Entre Tinieblas, Dir. Pedro Almodóvar, 1983

Posted on diciembre 16, 2009 - 4 comentarios -

La mayor parte del público conoce a Almodóvar por sus melodramas pseudo-marujiles de gran calidad, pero lo cierto es que su pasado, aunque relacionado con esto, también está anclado en la movida madrileña, y sus primeras películas son el equivalente al punk: crudas pero efectivas, y muy demoledoras. Entre Tinieblas, su tercera película, denota ya una inclinación por el melodrama que más adelante lo caracterizaría. Esta historia de monjas un pelín perversas, es como una versión trash del cine de Douglas Sirk. Una cantante de cabaret se esconde en un convento después de que su novio muera de una sobredosis y ella tema que la policía la relacione con ello. Las monjas del convento, pecadoras en proceso de redención, y tienen nombres tan poco comunes como Sor Rata de Callejón, Sor Estiércol o Sor Víbora. Una es adicta a la heroína, otra al LSD, la otra es una escritora de novelas sensacionalistas, otra tiene un tigre por mascota. Hay una subtrama de una viuda millonaria cuya hija fue devorada por caníbales en Africa. Y para acabara de ajustar, la superiora se enamorará de la cantante que busca protección. Un amor enfermizo y prohibido que, como en todo melodrama, traerá mucho dolor.

Almodóvar no logra cuajar adecuadamente en el film los dos polos entre los que navega: el melodrama clásico y la punkeridad. Si bien comenzamos con ciertos toques de humor corrosivo, se notan las vetas en medio de los segmentos más clásicos. No es que la combinación sea mala, sino que de alguna forma, no se logra unir bien la seriedad y el dolor, con el humor y la desfachatez. A pesar de esto, si logra uno distanciarse de ello y acepta que el acto de equilibrismo no es del todo exitoso, se podrá pasar un buen rato, porque en el fondo esto es una película de esas que pasaban en televisión por la tarde, ridículamente trágica y no precisamente profunda, una especie de Corín Tellado sórdido y cuasi travesti, que hace reír por lo desvergonzada y extravagante. Eso sí, rodada con clase, así sea una clase de principiante, porque Almodóvar ya comenzaba a mostrar sus dotes para las bellas composiciones cinematográficas y las puestas en escena típicas del melodrama, un poco crudas todavía, y que no quedan del todo bien por un trabajo de cámara a veces tembloroso, pero que ya dejan atisbar un cineasta con ambiciones. Y por supuesto, su particular sentido musical está presente: los boleros nunca han dolido tanto como en sus películas.

Definitivamente quiero ver más de este Almodóvar temprano, que en esos tiempos pudiera haberse definido como un John Waters castizo, otro director con predilección por el melodrama, por el mismo Sirk, precisamente. A pesar de no ser una película redonda, es refrescante ver la incorrección política que en este país nadie ha sido capaz de plasmar en pantalla. A ver quién se anima a incomodar a las viejas de camándula y a los relamidos políticos que se creen papás de todos nosotros, y en definitiva, a destruirlo todo desde la pantalla. Bastante falta nos hace.

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  1. Diegogue says:

    coincido contigo en la falta de redondez que achacas a estas primeras películas almodovarianas (que en cambio eran muy punkeras y repletas de frescura)

  2. Dr. Calamar says:

    Yo ando descubriendo esa etapa, y en general Almodóvar. Yo decía que no me gustaba pero La Mala Educación me encantó. Y ahora viendo las primeras sí pienso lo locas que eran. Luego se puso a hacer películas para marujas, pero igual las hace bastante bien.

    También decía que no soportaba a Lars Von Trier y ya ves, ahí estoy a punto de ver Antichrist. Me sentí hasta culpable cuando me gustó Dogville.

  3. Miriam Becker

    Hola! ¿Cual es el email de contacto dEl cine del Dr. Calamar? Saludos,

    Miriam.
    mimi.becker [at] hotmail [dot] com

  4. David C. says:

    Tenso filme.