como una verdad, póngalo a prueba. Creo que eso es más aceptable que negar algo sólo por cómo suena, pues muchas veces esa supuesta mente abierta de la racionalidad sólo nos encasilla en otra clase de paradigma: si antes reinaba la religión por encima de la ciencia, ahora lo que no se ajuste a la visión científica es automáticamente negado, en lugar de ser cuestionado. ¿Cómo probar algo si de entrada se niega?

El documental vale como introducción, pero yo preferiría leerme algunos libros de algunos de los entrevistados, como Amit Goswami o Fred Alan Wolf, científicos de renombre que han encontrado extraños paralelos entre la religión y la ciencia. Eso sí, algunas frases son bien buenas, como cuando un teólogo dice que "El decir que Dios es alguien que está separado de nosotros y nos juzga según nuestro comportamiento y obediencia es una blasfemia contra lo que verdaderamente es Dios".

Para oír algunas opiniones que podrían abrirnos la mente y algunos conceptos revolucionarios a pesar de su apariencia light.

Ride Lonesome, 1959, Dir. Budd Boetticher

El western es uno de esos géneros que provee de disfrute infantil a quien se acerque a él. Obviamente también hay películas serias y meditativas, pero una buena parte de su encanto proviene del simple hecho de ver estereotipos haciendo lo que uno conoce, pero en formas inesperadas. Uno de los directores de western que nunca tuva la ambición de hacer grandes obras épicas fue Budd Boetticher, quien con sus westerns de serie B protagonizados por Randolph Scott y escritos por Burt Kennedy, creó un conjunto de películas altamente disfrutables y a la vez poco rutinarias.

Ride Lonesome cuenta la historia de un cazarecompensas que escolta a un prisionero hasta Santa Cruz, sabiendo que su hermano aparecerá para rescatarlo. Por el camino se le unirá un viejo bandido y su compañero, y una dama a quien le han asesinado su marido. La historia comienza desde el primer minuto, con la captura del forajido, y nunca decae en ritmo. Tiene las pausas que se esperan, pero la progresión dramática no para. Es uno de esos guiones ajustados, que no pretende explorar las intimidades de los personajes sino mostrarlos en acción. Randolph Scott, el protagonista, compone un rol lacónico, no tanto como los de los spaghetti western, pues aquí aún se conserva un poco la clase de personajes que caracteriza al western americano, pero sí es rodeado de un aura de misterio y dureza, mas no de cinismo. Lo mejor de todo es que el guión no es tan lineal como pudiera parecer, y alguna sorpresa sobre viejas motivaciones y expectativas ante un futuro incierto entre los temporales compañeros de viaje es desarrollada para dar más sabor a una hisoria que podría parecer trillada en otra manos menos graciadas. Aparecen Lee Van Cleef antes de encontrarse con Leone, y James Coburn en un papel de bandido simpático aburrido de la vida al otro lado de la ley. Ningún personaje es malo-malo ni bueno-bueno, pero sus roles son claros: el malo es el malo y el bueno es el bueno. Todos son humanos aunque saben qué es lo que hacen y cómo deben comportarse. Algunas frases como puños son francamente deliciosas, y aunque no deja de ser un western de serie B, es una gran película, sin la magnificencia de Hawks o Ford, pero precisamente ahí está su encanto. Ah, y la imagen final, simbólica, amarga y que sugiere un descanso final a una vieja cuenta pendiente, es francamente poderosa.

Para los fans que quieren encontrar algo menos obvio pero igualmente bueno en un género muy dado a contar una y otra vez la misma historia.

Curse of the demon, 1957, Dir. Jacques Tourneur

El señor Jacques Tourneur... otro maestro dentro de la serie B, sólo recordado por uno cuantos que se aventuran a ir más allá de las obras maestras obvias, responsable de películas como Yo anduve con un zombie, La mujer pantera y ésta, La noche del demonio, todas con títulos que prometen un festín de horrores gráficos, y que al final dan sobre todo elegancia, atmósfera y sugestividad. Martin Scorsese fue enfático en afirmar que Cat People es junto a Ciudadano Kane la película responsable de haber creado un cine norteamericano más maduro.

En Curse of the demon un investigador busca respuestas sobre un culto satánico que al parecer ya se ha cargado a otro investigador mediante brujería. Claro está, todo esto es cuestión mental, sugestión... ¿o tal vez no? Pues bueno, la trama es otra de esas que lo mantiene a uno en vilo, avanzando continuamente, sin dejar tiempos muertos. Pero mejor aún es cómo investiga las raíces de las creencias sobrenaturales, cuestionando qué es mental, qué es una creencia y qué es algo real. Dana Andrews, el protagonista (sí... "Dana Andrews said prunes gave him the runes", en The Rocky Horror Pictures Show. Se refiere a esta peli) está un poco rígido, pero las demás actuaciones son excelentes, desde la compañera que no parpadea en toda la película, rubia y delicada, hasta el antagonista elegante y embrujador (en ambos sentidos de a palabra). La fotografía es asombrosa, de día es realista y clara, mientras en la noche, llena de sombras sin parecer expresionista, es tétrica, sugiriendo ese contraste entre el día, reino de lo convencional, y la noche reino de lo oculto. Ha habido mucho debate sobre si el monstruo se mostró a gusto del director (se dice que el productor lo introdujo contra su voluntad) y no falta el que se queje de que parece un muñeco (hey, eran los cincuenta, ¿qué quieren, infografía?) pero lo cierto es que no hay mayor problema con ello, y parece salido de esos grabados medievales sobre brujería con toda fidelidad. En definitiva, otra película delicada y terrorífica a la vez. No asusta de verdad, pero sí es hechizante.

Para ver muy buen terror que no cae en lo grotesco y prefiere la sutileza.

Las crónicas de Narnia

Posted on enero 22, 2006 - 0 comentarios -

The Chronicles of Narnia: The lion, the witch and the wardrobe, Dir. Andrew Adamson, 2005

Desde hace mucho me gustan los cuentos infantiles. No hablo de esas historias para los hiperactivos y deficientes de atención de hoy día, sino las clásicas de la literatura. Por ejemplo, si tuviera que elegir tres pelis infantiles, elegiría Belleza negra, El jardín secreto y La princesita, historias magníficamente filmadas, con una ambientación medio victoriana preciosa y un resultado final inmejorable. Por ello, y teniendo en cuenta que soy admirador de Tolkien también, era cuestión de tiempo que llegara a Las crónicas de Narnia. Y he de decir que no me defraudaron cuando las leí hace unos cuatro años, en una preciosa edición con portadas muy bellas. Y por ello al ver anunciada la primera parte de la saga al cine, me emocioné bastante. Lamentablemente, por cuestiones del destino, tardé dos semanas en ir a verla a cine, cosa harto rara en mí, que suelo ver estas cosas el primer día que se puede.

La primera impresión, antes de entrar a la sala y por los trailers que se han pasado de ella, es que estamos ante un Señor de los anillos en pequeñito, pero es un gran error esperar una aventura épica de tales proporciones, empezando porque el libro no lo es. Es una película de aventuras, pero sin el componente épico, y eso se confirma cuando se leen las demás historias, que no tienen que ver tanto con batallas como con aventuras más clásicas. Además, esa primera parte en que los niños aún no conocen Narnia, y aún gran parte del metraje dentro de ella, defraudaría a un buscador de peleas. La película empieza con un segmento que no aparece en el libro, y es el escape de los niños a la casa donde encontrarán el armario, pues están en plena segunda guerra mundial. Si bien el segmento es muy bonito y está bien rodado, me pregunto para qué había que dar tanta explicación dramática. Se trata de justificar mucho cuando a mi parecer no había necesidad de ello. A mi juicio la película se arrastra durante un buen trecho del metraje gracias a que desde el guión no sentimos que los personajes estén realmente en peligro, sino que los vemos pasar por allí, sin que su asombro ante una tierra nueva esté realmente mostrado. No es que las actuaciones sean malas, porque los niños lo hacen bastante bien, más bien diría que es un problema del director y el guionista, que los ponen a sonreír ante un castor parlante como si lo hubieran visto cualquier día anterior. Durante todo este trayecto las escenas se tornan largas y pesadas en ocasiones, afectadas tal vez por el intento de ser fieles al libro, un síndrome que hacía de los dos primeros Harry Potter ladrillos literarios antes que interesantes películas (atáquenme fans del niño mago).

Pero bueno, para todo el que tiene paciencia y no se deja agotar, luego viene la recompensa y el verdadero drama aparece con el conflicto final, cuando los personajes revelan más de su naturaleza y se siente una mayor energía, propia de lo que ibamos a ver: una peli de aventuras. De ahí hasta el final las cosas sí son memorables y dejan un muy buen sabor de boca al salir del cine. La ambientación en todo momento es muy especial, llena de colorido, de detalles mágicos como las hojas de los árboles, Papá Noel, las figuras danzantes de la hoguera en casa de Tumnus... En definitiva el mundo de Narnia está muy bien recreado y no sólo logra serle fiel al libro sino que tiene vida propia. Por supuesto Aslan, interpretado por Liam Neeson, es tan sabio y majestuoso que se puede comparar con Gandalf en ocasiones, y cuando se despliega todo el arsenal de personajes fantásticos, la película realmente cobra vida. Destacaría la música, que en lugar de caer en lo obvio, se decanta en ocasiones por una especie de semi new age, similar a lo que hiciera Clannad con la vieja serie de Robin Hood que recordamos de nuestra infancia en los años ochenta.

En definitiva, a pesar de los defectos de una primera parte lenta y casi carente de aventura y emoción, la película se sostiene muy bien y sale digna. Quiero ver las siguientes, cosa que no me pasó con Harry Potter ni con la primera de la serie de Lemony Snicket. Es entretenida a pesar de todo, mágica y tiene ese toque infantil que tanto me agrada. Bienvenida la nueva moda infantil, tanto en lo literario como en lo cinematográfico.

Para cualquiera que quiera ver un poco de magia infantil muy bien realizada.