300, Dir. Zack Snyder, 2007

Posted on mayo 01, 2007 - 4 comentarios -

Después de que fueran los superhéroes la fuente principal para las adaptaciones del cómic a la gran pantalla, parece que ha correspondido a Frank Miller mostrarle a las masas que hay más que hipertrofiados machos en mallas de spandex dentro de las cuadriculadas páginas de los tebeos (que, a pesar de lo que opine Juan Gossain, no es una fea palabra). No creo que fueran muchas la personas del común que se imaginaran que podía existir un cómic que adaptara un suceso histórico, pero esperemos que esa percepción vaya cambiando y que el cómic sea entendido por todos como lo que es: un medio artístico que no debe ser equiparado con los contenidos que habitualmente se le imputan.

Diatribas aparte, 300 se nos presenta con críticas y fanatismos desde el principio. Unas, por parte de los vetustos carcamales que no logran ver en una película un divertimento que se sostenga por sí solo, sin necesidad de hacer discursos sobre el ser humano, y otros, por el lado de los fanboys que han crecido al calor de los tubos catódicos de sus videojuegos, con el rango de atención más pequeño del que se tenga noticia en la historia de la humanidad. Y como era de esperarse, la verdad cae más o menos en medio de estos dos polos.

Por un lado no es desacertado pensar que la película simplifica en demasía a sus personajes, desvistiéndolos de sus mayores complejidades psicológicas para convertirlos en arquetipos. Pero tenemos que centrarnos: ¿es esto un estudio de un hecho real, o es una película de aventuras, un péplum a la usanza moderna? Pensemos por un momento en cómo se narran las leyendas, a qué hechos se les presta atención, cómo se presentan los personajes, situaciones éstas similares a la forma en que se narra la película, con una voz en off contando lo que ocurrió. No es, por tanto, un error de guionistas ni director, sino una decisión acorde a lo que buscan contar. Ésta es, por supuesto, una película de crispetas, calificativo que ha caído en desgracia, luego de que Hollywood nos haya inundado de subproductos idiotas que le han quitado a la diversión su lugar necesario en la vida del hombre, y que han convertido a los snobs de arte y ensayo en los únicos herederos de la inteligencia en el cine, según ellos. ¿Acaso RoboCop, El Vengador del Futuro o Marea Roja, sólo por citar algunos ejemplos, no son inteligentes? Diría yo, más bien, que los que no soportan estas películas no cuentan con la preparación suficiente para entenderlas, por más que les pese.

Perdón por la divergencia. Profundidad psicológica. Sí, les puede faltar profundidad a estos espartanos, pero tampoco es tan grande el problema. La acción es intensa y no permite pensar demasiado. Vamos entonces a la otra cara de la moneda. El lado de los que ven en la peli una sucesión de imágenes cool tampoco carece de argumentos, porque visualmente estamos ante una obra excepcional. Sería casi imposible contar los instantes en que las viñetas cobran vida y sentimos la fuerza y contundencia de lo pictórico cediendo ante la letra. Imágenes muy fuertes, bien construidas y que permanece en la retina tiempo después de que las luces se hayan encendido en la sala. Sin embargo, verla como sólo eso, tampoco es acertado, porque, a pesar de su relativa poca profundidad, se alcanzan a percibir mensajes y temas que la llevan más allá del mero catálogo de ilustración, sin que tampoco se convierta en un alegato contra la opresión o un canto a la libertad. Dudo que esas fueran las intenciones de Frank Miller y de Zack Snyder.

Entonces, ¿qué es 300? 300 es un salvaje poema a la carne desgarrada, a la sangre derramada y a los cuerpos mutilados, llevado, literalmente, al infierno. Pieles desnudas, acariciadas y maltratadas, belleza y deformidad, sexo y muerte, Eros y Tánatos. Suena pretencioso, pero la película muestra la relación entre esas dos raíces de la existencia humana de un modo simple pero efectivísimo. 300 es también una película de romanos (más bien de griegos, pero ese no es un género) con una sobredosis casi letal de testosterona. Su ritmo, sin embargo y a pesar de la acción intempestiva, se hace muy denso por momentos, tal vez cortesía de Frank Miller, y es que adaptar tan fielmente un relato impreso al celuloide inevitablemente debe traer consigo una ralentización de la acción. Pienso en Sin City, donde había también omnipresentes narradores en off así como una cierta pastosidad en el ritmo narrativo. Virtudes o defectos, lo serán según el cristal con que se mire.

Lo que sí no depende de ello es que el uso de recursos visuales innovadores se come la película por momentos. El exceso de cámaras lentas, de manipulaciones de imagen, de batallas coreografiadas, se agota rápidamente y se convierte en la sustancia principal del film. Luego de un rato viendo las bellas cualidades plásticas de la película, uno puede sentirse un poco aburrido, cansado de las retahílas de machismo primario (de ahí lo de la dosis casi letal de testosterona). Es en esos momentos que se echa de menos la profundidad que un guión más detallado podría brindar. Si se hubiera contado con un guión mejor construido, estaríamos ante una de esas películas redondas en todo sentido: emocional, visceral e intelectual.

A todo estos comentarios podemos añadir las supuestas lecturas actuales que se le pueden hacer: invasiones, luchas por la libertad, tiranos, unidad nacional... Pero creo que esas lecturas no son sino reflejo del momento que vivimos, no de lo que realmente hay en la obra. El mismo discurso de libertad y lucha hasta la muerte se podría aplicar a cualquier bando de la vida actual, occidental u oriental. Más inquietante podría resultar esa contraposición que equipara a la belleza con la rectitud, y a la fealdad con la maldad, pero aún así creo que es un clásico recurso narrativo que se ha usado desde tiempos inmemoriales, y que aquí encuentra su máxima expresión en el ejército persa, repleto de criaturas fantásticas y tenebrosas, sin tener qué ser tomado en demasiado serio. Siempre he confiado en que los espectadores son capaces de pensar un poco más por su cuenta. Si en una época pasada veíamos a Jasón y los Argonautas, la preciosa película con efectos del maestro Harryhausen, como un divertimento sencillo, 300 puede ser tomado de la misma manera, salvando las distancias. No sé si dentro de treinta años habrá un puñado de despistados que descubran esta pelicula como una joya olvidada con la que sus padres crecieron, pero sí que sería curioso, ¿no?

There has been 4 Responses to '300, Dir. Zack Snyder, 2007' so far

  1. Corniflidio says:

    muy muy buen comentario.
    creo que 300 no debe ser llevada a ningún extremo, aunque la cinta busque por momentos esos extremos (en lo explícito, en lo "efectista"). en terminos generales me gustó, pero esperaba más, de lo que vos dices, los personajes, por ejemplo.
    chevere el blog, saludos!

  2. wil says:

    jose, bien. bastante aaaahhhh!!! crunch!!! grrr!! splusch clang!!!
    y demas cosas de peli memorable

  3. el lenon says:

    Muy buena la comparación con Jasón y los Argonautas ¡uno de mis iconos cinematográficos!

    A mí 300 me decepcionó un poco, pero más que nada porque es una pena que pudiendo haber sido una película perfecta como dices, acabe un tanto lastrada por algunos de los grandes handicaps del cine moderno, a saber: demasiado larga y demasiado centrada en impresionar a base de imágenes y sonidos grandilocuentes, en lugar de emocionar con situaciones, historia y personajes.

    ¡Gran blog Calamar!

  4. Maria Florencia says:

    holA! me gusto mucho como describiste a la pelicula... pero tendrias que tener encuneta más los efectos especiales (debido a que toda la pelicula esta filmada con fondo azul) y por lo tanto toda la escenografía es un apórte muy grnade a la hambientacion!

    me gustaria saber tu opinion con respecto a los efectos especiales