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In Bruges, Dir. Martin McDonagh, 2008

Posted on enero 02, 2009 - 2 comentarios -

Si hay un género cinematográfico que se ha visto afectado gravemente por la posmodernidad, es el thriller, sobre todo el concerniente al submundo del hampa, el noir en cualquiera de sus vertientes. Gracias a gente como Quentin Tarantino ahora abundan las películas con referencias cinematográficas, tendientes a la parodia, locuaces y carentes de una verdadera dimensión dramática, cosa de la que el verdadero noir nunca adoleció. No es que el noir posmoderno sea malo, pero es que ha recorrido el camino fácil demasiadas veces, y por cada Layer Cake, hay puñados de clones de Guy Ritchie. Si almenos se atrevieran a copiar al Jarmusch de Ghost Dog... In Bruges podría haber recorrido el mismo sendero gastado. Sin embargo, a fuerza de mostrarnos la naturaleza de los personajes, de convertirlos en seres humanos un poco más cercanos a nosotros y no a caricaturas, consigue una proeza: ser un film noir posmoderno con un corazón de oro, no de lata.

La película comienza con las notas melancólicas de la partitura de Carter Burwell sobre las imágenes de la arquitectura de la ciudad belga de Brujas. Habiendo visto el trailer no puede uno sentirse más desorientado. ¿No era esto una comedia? Sí y no. Los instantes de humor son increíblemente buenos y le dan a Colin Farrell la oportunidad de componer un personaje tremendamente divertido, un niño pequeño malcriado y desobediente que, casualmente, es un asesino a sueldo. Ni un tipo duro, ni un rufián de mala muerte. Un tipo demasiado común y corriente. Pero, oh sorpresa, luego de reírnos con los duelos verbales y las actitudes de la pareja protagonista, se nos revela la terrible verdad detrás de los personajes. No es esta una historia de venganzas, sino una tragedia en toda regla, en donde jamás, óigase, jamás en todo el metraje, sabremos qué ruta cogerá la historia, porque en verdad cualquier cosa podría ocurrir.

Ahí, en el delicado balance entre comedia fina a la vez que desternillante, y en el dolor que esconden los personajes, es donde radica el secreto del éxito de In Bruges. Porque siempre sabe mantener el tipo, divirtiendo y conmoviendo, apelando a las referencias cinematográficas sin abandonarse a ellas. Y a propósito de referencias, en lugar de buscar las más obvias, es capaz de citar una película como Don't Look Now, de Nicholas Roeg, y además de reinterpretarla maravillosamente dentro de sus propias reglas, convirtiendo el placer cinéfilo no sólo en un "pilla el dato y siéntete inteligente", sino en un verdadero metatexto de caminos cruzados entre dos películas, autoconsciente de ello, como si fuera poco.

En definitiva, In Bruges se revela como una joya del cine negro, inteligente, divertida, hermosa, perfectamente realizada sin florituras superfluas tipo "mírenme aquí estoy", sino con un clasicismo que denota la confianza del director en el material con el que cuenta.

Rayos, si es que me la quiero ver otra vez ahora mismo...

Dos coreanas

Posted on julio 05, 2008 - 0 comentarios -

Para pocos es un secreto el buen momento por el que pasa el cine coreano actualmente. Es de lamentar, sin embargo, que los directores que conocemos sean apenas Kim Ki Duk y Park Chan Wook, no porque sean malos, sino porque estamos privados del buen hacer de otros cuantos que se han quedado por fuera de la exhibición comercial de nuestro país. Hoy tenemos dos películas coreanas que no son de ninguno de estos directores conocidos, pero que son muestra de la buena salud del cine de ese país oriental.

A Bittersweet Life, (Dalkomhan Insaeng), Dir. Kim Ji Woon, 2005

A Bittersweet Life fue aclamada por algunos como la nueva Oldboy, lo cual no deja de ser molesto, en vista de las diferencias, y deja al descubierto la manía de buscar "el nuevo" lo que sea. Oldboy era un melodrama violento, mientras A Bittersweet Life es una película de acción con profundidad. Es cierto que hay una cierta violencia gráfica, pero ni esta llega a los extremos de Oldboy, ni pretende ser lo mismo que ella.

A Bittersweet Life es la historia de un gángster que, por un mínimo desliz, ve cómo cae sobre él una venganza desmedida e injusta. Decir más sería inútil, puesto que ni es todo lo que pasa, ni tampoco lo más importante que pasa. Con calma oriental, la película teje una red de relaciones, unas más peligrosas que otras, para al final detonarlas en un clímax de violencia. Pero en lugar de convertirse en un show pirotécnico, que lo hace, la película guarda como baza más importante precisamente a los personajes. Cada uno de ellos en su profundo laconismo, esconde un mundo apenas intuido, pero que late bajo la superficie. Y en más de uno es un mundo harto violento. Es aquí donde encontré la principal debilidad de la película, y es precisamente en que a veces se dice demasiado poco. Por ejemplo, del protagonista apenas sabemos motivaciones, intenciones. No es uno de esos casos en los que se guarda mucho pero se dejan deslizar pistas, sino que aquí se es realmente hermético, dejándonos un poco por fuera de su vida y de una posible empatía que nos conecte a él. No importa en todo caso, porque no es una debilidad que consiga derrumbar el film. Quizás no alcance las cotas de paroxismo de Oldboy, pero es una de las más interesantes películas orientales recientes.

No podía terminar sin decir que algo que hace destacar aún más la película es su aguzadísimo estilo visual. Park Chan Wook tiene un ojo muy despierto, pero Kim Ji Woon no se queda atrás. Visualmente la película nos sumerge en otro mundo. Sí, es el mundo real, las calles de la serie negra, pero no está hecho a la manera más cruda y realista, sino con un despliegue de creatividad visual que no puede uno menos que sorprenderse ante la sola belleza de sus imágenes. Y si además se dice más con imágenes que con palabras, pues ya tenemos listo el festín visual.

Una película de acción que demuestra que también se puede hacer cine comercial inteligente.

Epitaph, (Gidam), Dir. Jeong Sik, Jeong Beom Sik, 2007

Terror oriental se ha asimilado a j-horror, al menos para el público común y corriente. Si bien es cierto que hay ciertas temáticas, ciertas sensibilidades y ciertos acercamientos estilísticos compartidos, no se puede decir que todo el cine de terror oriental sea pariente directo del japonés. Epitaph es un ejemplo.

Echar otra vez el discurso sobre lo que es en realidad el j-horror sería cansón, pero dejémoslo en que ese subgénero es, a pesar del resplandor que ha cegado a muchos incautos, un producto comercial cuyo público objetivo son niñas adolescentes. El verdadero cine de terror no conoce de idiosincrasias encasilladoras. Audition, de Takashi Miike, no es j-horror, como tampoco lo es Epitaph, un cuento bastante más adulto que las sagas de fantasmas despeinados de Japón.

Epitaph son tres historias vagamente interconectadas por el eje de un hospital en los años cuarenta. No contaré sinopsis porque parte del encanto consiste en dejarse sorprender por los giros sin saber hacia dónde van las cosas, pero sí comentaré un poco cada una. La primera, una clásica historia de fantasmas, está rodada con calma y elegancia, pero tampoco es para enloquecerse. Hay buena atmósfera, sentimientos bonitos, pero nada fuera de lo normal. La segunda, en cambio, la más fuerte de las tres, es un derroche de estilo y sustos. Con más giros que la sencillita primera historia, también echa mano de los fantasmas, aunque lo hace de manera inesperada. No son tanto fantasmas en el mundo real, sino fantasmas del pasado, de esos que se guardan en la cabeza y se desempolvan cuando es menos conveniente. La belleza de sus imágenes macabras es realmente especial: esos cuerpos bañados en sangre, esas secuencias en las que no pasa nada y te da más miedo... Un segmento triunfador en verdad. La tercera historia, aunque no alcanza los niveles de la segunda y echa mano de recursos más manidos, pero igualmente efectivos, resulta también muy superior a lo que el cine de terror nos ha acostumbrado a mostrar últimamente. Más una historia de crímenes que sobrenatural, usa retruécanos estilo A Tale of Two Sisters, pero sin abusar. Y hay que mencionar el bello epílogo que cierra con broche de oro la película.

¿Qué es lo que hace especial a Epitaph? Aparte de dar unos buenos sustos, de que no escatima en sangre, a pesar de no ser grotesca, lo que la hace brillar es que sabe apelar no sólo al terror, sino al corazón. Son bellas historias llenas de melancolía, elegantes y plenas de sentimientos. No es una película con un mensaje expuesto en una pancarta, pero al acabar de verla, seguro que más de un pensamiento se queda en la cabeza. Una sensación, un recuerdo... Algo que hace que la película sea más que una montaña rusa o un despliegue de rojo carmesí, un acercamiento a una reflexión sobre la muerte, el pasado y la memoria. Mucho más de lo que aspira hacer la película adolescente convencional.

Eastern Promises, Dir. David Cronenberg, (2007)

Posted on marzo 02, 2008 - 2 comentarios -

Después de A History of Violence, una película cuyo título traducido mermaba considerablemente el doble sentido del original, no sabíamos qué pasaría con David Cronenberg. ¿Continuaría con su estilo inicial, repleto de tumores y pústulas, o se adentraría en los terrenos recién descubiertos junto a Viggo Mortensen? La respuesta es Eastern Promises, una película que tiene mucho en común con A History of Violence, aunque más exactamente parece la otra cara de la moneda.

Usando su equipo habitual de trabajo (Peter Suschitzky, Carol Spier, Howard Shore, Denise Cronenberg), y repitiendo con el señor Mortensen, Cronenberg ha creado un thriller fascinante, que da pocas concesiones al espectador. Cualquiera que se espere una película típicamente cronenbergiana estará decepcionado. Cualquiera que espere un thriller común y corriente, también. Eastern Promises es más un estudio de lo que hay bajo la superficie de una realidad, que una película de la que debamos estar pendientes del próximo giro de la trama, aunque los hay, créanme.

La película inicia con una escena que sacudirá a más de uno. Uno de esos momentos de violencia que en su anterior película nos cogía desprevenidos, y que aquí nos hace pasar por lo mismo. No hay una violencia construida con artificialidad. Hay una violencia como en la vida real: repentina y cortante, y que aunque se espere, no está manipulada dramáticamente. Pero no es sólo violencia lo que hay para ver. De hecho sólo hay un par de momentos de esa naturaleza. Lo que importa en la película es cómo se retrata una realidad escondida, otro mundo muy distinto al nuestro, el de las mafias rusas. Ambientada en un Londres de pesadilla, tétrico y ruinoso, la historia indaga en las vidas de varios personajes que verán sus destinos unidos inesperadamente. Naomi Watts, la enfermera que trata de conocer más sobre la niña que muere en sus manos fruto de un embarazo prematuro, y Viggo Mortensen, un aspirante a matón con tan pocos escrúpulos como buenas maneras. Eso sí, no esperen saberlo todo ni desenredarlo todo. Si A History of Violence terminaba de esa bellísima manera, en la que se decían más cosas con silencios y miradas, que aclarándolo todo, Eastern Promises repite, demostrando que a Cronenberg le interesan más las causas de los hechos que los hechos en sí.

Dos cosas impactan del film, aparte de su crudeza. Por un lado, esa forma de mostrar una sociedad dentro de la sociedad, con unas reglas y unas costumbres tan diferentes, que parecen ser totalmente distintas al resto del mundo. A pesar de ser inmigrantes rusos habitando en Londres, los personajes no abandonan las costumbres y la forma de vivir de su tierra natal. Ciertos momentos se nos antojan tan lejanos e incomprensibles, como la fiesta en el restaurante de Semyon (un estupendo Armin Mueller-Stahl, amenazador sin hacer un sólo gesto amenazador) que no podemos sino sentirnos como extraños que penetran en otro mundo, justo lo que le ocurre al personaje de Naomi Watts. Por otro lado, Cronenberg adopta una sencillísima forma de narrar las cosas, su habitual acercamiento estilístico, imponiendo una especie de distancia emocional que tiene un efecto contrario. Al no manipular los hechos con la narración, todo adquiere una dimensión más real y por ende más desgarradora. Los personajes parecen haber sido drenados de sentimientos, quizá por ese miedo perenne, como la prostituta a la que Mortensen le dice que aún no se quite la vida, una escena que dice todo de la vida de un personaje secundario con sólo un par de miradas. Y que duele más por saberse trágicamente real.

Con este film, Cronenberg demuestra que es todo un cirujano, un maestro del escalpelo cinematográfico, al que le basta muy poco para transmitir sentimientos. Mientras otros se gastan metraje y miles de planos en una sola escena, Cronenberg sabe dónde poner la cámara para que nos baste sólo con un plano. Aunque algunos digan que a Cronenberg siempre le han faltado cinco centavos para el peso (¡gran pecado señor Berlín!), con sus últimos dos films nos ha obsequiado un cine distinto a su estilo convencional, que de por sí no era nada convencional, y que sacuden no sólo gráfica sino emocionalmente.

Ah, la escena de la pelea de Mortensen en la casa de baños es sencillamente genial. No, de hecho es GENIAL.

Detour, Dir. Edgar G. Ulmer, 1945

Posted on abril 07, 2007 - 1 comentarios -

Durante la década de los cuarenta se producían, una tras otra, obras maestras del cine negro. Una con bastante renombre es Detour, una película de bajo presupuesto dirigida por Edgar G. Ulmer, de esos artesanos que se le medía a lo que fuera, por lo general en medio de condiciones de producción realmente malas, pero que de alguna manera se las arregló para crear un estilo respetable.

Detour es un film bastante corto (67 minutos) rodado con un presupuesto tan bajo que se acaba notando en la pantalla: esos decorados que parecen salidos de una película de Ed Wood (se nota demasiado el estudio barato), largos diálogos en una sola locación... Sin embargo la película se sostiene gracias a los giros del guión, a la actuación de la fémina tuberculosa de malas pulgas, y a que realmente es concisa y va al grano. Una historia de mala suerte, sobre un músico que viaja a Los Angeles echando dedo y se ve en un enredo de muertos, accidentes, chantajes y malas mujeres, con todos los requerimientos del género, y en la que no ahondo para no dañarles la trama. También hay que destacar, por supuesto, la fotografía, que en algunos planos es magistral a pesar del exiguo presupuesto. Sin embargo, para mí, algunos diálogos fallan en su intento de ser punchlines cínicos y la acción tiene algunas lagunas.

En definitiva, sí, es una película modélica del cine negro, con sus experimentos narrativos (es un flashback extendido) aunque a mí me sigue pareciendo insuperable Murder, My Sweet, una obra maestra redondísima, con todos los ingredientes necesarios, entre ellos una trama incomprensible que necesita más de un visionado para descifrarla. En todo caso, Detour es una agradabe manera de pasar una horita en casa con buen cine clásico. Como dice mi amigo Joni: "No hay como el cine clásico. Deberían hacer más"

Tres pelis de la cartelera

Posted on noviembre 25, 2006 - 0 comentarios -

El Gran Truco, (The Prestige), Dir. Christopher Nolan, 2006

Christopher Nolan es un director que, si bien ha llevado una carrera admirable y muy inteligente, no es, para mí, el geniecillo que muchos han querido ver. Es alguien que, al igual que Alejandro Amenábar, cuenta con una buena inteligencia, así como con un envidiable conocimiento del medio. De esta forma, casi cualquier proyecto que tengan entre manos es difícil que resulte horrendo.

El Gran Truco es una película prototípicamente nolanesca. Personajes atormentados y fríos, culpa por doquier, y un guión armado como una fina pieza de relojería son sus ingredientes. Añadimos una fotogrrafía impecable y unas buenas actuaciones pero que en ningún momento sobresalen por encima del conjunto, y tenemos una gran película, a la que sólo le echo en falta una pequeña dosis de corazón. Verán, Nolan, guionista, es un tipo capaz de crear narrativas complejas y aún a pesar de ello no dejar despistado (no del todo) al espectador. Nolan parece usar más la inteligencia que el sentimiento. De esta manera la película es un deleite intelectual, pero la frialdad imperante acaba por afectarnos ligeramente.

No me malinterpreten, pareciera que la película no me gustó, y no es así. Ha sido una de las mejores que he visto últimamente. Me encanta todo lo relacionado con la magia, así que aquí estaba feliz por todo lo que pasaba alrededor del tema. La recreación histórica mezclada con toques fantásticos sale muy bien librada, sin llegar a tener problemas de credibilidad incluso cuando bordea la ciencia ficción. El casting me sorprendió, con su aparición de algunas figuras reconocidas, sin convertirse en un festival del cameo. Y los giros en la trama son tan complicados que te cogen por sorpresa, a excepción de algunos en el tercer acto, donde desafortunadamente se pueden ver por instantes los hilos del guión. Eso no empaña el buen rato que hace pasar al espectador, dando como resultado un cine comercial inteligente, que no da las cosas en bandeja sino que sabe apreciar la inteligencia del espectador, algo que tanto hace falta en una época en que las películas te lo dan todo tan fácil que puedes desconectar el cerebro para verlas. En todo caso seguirás en piloto automático. Sin contar lo perezosos que se han vuelto ciertos espectadores, poco dispuestos a tener que usar las neuronas.

Quizás el precio que paga el film es que un segundo visionado tendría menor impacto (lo intuyo pero puedo estar equivocado) precisamente porque gran parte de su poder reside en su capacidad de sorprender a punta de giros de la trama. Cuando ya conocemos el camino y vemos hacia donde nos dirigimos hay menos disfrute, y como no hay mucha exploración de personajes podría no aguantar ese segundo visionado. Aún así los decorados, la fotografía y todo lo visual es tan bello que, aunque le falten tres centavos para el peso, es casi el peso completo.

Excelente película. Olviden cualquier cosa mala que haya dicho de ella, que, aunque sea verdad, es peccata minuta.

Volver, Dir. Pedro Almodóvar, 2006

Hace mucho años tuve un problema con Almodóvar. Sus películas me parecían, simple y llanamente, películas para marujas, dirigidas a señoras mayores que se reunen a tomar café en las tarde. Y de repente vi La Mala Educación y quedé asombrado. Había un director con muchas ideas en todos los campos, y al que se le notaba una verdadera pasión por lo que hacía. Tuve que reconocer mi error. Aún no lo he subsanado revisando las películas que durante tantos años me perdí, pero esperaba con ansias Volver. Y no me defraudó. Un excelente melodrama al que no le interesa seguir una trama lineal, sino simplemente explorar las vidas de unas señoras, sobre todo la de Penélope Cruz, y que sólo se puede resumir en "A Penélope Cruz le pasan muchas cosas", no porque sea enredada, sino porque hay muchos eventos importantes en la cinta.

El kitsch, las mujeres, la ternura, la comedia... Todas las características de su autor están presentes aquí, aunque sin rechinar. Es como si volvieran a la vida esas películas de cine de tarde de los años cincuenta (emitidas ahora en el espacio Cine de Barrio de TVE), sólo que aumentadas y potenciadas en todo lo artístico. Y es extraño cómo uno de los directores de quien más noté ideas prestadas fue Hitchcock, no siendo este un film de suspenso (aunque no carece de él). La música sobre todo, que parece sacada de alguna olvidada partitura de Bernard Herrmann, o los títulos de crédito que parecen diseñados por Saul Bass, son algunos ejemplos de ello.

No tengo mucho más qué decir de ella, aparte de que me emocionó con su sinceridad, me entretuvo y me hizo salir contento de la sala.

Sí, es una película para marujas. Pero qué buena película para marujas.

Entre Besos y Tiros, (Kiss Kiss Bang Bang), Dir. Shane Black, 2005

Algunas películas se deberían proyectar al público general para que aprendiera a usar un poco el cerero. No porque aporten tranmas importantes a sus vidas, sino porque son tan enredadas que hay que usarlo mucho para descifrarlas. O renunciar a ello y sólo dejarse llevar. Eso suele ocurrir con el cine negro, donde la trama de corrupción suele ser tan compleja, que uno a menudo se siente en la piel del protagonista, alienado y sin entender nada, mientras a su alrededor no dejan de aparecer cadáveres.

Shane Black elige para su debut como director una historia en la más clara tradición noir, pero aderezada con unas gotas de postmodernismo. Primero la convierte en un parodia de géneros, pero sin burlarse de ellos, sino homenajeándolos en clave de humor. Luego la convierte en una película autoconsciente, capaz de reflexionar sobre lo que está ocurriendo en su seno y hasta burlarse de sí misma. Y a continuación le añade una verborrea tan astuta que es difícil captar todos sus significados en un solo visionado, escupiendo como una ametralladora diálogos ingeniosos sin parar.

Black escribió los guiones de Arma Mortal y El Último Boy Scout, entre otras, que son en esencia film noirs pasados por el cine de acción de los ochenta (léase buddy movies), y aquí vuelve a llamar todos los clichés imaginables del género. Pero en lugar de quedarse ahí, los usa como maqueta para construir una película única a partir de ellos. Entre Besos y Tiros es realmente una buddy movie neo-noir, plagada de referencias al cine, y con un sarcasmo increíble.

La historia, demasiado complicada para resumirla, implica hijas bastardas, violaciones a menores, pornografía y bajos fondos. Pero Black le añade una serie de eventos tan graciosos a la par que inteligentes (el dedo que se rehúsa a ser cosido a la mano, perdiéndose una y otra vez), que a los que entienden de qué va la peli les parecerán desternillantes. Ese final que hay que ver para creer, en el que Robert Downey Jr. se salva de la manera más implausible de la muerte y acaba con el malo casi de rebote es simplemente magistral y la prueba de la mala leche y la cara dura que el guionista y director consigue insuflar en su historia. Hay por el camino tantos detalles de las que uno se puede pegar para disfrutar que si se entra en el espíritu juguetón de la cinta cada línea de diálogo acaba teniendo una sorpresa agradable.

Lo importante aquí no es tanto la trama (que va a una velocidad tan endiablada que no da tregua al espectador) como el envoltorio, demasiado cool para algunos. Si no tienen un sentido del humor retorcido olvídenlo. Aquí ocurren algunas situaciones negrísimas que podrían ofenderlos. Pero la verdad es que en el panorama del cine de acción de Hollywood, esta es una de las películas con más caracter que se han dirigido en los últimos años.

Una pequeña joya que todo aficionado al género tiene que ver.

Otra de esas actualizaciones masivas

Posted on septiembre 03, 2006 - 2 comentarios -

El par de visitantes regulares que tiene esta página debe haber notado que durante los dos últimos meses la actualización del contenido ha sido nula. No solo ha tenido que ver el hecho de estar ocupado, sino también el que las películas que he visto no han sido particularmente memorables y no me han inspirado a escribir. La lista de reseñas pendientes está creciendo, y para salir de ellas y de paso dar algo de información que actualice el sitio, he decidio reseñar algo de lo que he visto en estos meses. Muchas cosas normales, experimentos fallidos y una que otra cosa bien interesante. Así que sin más preámbulos vamos a la acción.

Empecemos con un asunto peliagudo. Para muchos Match Point (2005) es el regreso de Woody Allen a la forma plena, una obra maestra que hace que se vuelva a creer en él luego de una serie de comedias divertidas pero intrascendentes. Para mí, Match Point fue la alternativa cinematográfica a los somníferos. Es cierto que su director se encuentra en ese punto de maestría en que sabe lo que hace, el punto justo dónde poner la cámara, el toque perfecto para dar a sus actores, pero ese es precisamente el mayor problema: se nota demasiado maduro y seguro, sin correr verdaderos riesgos aún cuando el cambio de registro lo parezca. Los magros 90 minutos de sus anteriores películas han sido reemplazados por dos horas de interminables diálogos que sólo sirven como antesala al, ese sí, portentoso clímax. Lo que más me molesta es que, si bien es cierto que la película no tiene reproche, todo lo que acontece antes del mencionado clímax solo me pareció como la preparación de ese final. Como si estuviera ahí sólo para dar el genial golpe con que termina el partido. Larguísimos diálogos teatrales, bien construidos, claro, pero que no me emocionaron como sí lo podía hacer por ejemplo, Annie Hall. Sí, el tono es radicalmente diferente como para comparar los dos films, pero para mí sólo el final es valioso. Esos momentos sí son auténticamente cinematográficos, usando todos los recursos a su alcance (sonido, montaje...) y no sólo apoyándose en los actores. Me sabe a mal criticar la peli de un verdadero maestro, pero qué quieren que les diga... Me dió sueño salvo por el final.

Alejándonos del cine arte nos adentramos en el cine de género y comentamos una maravilla como el clásico spaghetti western Il Grande Silenzio (1968). Como todo subgénero, el cliché siempre hace memorable la experiencia, pero sólo el cliché bien utilizado y no el archisobado. Para eso vamos a ver las pelis de detectives o las de piratas: por la misoginia del protagonista o los duelos de espada. El Gran Silencio, dirigida con buen pulso por el muy profesional Sergio Corbucci, hace cambios tan radicales a lo esperado como situar la acción en una nevada montaña en lugar de un polvoriento desierto o darle un papel absolutamente contenido al normalmente maníaco Klaus Kinski. Ha uno más, pero con ese les daño la película. Il Gran Silenzio se sustenta en la actuación de Kinski más que en la del protagónico Jean Louis Tringtignant, absolutamente mudo incluso en instantes de tortura física, gracias a que alguien le cortó las cuerdas vocales. A pesar de sonar todo esto como sádico, el film hace gala de un buen gusto normalmente ausente del spaghetti western menos conocido (aunque Leone también se regodeó haciéndole cosas malas a sus protagonistas). Lo que hace sobresalir este film de entre los demás, es su tono profundamente melancólico, tan diferente del acostumbrado cinismo de sus otros congéneres.

Como el video se ha convertido en la verdadera fuente de sorpresas, pues las pantallas cada vez son más parcas en emociones, he tenido que refugiarme en él y redescubrir perlas olvidadas, como To Live and Die in L.A. (1985). Dirigida por William Friedkin, esta película hace gala de una estética ochentera llena de neón y montaje videoclipero en el buen sentido de la palabra. El estilo parece superficialmente como el que aplica Michael Mann en películas como Thief, Colateral o Fuego Contra Fuego, o especialmente en Miami Vice, la serie, usando iluminacion estridente, ritmos cuasi new wave y tiempos muertos que hoy estarían fuera de lugar en las rutinarias producciones de acción. Sin embargo Friedkin no es Mann, y su estilo se revela más plano. No obstante, el guión es enrevesado y se permite divagar sin perderse, jugando además con la moral de los personajes, recordándonos a los protagonistas de FX Efectos Mortales, sólo que estos son policías y sus personalidades se revelan retorcidas desde el principio, no sólo al final. De nuevo el final es inesperado, al igual que ocurre con El Gran Silencio, pero eso permite que al final se opere un proceso de corrupción en el compañero del protagonista, justo al contrario de lo que ocurría en la maravillosa (y también plena de neón) Black Rain de Ridley Scott, donde el honor se restauraba en el protagonista a través del compañero oriental. Sin ser el más maravilloso policial de los ochenta, sí destaca por ser un thriller maduro, alejado de las prototípicas buddy movies (48 horas y demás) y muy recomendable de ver. Sólo con ver el proceso por el cual Willem Dafoe falsifica el dinero vale la pena: montaje y música tremendamente emocionantes en una secuencia donde dramáticamente apenas pasa algo.

Un par de pelis de la cartelera de hace mucho tiempo y que olvidé reseñar son las que a continuación paso por mi ojo crítico.

Por un lado está una de las mejores pelis que he visto este año: V de Venganza (2005). Aunque Alan Moore, el creador del cómic en que se basa el film, se desmarcó del proyecto diciendo que no quería saber más de adaptaciones suyas al cine, y que el guión era pésimo, la verdad es que a mí me pareció una de las apuestas más estimulantes del año. Tomando partido decididamente por una postura política menos conservadora que la imperante en el mundo en estos instantes, con paralelismos muy claros y referentes a la situación mundial en materia de lucha antiterrorista y restrictora de la libertad, el debut de James McTeigue con guión de los hermanos Wachowsky escupe ideas a una velocidad increíble, mientras a la vez es capaz de asociar temas literarios y de cultura popular para entregar como resultado un film caótico pero con gran energía. Algunos momentos del film son tan fuertes que provocan reacciones viscerales, pues uno no alcanza a creer el estado de parálisis y miedo en que viven los personajes por la supuesta amenaza latente de terrorismo... hasta que nos damos cuenta de que así vivimos muchos hoy, no por nada se siguen eligiendo como mandatarios a quienes pueden protegernos de los malos, incluso cediendo toda clase de libertades para darle apoyo. Técnicamente el film es excelente, pero no era de esperar menos: las peleas, pocas pero muy bien coreografiadas, con algún elemento reminiscente de Matrix, aportan el contrapunto emocionante al conjunto de ideas intelectuales que exponen los personajes. El conde de Montecristo, Guy Fawkes y George Bush, son algunos de los personajes que no podemos evitar ver en pantalla, algunos claramente, otros por simple comparación. Pero como idea escalofriante, creo que esta película es uno de los ejemplos de lo poderoso que puede ser el cine como medio de propaganda. Si bien las ideas que presenta son de mi gusto, al ver cómo se usa la emoción para manipular al espectador (nada malo, el cine y el arte en general puede permitirse eso, ya está en la consciencia del artista si lo usa bien o mal) no pude evitar pensar en los films de propaganda nazi y reconocer qué fácilmente podemos caer en la trampa de creer algo si nos lo muestran de manera adecuada. Gran película, gran mensaje, divertida y diferente... V de Venganza es una de las mejores pelis que ha llegado a la cartelera comercial este año.

No puedo decir lo mismo de Nanny McPhee, La Nana Mágica (2005). Me gusta el cine infantil que no apela a la estupidez, sino que se atreve a indagar en rincones oscuros del subconsciente, como todo buen cuento de hadas, para dar emociones fuertes. Eso parecía que iba a ocurrir en esta película, pero todo se queda en lecciones de moralina y situaciones ridículas. No, aquí el lado oscuro no va más allá de la superficie, de algunos instantes políticamente incorrectos o de uno que otro momento acertado. El problema es que cae en el ridículo con facilidad, se queda en mostrar niños traviesos que aprenden la lección y ni siquiera aprovecha los recursos cinematográficos de la mejor manera, limitándose a lo grotesco sin ton ni son. Una oportunidad desaprovechada, pero aún nos queda esperar a que llegue Coraline, basada en el cuento de Neil Gaiman y dirigida por Henry Selick, el mismo de Nightmare Before Christmas, para volver a ver (esperemos) cine infantil de calidad que no subestime a su público.


En los ochenta Hong Kong fue la reina del cine de artes marciales, con una estética imitada mil veces pero jamás igualada. Digan sino lo que hace Jackie Chan ahora en USA, donde las películas son descafeínadas muestras de acción con tramas inverosímiles y absurdas. Bueno, las de Hong Knog también lo eran, pero al menos eran arriesgadas (La Armadura de Dios lo es, pero cómo divierte). Esta clase de cine ya casi ha desaparecido. Al menos el bueno, claro está. Pero de Tailandia nos llega la más firme promesa para alcanzar el estrellato en el subgénero: Toni Jaa. El film, Ong Bak (2003), catalogado como un regreso a la gloriosa década de los ochenta, se queda a medio camino entre las promesas realizadas y las no cumplidas. La historia es bastante penosa, pero eso no importa si hay acción. El problema es que hay algunas persecuiones que salen de cualquier lado y no cuadran, el final se alarga innecesariamente y la historia parece haber sido escrito en dos días. Donde no defrauda es en el area de las peleas. Toni Jaa domina el Muay Thai, brutal arte marcial tailandesa que apenas habíamos visto antes en el mítico Kickboxer de Jean Claude Van Damme y algún subproducto más. La película tiene un gran clímax, pero para todos los aficionados a este cine, aún falta que a Toni Jaa, estrella indiscutible del film, le caiga un buen guionista y un buen director. Ong Bak es mediocre, con detalles excelentes, pero que no alcanza a ir más allá de la caspa simpática. Revive el espíritu de las primeras pelis de Van Damme, como Contacto San griento, pero tal vez ya no somos adolescentes para comer cuento. Donde esté Ching Siu Tung, el mismo de A Chinese Ghost Story, no caben sustitutos todavía.

Por hoy basta. Apenas voy por la mitad de la actualización, pero prometo terminarla en un par de días. Sé que han sido reseñas por encima, pero ha de ser así para aliviar la carga de atrasos y en todo caso no son tan superficiales. Para la próxima les quedo debiendo Silent Hill, Oldboy y más clásicos de videoteca.

Rosario Tijeras

Posted on septiembre 11, 2005 - 0 comentarios -

Rosario Tijeras, (2005), Dir. Emilio Maillé

Adaptación de la novela homónima, en la que una sicaria se enreda en un triángulo amoroso y acaba mal.

Super estreno, publicidad en todos los medios, evento del año... Ya todos lo sabemos, una buena jugada, y la verdad, hasta bueno es que por fin un peli de nuestro país tenga tanta alharaca, a ver si crece la industria (recuerden que la industria nace del billete, no sólo del arte).

¿Pero qué hay detrás de la peli? Está bien hecha, tiene buen sonido y buena imagen... Pero poco más. Es competente técnicamente, pero el mayor problema de la película es un guión que no nos crea lazos con los protagonistas, una historia de amor que nos debería desgarrar y se queda como una simple retahíla de imágenes que no nos seducen del todo narrativamente. Se puede ver y tampoco es que sea molesta, pero no es una experiencia cinematográfica que me haya llenado mucho.

Para llevar a la mamá.

La ciudad del pecado

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Sin City (2005), Dir. Robert Rodríguez, Frank Miller, Quentin Tarantino

Tres historias se entrecruzan en la decadente Basin City, llenas de violencia y pasiones ardientes.

No soy ningún experto del cómic, pero alguna cosilla he leído. Tal vez no tanto como para juzgar adecuadamente el arte y convertirme en un conocedor, pero en todo caso no es esa mi meta. Ya me dedico a ver compulsivamente cine como para gastar más tiempo y dinero en otra cosa. Prefiero repartirlo entre todo tipo de material impreso y la música. De cualquier forma, las cosas que ha hecho Frank Miller, las pocas que he leído, me han parecido bien buenas (excepto ese guión absurdo para Spawn). Sin City fue una de las cosas más bonitas que llegué a tener en mi colección de cómics, y me gustaba porque atrapaba y sintetizaba de manera perfecta todo el mundo del cine y la literatura noir. Diálogos densos y duros como puñetazos, mujeres aparentemente incoentes y realmente fatales, hombres movidos por el destino y las malas decisiones, armas, violencia y sobre todo, pecado.

Saltemos a otro medio. Robert Rodríguez, uno de los directores más entretenidos de la industria Hollywoodense. Personal y atípico dentro de lo que se podría esperar de una industria que corre pocos riesgos. Alguien que ha basado la mayor parte de su carrera en secuelas de sus mismos éxitos, eso sí, casi todas con competencia y calidad. Amiguito de Tarantino, y hermano suyo en estilo, aunque, obviamente, con diferencias particulares. Decide hacer Sin City para el cine, y para ello, se embarca en la empresa junto a Frank Miller y toda su empresa de producción para llevar lo más fidedignamente las viñetas a la pantalla.

De Sin City, la película, se ha dicho que es la más fiel adaptacón de un cómic. ¿Es eso cierto? Primero que todo, no he visto todas las adaptaciones de comics, pero podría decirse que sí. Ahora, ¿por qué se está diciendo esto? ¿Porque las viñetas prácticamente cobran vida en su misma forma ante los ojos del espectador, a 24 fotogramas por segundo? No, eso es absurdo. Cómic y cine son dos medios diferentes, y por tanto dos formas distintas de abordar una narración. Los que plantean esa afirmación, tal vez estarían satisfechos si se le tomaran fotos al cómic impreso y se proyectaran en una pantalla, pero adaptar una obra implica eso mismo: adaptar. Sin City es una adaptación exitosa, precisamente porque se impregna del espíritu de la obra a la perfección, no porque se haya usado el dibujo como storyboard, y los planos sean calcados a los del papel.

Pero dejemos a un lado las polémicas absurdas y los conceptos errados, y vayamos al quid del asunto: ¿es buena o no?

Sin City, a pesar de contar con unos magros 125 minutos (magros porque hasta Hulk se atrevió a usar más de dos horas y media) es una película agotadora. Sus tres historias son pesadas y algunas veces hasta algo lentas. Pero eso no impide que, habiendo cambiado nuestro modo de pensamiento un poquito, y no exigiéndole a la historia lo que queremos sino lo que ella nos da, la disfrutemos plenamente. A ver, expliquemos este punto: Sin City transcurre en un mundo irreal, otra dimensión. Sus personajes son clichés absolutos. Sus diálogos son risibles y estereotipados. Pero hay que saber que cuando uno va a ver cine negro, está jugando según ciertas reglas. El cine negro se caracteriza por recrear situaciones y personajes que y hemos visto, y es por esto que nos atrae. Y la película triunfa porque usa todos los clichés y se permite jugar con ellos. La narración en off, en ese tono extremadamente cool, se contagia, y en lugar de tener una serie de eventos en los que la acción tiene picos y valles, se convierte más en una línea plana, con momentos de ultraviolencia que nos sacuden. El disfrute proviene de saber cómo se comportan estos personajes, algo bastante previsible, y ver confirmadas nuestras sospechas, pero a la vez sorprendernos por los giros inesperados. Música, imágenes y diálogos se combinan creando una nube narcótica, densa y lenta, pero que una vez nos atrapa, si dejamos que nos envuelva, no nos deja escapar.

El mundo de Miller, con sus nazis, psicótapas, mujeres letales, hombres sin esperanza y violencia desquiciada y enfermiza (hacía rato no veía tanta gente salirse impactada a mitad del metraje, habiendo pagado una entrada. Cuando es gratis es otra cosa) está perfectamente plasmado. Sus personajes secundarios conforman toda una fauna deliciosamente (a)típica y retorcida. Y al final, Sin City se convierte en una de las películas más salvajemente bellas de los últimos tiempos, cien por ciento pulp descarnado y posmoderno, a un paso de la parodia y el homenaje, pero sin caer en el error fundamental de otras obras que usan ese recurso: sobrepasar el equilibrio entre la burla y la reverencia. Es mucho más que un espéctaculo puramente visual, y el que no lo reconozca que se vaya a freír espárragos.

Para todo aficionado a la estética de la violencia y para quien quiera arriesgarse con una obra valiente e intempestiva en todo sentido, incluido el artístico.

¡Más noir!

Posted on abril 07, 2005 - 0 comentarios -

Mildred Pierce (1945) Dir. Michael Curtiz Act. Joan Crawford, Jack Carson

¡Más melodramas! Este es un melodrama noir protagonizado por Joan Crawford y que cuenta en flashback cómo una madre lo da todo por su hija malcriada. Contiene uno de los mejores principios que he visto: un plano de una casa en la costa, pasamos dentro de la casa y... ¡tres disparos y un hombre muere! En menos de un minuto ya estamos enganchados a descubrir el misterio. Como todo film noir la fotografía es espléndida, y por supuesto siempre estamos pendientes de la evolución de la familia y sus vicisitudes, hasta presenciar como una aparentemente inocente niña se convierte en una criatura con pocos escrúpulos. Pero... ¿quién mato al fulano del principio? ¿Habrá sido ella? ¿O su madre?

Pra disfrutar de un clásico de los '40

Kiss me deadly (1955) Dir. Robert Aldrich Act. Ralp Meeker, Albert Dekker

Otro clásico más de la era de los noir, cuando práticamente todo lo que se hacía dentro del género era al menos una obra competente. Pero para mí esta peli fue una pequeña decepción. Sí, todos los elementos están ahí, pero me molestan las pelis en las que casi todo se cuenta a partir de los diálogos y en esta ocurre así. Vemos como Mike Hammer interroga a un tipo, y este le dice que vaya y hable con fulano. Y cuando habla con fulano, le dicen que hable con perano, y así nos pasamos casi todo el metraje viendo como va de un lado a otro... solo para ir de ese lado a otro más. Lo que sí me encantó fue la famosa caja misteriosa, que obviamente inspiró al maletín que sale en Pulp Fiction. Cuando Mike Hammer la abre, un haz de luz le quema la mano. Pero cuando en el pirotécnico final la mujer codiciosa no pueda resistir la tentación de ver el contenido... bueno, ¡ya se lo imaginarán!

Para ver un noir con tintes de scifi

Dos noirs

Posted on abril 06, 2005 - 0 comentarios -

Guncrazy (1949) Dir. Joseph H. Lewis Act. Peggy Cummins, John Dall

Algunos dicen de esta película que es la mejor película de serie B. No puedo decir lo mismo, no porque no lo merezca sino porque esos calificativos suelen ser bastante subjetivos, pero para mí es un excelente thriller de serie B. La historia es la misma que luego permeó a multitud de películas como Badlands, True Romance o, por supuestísimo, Bonnie and Clyde. Así que no hay mucho qué contar, solo es la historia de una pareja, robos, botines, armas y un amor que los lleva a la perdición.

Un pequeño clásico del cine negro, muy entretenido, pero que a estas alturas de la vida ya se ha visto. En todo caso se disfruta por su dimensión mítica.

Para ver de donde salieron tantos amantes con afición por el gatillo y el dinero.


Murder, my sweet (1944) Dir. Edward Dmytryk Act. Dick Powell, Claire Trevor

¡Esto es una maravilla de principio a fin! ¿Cómo no deleitarse con esos deliciosos diálogos repletos de cinismo, los clichés del cine negro bien utilizados y por supuesto una trama enrevesada que siempre te tiene rascándote la cabeza para entenderla? Sencillamente es la historia del detective Philip Marlowe tratando de mantener a salvo su pellejo mientras descubre qué rayos pasó con un collar de jade robado y con toda la gente que no deja de aparecer para incordiarlo.

Basada en una historia de Raymond Chandler, Murder my sweet es un noir en toda su regla. Todo funciona como un mecanismo de precisión para darnos una obra que deleita desde el primer minuto de metraje, porque incluso siendo una peli de los 40 no se detiene a dar trasfondo de personajes, sino que comienza desde la primera imagen a contar de qué trata y no se detiene nunca en detalles superfluos. Cada personaje que aparece, incluso por casualidad, es una ficha del juego.

Para disfrutar hipnotizado con un estilo de los de antes.