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The Fall, Dir. Tarsem Singh, 2006

Posted on noviembre 07, 2008 - 0 comentarios -

¿Por qué contamos historias? ¿Cuál es el poder detrás de eventos no ocurridos, pero que alcanzan a tocar nuestra mente y nuestro corazón? Esa es una pregunta que podríamos hacernos todos los que amamos inventar mundos y poblarlos de seres que toman su inspiración en lo que nos rodea, pero que guardan una vida propia. The Fall bien podría ser una película que nos habla de ello, aunque en realidad no pretende ser tanto una reflexión sobre los mecanismos de la narración, o de su impacto en nuestra psiquis, sino una celebración de la mentira y la locura, dos ingredientes básicos de todo creador de fantasías.

La segunda película de Tarsem Singh, The Fall tiene puntos en común con su anterior película, The Cell, una exploración de los abismos de la mente de un asesino en serie, que compensaba una narrativa simple con una imaginación visual como pocas veces se había visto. Si a The Cell se la podía acusar de parecer un prolongado anuncio publicitario de un perfume producido por un diseñador de alta costura, matizado, eso sí, por una demencia bastante atemorizante, The Fall podría ser víctima de las mismas críticas. Sin embargo, no son estas películas vacuas en donde la forma se come al contenido de la manera más sanguinaria. Este es uno de esos casos en los que, sin que quepa ninguna duda, la forma ES el contenido.

Algunos han querido emparentar The Fall con El Laberinto del Fauno, y es tentador hacerlo, pues ambas son fantasías que no niegan la oscuridad, sino que la asumen como parte esencial de lo que cuentan: no hay luz sin tinieblas, y mientras más rápido se aprenda eso, más fácil se pueden vencer los demonios. Pero en realidad más allá de eso no hay tantos parecidos, ni en lo estético ni en lo temático, y cada película recorre caminos muy diferentes.

The Fall cuenta la bella relación que se establece entre un doble de cine que tras un accidente ha perdido algo más que el andar, y una niña que convalece en el mismo hospital. La sinceridad de la interpretación de Catinca Untaru en el papel de la pequeña compañera del protagonista, es uno de los múltiples placeres que depara una película totalmente inusual en el panorama del cine actual. Pero aparte de eso, la película también corre muchos riesgos. Y es que para empezar, el guión no toma el camino fácil de narrar una historia a la manera tradicional, guiándonos por caminos establecidos, sino que nos deja a merced de las olas en mar abierto: toma caminos sin salida, vaga de un lado a otro, se corrige a sí mismo... Y todo porque la película no cuenta sólo la historia de los dos personajes dentro del hospital, sino que también nos hace partícipes de la historia que el actor le cuenta a la niña. No se puede decir que una sea más fuerte que la otra, porque en este caso la fantasía es tan importante como la vida real, y la una no podría existir sin la otra. Otra película que se inventaba sí misma a medida que iba desenvolviéndose era The Lady in the Water, de M. Night Shyamalan. Pero si esa era un ejemplo de cómo las cosas pueden salir mal cuando se improvisa un cuento cada noche antes de dormir y se lleva a la pantalla, The Fall sabe salir airosa del desafío en su mayor parte. Por supuesto que una película que desdeña la narrativa tradicional y se centra en apabullar al espectador con el más bello todavía corre el riesgo de perderlo en cualquier momento, pues no cuenta con un ancla que lo sostenga firmemente a la historia. Y pasa por momentos, pero nunca nos pierde, y si le ponemos un poquito de atención, nos recompensará ampliamente.

¿Pero de qué trata todo? Sería imposible hacer un recuento de la trama, pero baste saber que reune a varios personajes disímiles, casi una League of Extraordinary Gentlemen (uno de los personajes es nada menos que Charles Darwin), para llevar a cabo una misión arriesgada que no será precisamente un jardín de rosas. Y es que si la película comienza como una celebración de la fantasía y la imaginación, plagada de imágenes de ensoñación y un sense of wonder como hacía tiempo no veía, luego da un giro hacia el dolor de la realidad, y esa fantasía empieza a hundirse en las heridas de un corazón roto. Y ambos lados del espejo se entremezclarán, cada uno influyendo en el otro de manera decisiva.

Una celebración de la imaginación, de las historias, del cine (sólo al final comprenderemos totalmente por qué se llama The Fall), la película de Tarsem puede gustar o no, pero creo que es absolutamente necesaria de ver, en un mundo que nos agobia con la pesadez de la realidad y con una cartelera cinematográfica funesta. Les aseguro que pocas veces habrán visto una película como esta, y que por muy escépticos que sean, no podrán negar la fuerza que tienen algunas de sus imágenes. Un soplo de aire fresco cuando parece que las historias se repiten así mismas una y otra vez en la misma forma que siempre.



El trailer de la película, para que se antojen.

The Mask of Fu Manchu, Dir. Charles Brabin, 1932

Posted on abril 21, 2007 - 1 comentarios -















Los seriales (literarios, cinematográficos o radiofónicos), el pulp, los años treinta y cuarenta... No me tocaron, por supuesto, pero su influencia jugó un papel importante en mi afición al cine. O entonces digan qué es Indiana Jones sino la actualización de los seriales de esa época. Igual pasa con la reciente e infravalorada Captain Sky and The World of Tomorrow. Por ello me interesa indagar en las raíces del género, y así he llegado a La Máscara de Fu Manchú, basada en el personaje malévolo creado por Sax Rohmer. Protagonizada por Boris Karloff, la película tiene basantes ingredientes sacados del arsenal del pulp, a mencionar: escenarios exóticos, personajes arquetípicos, arqueología emocionante, espías, máquinas infernales, planes malvados... Lo malo es que el guión no hace mucho para que nos interese lo que pasa. La historia es que Fu Manchú desea la espada de Gengis Khan para conquistar el mundo con sus poderes, pero algunos británicos se le han adelantado y ahora él debe hacer de todo para arrebatarles el preciado tesoro. Todo ello en el escenario del lejano oriente, con sus fumaderos de opio y su misticismo. Pero los personajes van y vienen. Por ejemplo, a todos les da por ir donde vive Fu Manchú, acaban secuestrados, y el siguiente va a rescatar al primero. Y así, siga durante 67 minutos. Mientras tanto, el chino malévolo se dedica a someter a los secuestrados a curiosas torturas, como ponerlos debajo de una campana que suena día y noche o inyectarles venenos extraídos de animales ponzoñosos. Añadamos que la dirección es muy plana, sin movimientos de cámara que amplifiquen la acción, que podría haber sido más intensa. Además no hay música, y los personajes son malos clichés sin motivación alguna (excepto Myrna Loy, la hija de Fu Manchú, que sí es una delicia y que compone una femme fatale un poco simple, pero de una gracia maléfica innegable), y la decepción está servida.

Mucho se ha dicho sobre su racismo, y es cierto de alguna manera: los orientales son mostrados de una manera estereotipada, todos iguales, como unos bárbaros subdesarrollados que están allí para ser usados por los occidentales. Excepto los malos, claro. O sea que, o se es un tarado, o se es malvado por amenazar a occidente. Peor aún es que cuando se muestra un festín con invitados orentales, todos son mostrados como sedientos de venganza contra occidente, y, para colmo de males, se meten en un mismo saco a chinos, japoneses, mongoles... A mí me parece que es un racismo arcaico, inofensivo comparado con el que se puede ver hoy día, mucho más agresivo. Este lo que hace es reducir a un cliché toda una cultura, lo cual no debe ser muy bueno de ver que hagan con uno, pero en todo caso las cosas parecen más sencillas. Y a fin de cuentas hace parte de las normas del género. Es casi como el racismo de las primeras aventuras de Tintín, en el Congo o en América.

Una curiosidad, pero poquísimo más. Me recuerda un poco a La Sombra, con sus años cuarenta, su Tíbet místico, su nuevo Gengis Khan... Una peli que no pude terminar de ver porque me dió sueño, la verdad. A La Máscara de Fu Manchú ni Karloff la salva, aunque he de reconocer que su primera aparición me emocionó. Pero de ahí en adelante, la rutina se apodera de la trama y no hay nada realmente grandioso.

Cuatro pelis que vi en cine en estos días

Posted on octubre 05, 2006 - 0 comentarios -

Actualicemos el blog con un puñado de películas recién pasadas por la cartelera.

Empecemos con Oldboy (2006), del coreano Park Chan Wook (por cierto, qué buen cine se está haciendo en Corea). Algún crítico con poquísima imaginación lo llamó "el alumno aventajado de Tarantino", y la verdad es que, aparte de su uso extremo de la violencia, no hay rastro del director norteamericano en la obra del coreano. Y si acaso, porque Tarantino la usa como espectáculo, pero Wook la usa para sacudir al espectador. Después de debutar con el (bastante comercial pero bastante emocionante y bueno) thriller JSA: Joint Security Area, y luego de tomar un sendero más personal con Sympathy for Mr Vengeance, Wook continúa su discurso sobre la venganza con Oldboy, un thriller envenenado, que esconde mucho más de lo que aparenta, y de igual manera parece más profundo de lo que en realidad es. La historia de un hombre secuestrado durante 15 años, sin motivos conocidos, y que luego es liberado para que encuentre las razones de ello, es sin duda poderosa y da para mucho. El director no desaprovecha nada, y en una explosión de creatividad experimenta con todo lo que se se le pasa por la cabeza, desde lo visual hasta lo dramático, escupiendo ideas a la pantalla a una velocidad impresionante. El resultado es un fuerte film, visceral y revulsivo, que te deja mascando por días las múltiples ideas de lo que acabas de ver. La mezcla es realmente impactante, y en un arranque de poca imaginación, como la del mentado crítico del principio, podríamos decir que estamos ante una mezcla de Tarantino con Almodóvar. Oldboy es una especie de melodrama exacerbado con tintes de violencia sádica, mezclado con toques de thriller convencional y que da como resultado algo que no se ve con frecuencia. Wook, en lugar de preocuparse por el simple espectáculo, de conformarse con mostrar una venganza, muestra las consecuencias de ella... PERO, no crean que estamos ante una clase de filosofía y moral humana. Oldboy muestra lo que ocurre después de una venganza, así como su complejo aparato. No es esta una película del Vengador Anónimo, pero tampoco es un análisis del comportamiento humano. Esto sigue siendo una película. Un segundo visionado hace que gran parte de la fuerza inicial se diluya, pues parte del encanto reside en estar tan confundido como su protagonista e ir descubriendo poco a poco lo que ocurre. Pero eso no resta poder a las imágenes que a todos se nos quedaron grabadas: la extracción dental a punta de martillo, la cortada de lengua, la pelea en scroll lateral... Y los momentos en que la violencia no es física sino emocional. El final, sin duda es el mayor de ellos.

Una gran película, con algunos fallos (mínimos), pero con tanta energía que es innegable su fuerza a pesar de ellos.

Por el lado del terror, Silent Hill (2006) casi que da en el blanco y se suma al grupo de películas que este año han dado buenas sorpresas terroríficas. Para el espectador medio la historia puede naufragar por momentos, pero para el que está curtido en el cine, el deleite verdadero viene de las imágenes que Christophe Gans ha sabido conjurar. Casi al igual que con ciertas obras de Fulci y Argento, Gans ha logrado una obra en la que lo importante es lo que vemos y sentimos, no tanto lo que nos cuentan. La historia sirve como apoyo a las perturbadoras imágenes que nos muestran, y como tal debemos aceptar el film: como un tour por el infierno. De verdad que son tan pesadillescas las secuencias en las que muestran las criaturas de tan particular Hades, que para mí es una de las más grotescas recreaciones cinematográficas del infierno. Y como tal la recomiendo, para inquietarse con unos demonios que jamás habríamos imaginado, y que por ello resultan más aterradores. Del guión no hay mucho qué decir, es bueno, cumple, pero tampoco es la maravilla. Como dije, uno viene a esta peli a ver cosas feas. Y vaya si las recibe. Recomendadísima, pero ya saben a qué atenerse.

La secuela de Piratas del Caribe, Dead Man's Chest (2006) es casi tan buena como su predecesora, pero por momentos se arriesga demasiado con el espectáculo olvidando su esencia dramática. Vayamos por partes. La anterior, La Maldición del Perla Negra, nos daba los combates de espadas de rigor, pero también nos sorprendía con giros inesperados, con una buena trama y buena fuerza dramática que iba más allá de una simple búsqueda. En esta secuela, como los personajes ya están presentados, la acción comienza de inmediato. Y normalmente no hay nada malo en ello, pero en esta ocasión olvidan caracterizar más a los personajes y nos tienen de persecución en persecución demasiado rato. Adiós drama y hola espectáculo desenfrenado. Sin embargo la película se defiende. Es capaz de dar bastante a pesar de ello, y la introdución de nuevos personajes y situaciones hace que olvidemos un poco el afán con que ocurre todo. La recreación de toda esa mitología pirata, con mostruos marinos incluidos, y añadiendo toques sobrenaturales, hacen de la película un deleite, con baches, pero entretenido, en todo caso. Y por supuesto está ese final, tan maravilloso que, al menos a mí, me hizo querer estar presente en la tercera parte. No tan buena como la primera, por sus problemas de ritmo y guión, pero bastante entretenida sí que es. Habrá que pasar por la tercera a ver cómo se resuelve el entuerto.

Y finalizamos con Miami Vice (2006), que en contra de lo que parece, no tiene nada que ver con la serie. Bueno, sí, Michael Mann y el nombre de los personajes, pero de resto podría haberse llamado de otra manera. Eso no importa, y si esperaban un festín de tonos pastel, y encima, que funcionara veinte años después, seguramente tienen un desactualizado sentido de la moda. Mann, un director que pudo haber sido policía por la verosimiltud de los procedimientos mostrados en sus películas y series, hace aquí de un simple procedimiento policial, un absorbente thriller que crea su propia estética cool, sin caer en las de otros. Esta podría ser una mezcla de Heat y Collateral, dos pelis anteriores del mismo director, la primera de ellas toda una obra maestra con Robert DeNiro y Al Pacino. En esta el guión no se llena de giros y sorpresas. Sólo hay momentos de mayor o menor tensión, pero en ningún momento bolas curvas que descoloquen al espectador. Algo que puede llegar a molestar, sin embargo, es el exceso de pose cool de sus protagonistas, pero a mí eso no me inquietó mucho. Si bien me parece un poquitín increíble que estos policías sepan manejar avionetas y lanchas tan fácil, cuando se deja de lado lo glamouroso y se pasa a la acción, las cosas se hacen muy fuertes. Tiroteos reales, sensación de verdadero peligro... En fin, una buena peli a pesar de algunos detalles de empaque. Pero insisto en que esa mezcla de realidad con celofán es interesante. Y lo que equilibra, y siempre lo ha hecho en el cine de Mann, es que no hay sólo acción, sino que se muestra a los personajes en su intimidad, y si bien esos momentos pueden parecer inútiles a algunos, para mí es lo que hace la diferencia con el resto de películas de polis y ladrones, impersonales y hechas en serie.