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Låt den rätte komma in, Dir. Tomas Alfredson, 2008

Posted on agosto 10, 2009 - 1 comentarios -

El mito del vampiro ha servido en la historia del cine para toda clase de interpretaciones, desde la más obvia, la del monstruo que se alimenta de sangre, pasando por las clásicas interpretaciones sexuales, llegando hasta las variaciones psicoanalíticas del asunto. Let the Right One In (su título en inglés) podría calificarse como una variación más, pero yo me atrevería a ir un poquitín más lejos: lo que vemos no es una película de vampiros. Es una película sobre la entrada a la adolescencia, sobre sentirse alienado en un mundo demasiado normal. Que haya vampiros es simplemente una vuelta de tuerca, un aliciente más. Ahora, eso no significa que en el fondo, no estemos ante una película de vampiros. Lo estamos y con sus propias reglas.

Con una gélida estética que transmite las emociones congeladas de un tímido niño abusado por sus compañeros de colegio más gamberros, Let the Right One In nos cuenta cómo ese niño se hace amigo de una chica casi tan rara como él. No es que sea raro en verdad, pero pareciera que en este mundo cualquiera que se refugie en su mundo y no sea tan popular y dicharachero como la gente común, es ya un bicho raro. Y este solitario chico inmediatamente hará buenas migas con una chica que parece tener también problemas de soledad. La cuestión es que la chica guarda un gran secreto. ¿Cuál? ¡Obvio! ¡Es una vampira!

Como dije, lo que en realidad nos importa no son las correrías sangrientas, que las hay y de lo más variadas, sino la particular historia de amistad, y por qué no, de amor, entre los dos niños. Una bella historia que me pareció una mezcla de dos libros infantiles que leí cuando era pequeño: El Pequeño Vampiro, por obvias razones, y Ben Quiere a Anna, en donde se cuenta la historia entre amistosa y romántica de dos niños igualmente pertenecientes a una categoría de la sociedad infantil alejada de lo "cool". Estos dos libros, sobre todo el segundo, que era más un retrato realista de ese momento de la vida de todo ser humano en lugar de uno de aventuras, parecieran haberse fundido en uno sólo y dado como resultado esta película sueca. No busquen terror de por sí, ni sangre. Los hay, pero lo que hace valiosa la película es precisamente ver cómo se relacionan estos dos chicos, tan distintos y tan parecidos a la vez y que desembocará de una manera imprevista y totalmente satisfactoria, en un final sangriento y bellísimo, casi como de cuento de hadas.

Let the Right One In es otra de esas películas que demuestran que el terror también puede hablar de cosas importantes, sin por ello "lavarse las manos". El género puede ser puro y duro, y a la vez inteligente, sin por ello renunciar a transgredir, y siendo elegante de paso. En otras palabras, es una película redonda.

La Science des Rêves, Dir. Michel Gondry, 2006

Posted on abril 28, 2007 - 0 comentarios -

Normalmente, los directores muy personales, con mundos muy particulares, ajenos a lo que la mayoría tiene en su cabeza, suelen encontrar problemas para ser comprendidos por los productores, que buscan historias menos raras y más fácilmente digeribles. Y entonces se entabla la lucha entre los dos bandos, entre la creatividad y la comercialidad, entre el arte y la eficacia. Y es curioso comprobar como, cuando a esos directores arriesgados se les da carta blanca para hacer lo que les da la gana, suelen desbarrancarse en el mar de su propia imaginación, al sentirse libres de toda atadura que coarte su creatividad, como si fuera necesario un polo a tierra que les recordara que aquí estamos los espectadores, por muy eclécticos gustos que poseamos.

Eso casi, casi le pasa a Michel Gondry con su película La Ciencia de los Sueños. Gondry, con una legión de admiradores, que lo siguen por sus videoclips de otro mundo, debutó en la dirección cinematográfica de la mano de un guión de Charlie Kaufman. Human Nature era aquella primera película, donde salvo por algunos detalles, no se notaba mucho la mano del personal director. Una graciosa pero tímida comedia de personajes en situaciones realmente inverosímiles, dio paso a una maravilla como fue Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos. Kaufman tejía un guión en donde mezclaba sus habituales ideas descabelladas con una menor dosis de patetismo de la que suele hacer gala. Ese mismo patetismo que hizo que me resultaran tan insoportables Confesiones de una Mente Peligrosa, ¿Quieres ser John Malkovich? y El Ladrón de Orquídeas a pesar de su innegable dosis de imaginación. Eterno Resplandor era una obra madura donde se encontraba un equilibrio entre escritor y director, donde cada uno aportaba lo mejor de sí mismo sin llegar a extremos de autocomplacencia.

Otra cosa es La Ciencia de los Sueños. Pensé que nunca diría esto, pero eché de menos a Charlie Kaufman. Puede que sus personajes sean patéticas creaciones con la autoestima más baja que exista, pero el tipo es, a fin de cuentas, un guionista que sabe usar los recursos a su alcance para que las historias no se conviertan en locuras sin pies ni cabeza. No demasiado en todo caso. La Ciencia de los Sueños carece de ello, es una creación absoluta de la mente de Gondry, donde ha dejado sueltos todos sus instintos creadores, los cuales son fundamentalmente visuales, mas no dramatúrgicos, y a lo que asistimos es a un desmelene, a un despliegue de virtuosismo visual, lastimosamente no anclado a una base efectiva.

La película juega a recrear el estado onírico, y lo consigue de manera asombrosa, no solo a través de imágenes surreales, sino con recursos como la asincronía audio-video, o el cambio de escenarios de manera inesperada, enlazando temáticas que apenas tienen que ver unas con otras, justo como en los sueños. En ese sentido la película cumple y sorprende. Incluso la ausencia de una lógica real, pues al final nunca queda claro qué rayos pasaba, si lo que veíamos era un sueño o no, no es mayor problema para quien sepa apreciar una historia diferente. El problema proviene de los personajes, que no son demasiado interesantes. No hay, tampoco, una construcción sólida de una trama, limitándose a estirar durante una hora y media el recurso del sueño y la confusión que crea el no saber si estamos dentro o fuera de él. No hay tensión dramática, y como espectadores, quedamos a merced de las imágenes sin poder participar mucho de las emociones de los eventos que ocurren en la pantalla.

Ahora, tengo que decir que a mí la peli me gustó mucho. No alcanza el nivel de su anterior trabajo, pero Gondry consigue una buena película, personal y entretenida, con un infantilismo que acepto puede ser empalagoso para algunos, y que he de hacer notar, ya se encontraba presente en algunos momentos de Eterno Resplandor. Ese sense of wonder que por instantes se vislumbra es el que me lleva a darle una buena nota a la película, a pesar de los problemillas que más arriba describo.

La Ciencia de los Sueños está lejos de ser una obra maestra, pero es lo suficientemente refrescante y única como para que me atreva a recomendarla. Ahora, si me viene con reclamaciones, diré que usted lo soñó todo.

Más de la cartelera

Posted on octubre 12, 2006 - 0 comentarios -

Monster House, 2006, Dir. Gil Kenan

Ustedes ya conocen mi afición por las historias infantiles, sobre todo por las que usan la verdadera esencia de los cuentos de hadas: esa oscuridad, esa batalla entre el bien y el mal en lugar de ser simples cuentos edulcorados para niños pusilánimes... Por eso me atrajo desde un comienzo la historia de La Casa de los Sustos, película que por ocupaciones varias no pude ver sino hasta la semana pasada.

Algunas quejas de ciertos padres sobre su contenido supuestamente terrorífico (con ese título hay que ser muy idiota para no saber de qué trata) me hizo pensar que íbamos por buen camino, que esa oscuridad iba a estar presente. Sin embargo, después de verla puedo decir que la película carece de un verdadero clima de terror, y a pesar de que ciertas escenas pueden dar la impresión de que estamos ante una película de terror para niños, a medida que pasa el tiempo nos damos cuenta de que es en realidad una historia de aventuras con ribetes terroríficos.

Empecemos con lo bueno. Técnicamente la película es impecable. La animación es sorprendente y consigue unas tres dimensiones muy realistas. Por momentos cuesta creer que nada de eso existió en el mundo real, que no eran modelos a escala en algún estudio, sino imágenes en un computador. La expresividad de los personajes es magnífica, y algo que pocas veces llama la atención en una película de animación como son los ángulos de cámara, aquí es tratado excepcionalmente. Sin embargo, por el lado de la historia ya hay algunos peros. El personaje principal es un niño del que poco sabemos y que se caracteriza muy levemente. Es cierto que la acción comienza bastante temprano, pero se sacrifica la profundidad del personaje con el afán de mostrar aventuras. Los únicos momentos con verdadero corazón que se pueden sentir son aquellos en que se relata el pasado del viejo Nebercracker, instantes bonitos y tristes, trágicos pero mágicos. El resto del tiempo lo ocupa la comedia, que logra arrancar sonrisas, pero que no engancha al espectador, y algunos momentos estilo "montaña rusa" o (obviamente) "casa de los sustos", casi terroríficos pero en realidad simplemente emocionantes. Claro que los niños estarán en desacuerdo conmigo. A propósito, qué diferente es ver una peli con niños en la sala: mientras estos participan de la película, los adultos parlanchines que van a ver cine "para mayores" hablan por celular y comentan chorradas en voz alta, distrayéndolo a uno de la historia.

La película cae en algunos lugares comunes, sobre todo a la hora de la comedia, usando ciertos personajes esquemáticos, típicos de las películas para niños, pero también logra redimirse en otros instantes, sobre todo al retratar esa edad en que los adultos joden a los niños sin que puedan hacer nada al respecto, así que quedamos con una obra que es entretenida aunque no llegó a ser lo pudiera haber sido. De nuevo, a esperar Coraline a ver qué nos trae. Eso sí, qué diferente es La Casa de los Sustos a toda la avalancha de películas de animalitos que nos invade. ¡Todas iguales! ¡Ya basta!

Lady in the Water, 2006, Dir. M. Night Shyamalan

¿Qué pasa cuando un director de Hollywood decide ignorar toda convención y hacer su película como le da la gana? Cualquiera que haya leído algo sobre escritura de guiones se habrá dado cuenta de la manera ya patentada, cual fábrica de donuts, que tienen los norteamericanos de escribir sus películas. Funciona, por supuesto, pero también hay otras maneras de contar historias. Con esa "fórmula" se garantiza una película que agarre al espectador más o menos decentemente, y no es sino que se sienten a ver cualquier comedia romántica para darse cuenta de que por mucho que la odien, mantiene cierto interés. M. Night Shyamalan es el director de quien hablamos. Sus anteriores películas poseían todas las reglas del cine de Hollywood (lo que no es malo por sí solo), pero han ido abandonando paulatinamente esos esquemas para llegar a ser obras donde el director hace, literalmente, lo que le da la gana. Teniendo en cuenta que su cine ya tenía ciertas características personales... ¿se ha convertido en un autor, dándole la espalda a Hollywood? ¿Debería esta película juzgarse por tales parámetros y no por los del cine comercial?

Vamos a ver... Sexto Sentido fue una gran película que nos descubrió a alguien que sabía cómo jugar con las reglas. El Protegido fue una injustamente infravalorada mezcla de mitología y cómic, con el ya patentado giro sorpresa al final. Señales dejó de lado ese final sorpresa y se concentró en contar una buena historia de extraterrestres desde una perspectiva más intimista. Pero con The Village vimos a un director que empezaba a creerse demasiado su propio cuento y que, a pesar de crear una película magníficamente dirigida, en últimas se olvidó de contar una historia coherente, basándose sólo en el giro final, que además se olía a kilómetros. Aún así se podían rescatar algunos instantes valiosos del film. Ahora llega La Dama en el Agua, la película que hizo que Shyamalan abandonara Disney después por unos comentarios sobre algunos problemas en el guión y podemos comprobar lo que pasa cuando un director se olvida de todo y hace una obra demasiado personal sin tener en cuenta lo que otros dicen. A veces los molestos productores funcionan como el polo a tierra de los megalómanos.

De entrada, este no es un film de suspenso o terror, como los anteriores, sino una fábula, un cuento de hadas. Shyamalan, director, guionista y productor de la cinta, confiesa que nació como un cuento para sus hijas, inventado sobre la marcha. Y créanme que se nota. Si bien las estructuras narrativas no tienen por qué ser dogmas grabados en piedra, hay que elegir la forma adecuada para cada historia, y en una película de estas características ese estilo casi stream-of-consciousness echa por tierra gran parte de la efectividad. Como las reglas se van inventando sobre la marcha, no hay acumulación, no hay suspenso, no hay efecto dramático, sólo instantes hilvanados por una suerte de historia que se rearma a cada momento. No hay giros en la trama, sino avances y retrocesos, equivocaciones y correcciones, pero nada remotamente parecido a un gancho que nos atrape. El espectador queda a su propio rumbo y debe poner mucho de su parte para no aburrirse. Y aquí está uno de los dilemas: ¿Es malo dejar al espectador en ese estado? ¿Hay que darle todo masticado para que no se aburra? El problema no es tanto ese, sino que a pesar de todo, la historia no logra cuajar, no juega limpio con el espectador y le cambia las reglas de un momento a otro. Cuando cualquier cosa puede pasar, abandonamos el interés por involucrarnos en la película. Ese estilo puede funcionar mejor en ciertas historias, pero en esta definitivamente no lo hace. La trama además está contada por la boca de los personajes. Se convierte a veces casi en un cuento narrado por ellos, en el que no hay hechos sino palabras, disminuyendo la acción terriblemente. Otro detalle que apunta a los delirios de grandeza del director es que pasa de los cameos hitchcockianos a darse a sí mismo un papel importante. Nada menos que el de un escritor incomprendido llamado a influir en generaciones posteriores con su obra. Y eso huele un poco a ego inflado. Además de lo mencionado, su estilo minimalista, otrora perfecto para sus historias, se convierte aquí en una molestia, pues rompe el ritmo y el suspenso, ya de por sí maltrechos. Sus encuadres estáticos rodean de misterio lo que definitivamente no tiene ninguno, y le da a la historia una lentitud mayor de la necesaria, cuando no hay nada detrás que pueda inquietarnos.

No todo es malo. Algunos momentos de autorreflexión cinéfila son brillantes y obligan al espectador a pensar en lo que está viendo. La música de James Newton Howard crea el ambiente que se busca, delicado y a veces oscuro. Y la fotografía de Christopher Doyle es acuática, azulada, fría... perfecta en definitiva para un cuento de un ser venido del mar. La historia en el fondo tiene sus méritos. Aunar la mitología a la vida real da como resultado algunos momentos mágicos, pero estos no alcanzan a levantar la película del todo. Las resonancias que se consiguen al acudir al mito como forma sobre la cual modelar un guión siempre dan como resultado algo interesante, y en ese caso se confirma la regla. Si tan sólo hubiera contado con un guionista más experimentado probablemente la película hubiera sido más entretenida y hubiera logrado un mayor efecto en los espectadores, sobre todo porque en el fondo el autor sí busca dejar una moraleja. Lamentablemente, así como está, es un pescado a medio cocinar.

PS. Pecado mayor: Bryce Dallas Howard se pasa la película casi desnuda... ¡y no se le ve ni siquiera una nalga!

Nacho Libre, 2006, Dir. Jared Hess

Escuela del Rock fue una excelente comedia. No he visto Napoleon Dynamite, pero viene precedida de los mejores comentarios. Era lógico pensar que si el equipo detrás de cada una de ellas se unía, el resultado podía ser genial. Pero como ya vamos aprendiendo, cualquier película con un título descabellado nunca estará a la altura de lo que promete. Y Nacho Libre no es la excepción.

El problema radica, de nuevo, en el guión. La comedia high concept, esa que se basa en una premisa que se puede resumir en una línea sorprendente (un cura se hace luchador para ganar dinero para los huérfanos), necesita de un guión que la apoye, o de lo contrario sólo se tendrá un trailer. Y así ocurre en este film. La acción es lenta y parece un meandro, girando, dando vueltas, en lugar de ir al grano. Otra vez, el protagonista no nos importa demasiado, no nos cautiva. Sí, hay una gran cantidad de absurdo, pero este no funciona, y la historia, a pesar de estar escrita por Mike White, quien cuenta con una buena trayectoria, nunca se centra en lo que de verdad importa.

Ahora, como cosa curiosa hay que decir que Wes Anderson está creando escuela. ¿Pruebas? Nacho Libre es una historia contada a punta de episodios levemente hilvanados, con composiciones visuales bonitas a la vez que planas, música elegantemente elegida, humor deadpan, con protagonistas perdedores... Jared Hess, el director de esta, parece ser un alumno aventajado. Lamentablemente lo que funciona en los films de Anderson no lo hace en esta película, y ni siquiera Jack Black puede salvarla, y eso que parecía imposible, pues el hombre es hilarante por sí mismo.

Cuando una comedia debe llegar al humor de pedos y caídas sin gracia para arrancar sonrisas a los espectadores, es síntoma de que va muy mal. Y en Nacho Libre, una película que de verdad quería que me gustara, que tenía todos los boletos para ser una ganadora, ni siquiera el slapstick más grueso sirve de algo. Al final pierde máscara y cabellera.

Otra de esas actualizaciones masivas

Posted on septiembre 03, 2006 - 2 comentarios -

El par de visitantes regulares que tiene esta página debe haber notado que durante los dos últimos meses la actualización del contenido ha sido nula. No solo ha tenido que ver el hecho de estar ocupado, sino también el que las películas que he visto no han sido particularmente memorables y no me han inspirado a escribir. La lista de reseñas pendientes está creciendo, y para salir de ellas y de paso dar algo de información que actualice el sitio, he decidio reseñar algo de lo que he visto en estos meses. Muchas cosas normales, experimentos fallidos y una que otra cosa bien interesante. Así que sin más preámbulos vamos a la acción.

Empecemos con un asunto peliagudo. Para muchos Match Point (2005) es el regreso de Woody Allen a la forma plena, una obra maestra que hace que se vuelva a creer en él luego de una serie de comedias divertidas pero intrascendentes. Para mí, Match Point fue la alternativa cinematográfica a los somníferos. Es cierto que su director se encuentra en ese punto de maestría en que sabe lo que hace, el punto justo dónde poner la cámara, el toque perfecto para dar a sus actores, pero ese es precisamente el mayor problema: se nota demasiado maduro y seguro, sin correr verdaderos riesgos aún cuando el cambio de registro lo parezca. Los magros 90 minutos de sus anteriores películas han sido reemplazados por dos horas de interminables diálogos que sólo sirven como antesala al, ese sí, portentoso clímax. Lo que más me molesta es que, si bien es cierto que la película no tiene reproche, todo lo que acontece antes del mencionado clímax solo me pareció como la preparación de ese final. Como si estuviera ahí sólo para dar el genial golpe con que termina el partido. Larguísimos diálogos teatrales, bien construidos, claro, pero que no me emocionaron como sí lo podía hacer por ejemplo, Annie Hall. Sí, el tono es radicalmente diferente como para comparar los dos films, pero para mí sólo el final es valioso. Esos momentos sí son auténticamente cinematográficos, usando todos los recursos a su alcance (sonido, montaje...) y no sólo apoyándose en los actores. Me sabe a mal criticar la peli de un verdadero maestro, pero qué quieren que les diga... Me dió sueño salvo por el final.

Alejándonos del cine arte nos adentramos en el cine de género y comentamos una maravilla como el clásico spaghetti western Il Grande Silenzio (1968). Como todo subgénero, el cliché siempre hace memorable la experiencia, pero sólo el cliché bien utilizado y no el archisobado. Para eso vamos a ver las pelis de detectives o las de piratas: por la misoginia del protagonista o los duelos de espada. El Gran Silencio, dirigida con buen pulso por el muy profesional Sergio Corbucci, hace cambios tan radicales a lo esperado como situar la acción en una nevada montaña en lugar de un polvoriento desierto o darle un papel absolutamente contenido al normalmente maníaco Klaus Kinski. Ha uno más, pero con ese les daño la película. Il Gran Silenzio se sustenta en la actuación de Kinski más que en la del protagónico Jean Louis Tringtignant, absolutamente mudo incluso en instantes de tortura física, gracias a que alguien le cortó las cuerdas vocales. A pesar de sonar todo esto como sádico, el film hace gala de un buen gusto normalmente ausente del spaghetti western menos conocido (aunque Leone también se regodeó haciéndole cosas malas a sus protagonistas). Lo que hace sobresalir este film de entre los demás, es su tono profundamente melancólico, tan diferente del acostumbrado cinismo de sus otros congéneres.

Como el video se ha convertido en la verdadera fuente de sorpresas, pues las pantallas cada vez son más parcas en emociones, he tenido que refugiarme en él y redescubrir perlas olvidadas, como To Live and Die in L.A. (1985). Dirigida por William Friedkin, esta película hace gala de una estética ochentera llena de neón y montaje videoclipero en el buen sentido de la palabra. El estilo parece superficialmente como el que aplica Michael Mann en películas como Thief, Colateral o Fuego Contra Fuego, o especialmente en Miami Vice, la serie, usando iluminacion estridente, ritmos cuasi new wave y tiempos muertos que hoy estarían fuera de lugar en las rutinarias producciones de acción. Sin embargo Friedkin no es Mann, y su estilo se revela más plano. No obstante, el guión es enrevesado y se permite divagar sin perderse, jugando además con la moral de los personajes, recordándonos a los protagonistas de FX Efectos Mortales, sólo que estos son policías y sus personalidades se revelan retorcidas desde el principio, no sólo al final. De nuevo el final es inesperado, al igual que ocurre con El Gran Silencio, pero eso permite que al final se opere un proceso de corrupción en el compañero del protagonista, justo al contrario de lo que ocurría en la maravillosa (y también plena de neón) Black Rain de Ridley Scott, donde el honor se restauraba en el protagonista a través del compañero oriental. Sin ser el más maravilloso policial de los ochenta, sí destaca por ser un thriller maduro, alejado de las prototípicas buddy movies (48 horas y demás) y muy recomendable de ver. Sólo con ver el proceso por el cual Willem Dafoe falsifica el dinero vale la pena: montaje y música tremendamente emocionantes en una secuencia donde dramáticamente apenas pasa algo.

Un par de pelis de la cartelera de hace mucho tiempo y que olvidé reseñar son las que a continuación paso por mi ojo crítico.

Por un lado está una de las mejores pelis que he visto este año: V de Venganza (2005). Aunque Alan Moore, el creador del cómic en que se basa el film, se desmarcó del proyecto diciendo que no quería saber más de adaptaciones suyas al cine, y que el guión era pésimo, la verdad es que a mí me pareció una de las apuestas más estimulantes del año. Tomando partido decididamente por una postura política menos conservadora que la imperante en el mundo en estos instantes, con paralelismos muy claros y referentes a la situación mundial en materia de lucha antiterrorista y restrictora de la libertad, el debut de James McTeigue con guión de los hermanos Wachowsky escupe ideas a una velocidad increíble, mientras a la vez es capaz de asociar temas literarios y de cultura popular para entregar como resultado un film caótico pero con gran energía. Algunos momentos del film son tan fuertes que provocan reacciones viscerales, pues uno no alcanza a creer el estado de parálisis y miedo en que viven los personajes por la supuesta amenaza latente de terrorismo... hasta que nos damos cuenta de que así vivimos muchos hoy, no por nada se siguen eligiendo como mandatarios a quienes pueden protegernos de los malos, incluso cediendo toda clase de libertades para darle apoyo. Técnicamente el film es excelente, pero no era de esperar menos: las peleas, pocas pero muy bien coreografiadas, con algún elemento reminiscente de Matrix, aportan el contrapunto emocionante al conjunto de ideas intelectuales que exponen los personajes. El conde de Montecristo, Guy Fawkes y George Bush, son algunos de los personajes que no podemos evitar ver en pantalla, algunos claramente, otros por simple comparación. Pero como idea escalofriante, creo que esta película es uno de los ejemplos de lo poderoso que puede ser el cine como medio de propaganda. Si bien las ideas que presenta son de mi gusto, al ver cómo se usa la emoción para manipular al espectador (nada malo, el cine y el arte en general puede permitirse eso, ya está en la consciencia del artista si lo usa bien o mal) no pude evitar pensar en los films de propaganda nazi y reconocer qué fácilmente podemos caer en la trampa de creer algo si nos lo muestran de manera adecuada. Gran película, gran mensaje, divertida y diferente... V de Venganza es una de las mejores pelis que ha llegado a la cartelera comercial este año.

No puedo decir lo mismo de Nanny McPhee, La Nana Mágica (2005). Me gusta el cine infantil que no apela a la estupidez, sino que se atreve a indagar en rincones oscuros del subconsciente, como todo buen cuento de hadas, para dar emociones fuertes. Eso parecía que iba a ocurrir en esta película, pero todo se queda en lecciones de moralina y situaciones ridículas. No, aquí el lado oscuro no va más allá de la superficie, de algunos instantes políticamente incorrectos o de uno que otro momento acertado. El problema es que cae en el ridículo con facilidad, se queda en mostrar niños traviesos que aprenden la lección y ni siquiera aprovecha los recursos cinematográficos de la mejor manera, limitándose a lo grotesco sin ton ni son. Una oportunidad desaprovechada, pero aún nos queda esperar a que llegue Coraline, basada en el cuento de Neil Gaiman y dirigida por Henry Selick, el mismo de Nightmare Before Christmas, para volver a ver (esperemos) cine infantil de calidad que no subestime a su público.


En los ochenta Hong Kong fue la reina del cine de artes marciales, con una estética imitada mil veces pero jamás igualada. Digan sino lo que hace Jackie Chan ahora en USA, donde las películas son descafeínadas muestras de acción con tramas inverosímiles y absurdas. Bueno, las de Hong Knog también lo eran, pero al menos eran arriesgadas (La Armadura de Dios lo es, pero cómo divierte). Esta clase de cine ya casi ha desaparecido. Al menos el bueno, claro está. Pero de Tailandia nos llega la más firme promesa para alcanzar el estrellato en el subgénero: Toni Jaa. El film, Ong Bak (2003), catalogado como un regreso a la gloriosa década de los ochenta, se queda a medio camino entre las promesas realizadas y las no cumplidas. La historia es bastante penosa, pero eso no importa si hay acción. El problema es que hay algunas persecuiones que salen de cualquier lado y no cuadran, el final se alarga innecesariamente y la historia parece haber sido escrito en dos días. Donde no defrauda es en el area de las peleas. Toni Jaa domina el Muay Thai, brutal arte marcial tailandesa que apenas habíamos visto antes en el mítico Kickboxer de Jean Claude Van Damme y algún subproducto más. La película tiene un gran clímax, pero para todos los aficionados a este cine, aún falta que a Toni Jaa, estrella indiscutible del film, le caiga un buen guionista y un buen director. Ong Bak es mediocre, con detalles excelentes, pero que no alcanza a ir más allá de la caspa simpática. Revive el espíritu de las primeras pelis de Van Damme, como Contacto San griento, pero tal vez ya no somos adolescentes para comer cuento. Donde esté Ching Siu Tung, el mismo de A Chinese Ghost Story, no caben sustitutos todavía.

Por hoy basta. Apenas voy por la mitad de la actualización, pero prometo terminarla en un par de días. Sé que han sido reseñas por encima, pero ha de ser así para aliviar la carga de atrasos y en todo caso no son tan superficiales. Para la próxima les quedo debiendo Silent Hill, Oldboy y más clásicos de videoteca.