I'm an eighties fan

Posted on junio 30, 2008 - 1 comentarios -

The Keep, Dir. Michael Mann, 1983

Antes de Heat, antes de Manhunter, antes incluso de Thief, Michael Mann dirigió esta película, suerte de cruce entre película de terror y bélica, que no acaba de cuajar muy bien y hace aguas aunque tenga algunas virtudes. Un grupo de soldados alemanes en plena segunda guerra mundial llega a una villa rusa, sólo para encontrarse un misterioso castillo temido por sus habitantes, y que parece ocultar una gran fuerza. Claro, no falta el bruto que, pese a las advertencias, tenga que perturbar a ESO que está oculto en el castillo. Además llega un oficial de las SS, bastante sádico, que empieza a acabar con la gente del pueblo, convencido de que son partisanos quienes se esconden tras todo. Y también hay un par de judíos que son traídos para que descifren el misterio que hay detrás de todo. Y una especie de ángel que va a enfrentarse con la entidad malvada que acaba de ser despertada. ¿Confuso? La película tiene de todo, y no sabe si inclinarse por una historia o por otra. El reparto de lujo (Jurgen Prochnow, Gabriel Byrne, Ian McKellen, Scott Glen) hace que además te aferres a los personajes esperando algo de ellos, pero estos a veces se limitan a deambular y son olvidados por largos períodos de tiempo, y al final no sabes de qué trata todo, si de los soldados, del personaje de McKellen, de la entidad sobrenatural, o qué pitos toca Scott Glenn en todo esto.

La atmósfera del film es soberbia, eso sí. La escena en que los soldados acaban despertando al morador del castillo es de una sensibilidad especial: asombrosa, incluso con algún toque de violencia gráfica perturbadora, gracias a un ritmo bien controlado y a una iluminación de otro mundo. Y la música merece capítulo aparte. Por un lado es sobre quien recae la mayor responsabilidad de controlar las emociones, labor que cumple a la perfección, pero por otra es tal vez demasiado consecuente con los demás aspectos del film y acaba por no pegar demasiado bien con lo que pasa en pantalla. ¿De quién es? De Tangerine Dream, así que ya saben que es una especie de mezcla psicodélica semi new age y semi ochentera. Mann la usaría de nuevo, esta ve sí dando plenamente en el clavo, cuando dirigiera otro clásico muy atmósferico, Manhunter. Pero aquí no acaba de ser lo ideal.

En fin, a pesar de todo, la película es entretenida como para pasar una tarde con amiguetes, pero no lo que se espera de un tipo con un talento increíble, y que luego nos daría algunos de los clásicos del cine reciente. Divertidilla.

Nomads, Dir. John McTiernan, 1986

Uno de los grandes directores de cine de acción es John McTiernan, director de obras maestras, aunque a más de uno le pese y diga que no, como Die Hard y Predator, esta última especialmente de mi agrado por ese final salvaje sin diálogos repleto de bestialidad primaria. McTiernan tuvo su apogeo en los ochenta y hasta mediados de los noventa, pero poco a poco entró en crisis hasta convertirse en un recuerdo. Muchos de esa época cayeron igualmente, pero algunos sí se lo merecían: Stephen Hopkins, Russell Mulcahy, Renny Harlin... Todos con ocasionales momentos de grandeza, y ahora en subproductos al servicio de viejas glorias, generalmente directos a video.

La primera película de McTiernan fue Nomads, donde no se anticipaba todavía ese director muscular que vendría luego. Nomads es una película que cabalga entre el terror y la fantasía urbana, con un Pierce Brosnan post Remington Steele, y una historia un poco extraña. Un antropólogo descubre una extraña tribu urbana de nómadas, que resultan ser... bueno, algo más de lo que parecen. Pero el descubrimiento le costará caro.

De nuevo nos encontramos ante una película clásicamente ochentera, con atmósfera extraña, similar en algunos aspectos a la de películas de Michael Mann en ese mismo tiempo. Sin embargo, ese clima pareciera ser más una especie de espíritu cinematográfico de la época, más que el descubrimiento de un solo director. No es sino recordar películas como To Live and Die in L.A., de William Friedkin, en donde sentíamos cosas similares. Obviamente estamos en terrenos ajenos al policíaco. Esto es fantasía, y ciertos momentos se inclinan por el género de manera más clara. Por ejemplo, ese paseo que lleva a Brosnan a un peculiar convento que nos sabemos si existe o no, o si está en esta dimensión o no. Una secuencia interesantísima, que lamentablemente se deja de lado en favor de explicaciones (un poco) más convencionales.

Un poco mejor que The Keep, lo que hace imperfecta a la película es el hecho de no explotar del todo las ideas presentadas, aunque esa ambigüedad a la hora de explicarlo todo también le hace sumar puntos. De nuevo nos encontramos ante una obra entretenida, y con aciertos visuales, pero que no logra cuajar del todo.

Las dos películas son buenas muestras de un cine de los ochenta que ya no se hace, o que se hace más en circuitos independientes. Un cine comercial, pero sin renunciar a intereses más personales, menos de fórmula. Y al menos nos pueden dar una tarde entretenida, aunque no demasiado trascendente.

There has been 1 Responses to “I'm an eighties fan”

  1. diegogue says:

    Más que oportuno el comentario acerca de The Keep, Mann es una maravilla, pero en esa película aun no lo era, habrá que ver Nomads, de Mc Tiernan (quien tiene altibajos pero es bueno)