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Dementia/Daughter of Horror, Dir. John Parker, 1955

Posted on octubre 17, 2009 - 2 comentarios -

No deja de sorprenderme cómo el arte puede encontrarse en los sitios más recónditos del cine. Por ejemplo, una película como Carnival of Souls no puede ser clasificada simplemente como una película de serie B. Lo es, y a mucha honra, pero es más que eso. Sus aspiraciones parecen ir encaminadas hacia más que el entretenimiento, llevándonos a un deleite estético al crear un ambiente perturbador, fiel reflejo del estado onírico. No por nada es una película de culto entre directores de culto, y no hablo de directores medio casposos, sino de grandes como Lynch.

No es casualidad que haya citado Carnival of Souls para hablar de Dementia/Daughter of Horror, porque es lo más cercano en aspiraciones y resultados que he visto. Es más, hasta podría superar a Carnival of Souls en ambiciones, al convertirse en la encarnación artística de una visión psicoanalítica (afortunadamente el director sabe que esto es una película, no un tratado). Hay que aclarar, primero que todo, por qué la película tiene dos nombres. El primero, Dementia, es el original con el que la película salió al mercado. Sin embargo, al encontrarse con una pobre recepción y un enfrentamiento de la censura, se le cortaron algunos minutos, se le añadió una narración y se le cambió el nombre por el más exploitation Daughter of Horror. Y como detalle curioso, hay que decir que la película es la que se está proyectando en el cine que Steve McQueen acaba salvando de una baba rosada comegente en The Blob.

Vamos al quid del asunto. Dementia es un extraño experimento narrativo en forma de película de serie B. Las características del cine de bajo presupuesto están ahí presentes: decorados baratos, actuaciones un poco desencajadas por momentos, un halo de poco dinero... Pero esto no hace sino aumentar el impacto que puede tener en el público que la ve. Porque uno esperaría una película de terror, o al menos de suspenso, pero se encuentra con... bueno, sí, una película de arte y ensayo. Empecemos por decir que, aparte de la narración en la versión cortada, la película no contiene una sola linea de diálogo. Su cortita hora de metraje es contada a partir de imágenes y montaje (un verdadero logro dar toda la información sin usar las palabras). El hecho de haber sido contada sin diálogos (recordemos que Carnival of Souls hacía lo mismo en las secuencias de alucinaciones de la protagonista) aumenta esa sensación de estar metidos en un sueño, en donde todo se nos cuenta a través de símbolos. La narración añadida a la segunda versión estorba por momentos, sin embargo no alcanza a arruinar del todo lo que se quiere comunicar. Lo que nos cuenta Dementia es un sueño, o quizá, el descenso a los infiernos de una persona demente. Porque el ambiente en el que se nos sumerge va más allá de la mera recreación onírica, y se convierte en una pesadilla. Una pesadilla que la protagonista no experimenta, sino que vive, sin la certeza de diferenciar si ocurrió o no, con las fronteras de la razón borradas por una enfermedad nunca mencionada. Y es por esto que la película se hace más aterradora, porque es un terror real, alejado de cualquier némesis que haya que derrotar, por el simple hecho de que el enemigo está dentro de uno mismo: es su propia mente.

La película podrá exudar una leve cutrez por momentos, pero lo cierto es que está muy bien hecha, sabiendo que nos encontramos en los parámetros de la serie B más pura. Es por ello que sorprende que el director haya aspirado a más que a mostrar monstruos o escándalos, y haya optado por un enfoque mucho más artístico. Es una lástima que, al igual que Herk Harvey, el director de Carnival of Souls, no podamos contar con más películas para apreciar lo que hubiera podido ser un director más que interesante. Supongo que es el precio que se paga por la inmortalidad.

Forbidden Zone, Dir. Richard Elfman, 1980

Posted on julio 04, 2007 - 0 comentarios -

Hay películas de culto y películas de culto. Forbidden Zone es un desmelene que sólo puedo comparar con The Rocky Horror Picture Show, en el sentido de que es algo muy underground, que no se toma en serio a sí mismo y que sólo puede entenderse en el contexto del cine de medianoche. Es decir, una peli para chiflados.

La película, opera prima de Richard Elfman, narra la descabellada historia de una familia que se muda a una casa con un portal a la Zona Prohibida. Uno a uno irán cayendo allí, con diferentes suertes, pero todas bastante alucinantes. Y lo que sigue es una especie de dibujo animado de los años veinte, pero en imagen real y muy políticamente incorrecto, con mucho topless, ninfómanas, enanos, números musicales realmente delirantes y otras lindezas que hay que ver para creer.

Danny Elfman hace aparición por allí, con sus Caballeros Místicos de Oingo Boingo, interpretando a un diablo lujurioso y de poco fiar, recordándonos lo que sería más tarde ese submundo de los muertos en Corpse Bride, o más precisamente la guarida de Oogie Boogie en Nightmare Before Christmas: Blues y jazz dicharachero e infernalmente divertido.

Rodada en blanco y negro, con un ínfimo presupuesto, la película en lugar de hacer de lo cutre una bandera, se erige como un ejemplo de lo que la creatividad es capaz de hacer en circunstancias precarias. Los escenarios que parecen dioramas, los dibujos animados undergound, los maquillajes bizarros... En fin, con una elevadísima dosis de mala leche y una especie de surrealismo muy grosero, Forbidden Zone es una rareza no apta para todo público, pero que si por casualidad se acerca a tus gustos te hará disfrutar de lo lindo con sus excesos. Un poco repetitiva por momentos, en todo caso alcanza instantes tan brillantemente absurdos que uno no la puede olvidar fácilmente. Definitivamente una pieza clave del cine de culto que no se puede dejar de ver.